El buche secreto

“El mundo tiene mal aliento
y mancha la unidad profunda
de lo doble. En el buche secreto
de un jilguero vive lo que vendrá”
Juan Gelman, “Poema XXI” de Hoy.

La desconfianza en unx mismx y en la propia intuición nos está derrotando. Ya derrotó, probablemente, a quienes no entonaron con el epígrafe o la primera oración. No es falta o exceso de racionalidad, sino creer en lo errado. Confiar en modo autómata en las personas, los mensajes, los horizontes que falsean nuestro crecimiento verdadero. Es como seguir el billete para comprar una zanahoria en vez de seguir a la zanahoria misma.

Nos perdimos masivamente. Y estamos, algunxs, tratando de reencontrar(nos). Quizás atrás haya cristales rotos que puedan servirnos para caminar hacia donde apunta el pecho: íconos y experiencias del arte, de la anarquía, del socialismo más revolucionario, de las distintas olas feministas, personajes comunes también, de esos que dejaron marquitas pequeñas pero imprescindibles y que trascienden en los relatos cotidianos; curiosxs fundadorxs de las dudas más reveladoras.

Nos perdimos y debemos abandonar el ombligo y la angustia para girar nuestra cabeza en constante rastreo de brújulas. Cuando percibimos que todo está dicho o que “siempre será así”, nos están poniendo la traba, las responsables son la insatisfacción o la ceguera; andamos con ganas de llorar, con dolores en el centro del cuerpo, haciendo zapping de redes sociales sin retener más que medio meme, con insomnio y, como rey de todo el mal: con la sensación de que se nos escurre la vida, la propia vida. O la ceguera, decía: haciendo de los días un camino al éxito sin preguntarnos qué corno es el éxito, consumiendo como bestias paquetes rellenos de veneno sin preguntarnos qué, cómo, ni por qué. En la ceguera también sentimos el daño, en épocas de crisis económica, porque vemos la cruda y constante injusticia de producir para otrxs a costa de unx mismx, en la patraña de la ganancia, del “poder adquisitivo”, de la “clase social”, de los sueños deformes que cuestan guita y si no tenés, bueno, fíjate, cambiá de sueño.

Necesitamos tomar más vino en comunidad y menos pastillas, menos televisión, menos comentarios como cárceles en soledad. Necesitamos encontrarnos con nuestro silencio y nuestros amores, para no sucumbir a las órdenes de poderes invisibles. Somos tan sociales que preferimos reproducir las mentiras, negando la intuición de que lo son o afirmando que es el único modo de subsistir, sólo para sentir algún tipo de pertenencia. Sin embargo, será leyendo, callando, observando la naturaleza, captando las pulsiones del arte y de las personas que, a riesgo de parecer locas o imbéciles, se juegan todas las fichas para arriesgar en el campo desconocido (el interior y el exterior), que podremos empezar a oír los cantos que llaman. Claro, también organizando todo el pavor y las ideas colectivamente. O nada.

En esta Argentina de miseria y degradación, donde el poderío se pasea obsceno frente a pibxs que no comen, xadres que se deprimen y tensiones que erupcionan, podemos hundirnos hasta el fondo de los fondos. Quienes estaban al filo de caer del sistema, cayeron y queremos a lxs responsables con sus conciencias ardiendo. Quienes aún hacemos malabares con las fechas y los salarios, con los emprendimientos autogestivos y la falta de trabajo, podemos aprovechar este momento de ajustes forzosos para salir radicalmente de la estupidez.

Podemos continuar con el paradigma de trabajo y de consumo que heredamos de xadres y abuelxs o dejarnos de joder con el sacrificio irreflexivo o la comodidad millenial y tomar revancha contra la autodestrucción y la devastación del entorno. No es new age reciclar, ni comer alimentos de verdad, es la única manera de sobrevivir de ahora en más. No es de lunáticxs encontrarse y organizarse para abatir a los egos malditos, es también ésa una cuestión de supervivencia. En el corto plazo, para dejar de deprimirnos e infartarnos. A largo plazo, para que la especie humana conserve su belleza y desestime, de una vez por todas, su asquerosa soberbia.

El cambio de paradigma supone, creo desde mi mayor intuición que ya es convicción, que lo bueno debe socializarse, democratizarse, así como lo dañino e impuesto por los dueños de nuestra libertad, cuerpos y tiempo debe ser puesto contra el paredón. Aprendemos pasando la posta, compartiendo los saberes y las experiencias; así nos vamos alentando. Si me deprime no poder comprar la primera marca, quizás pase a la segunda con pena, pero quizás pueda salirme de esa góndola traumatizante y carroñera e irme a buscar otro alimento más real; al menos intentarlo. El Estado tal como existe –porque quizás pueda transformarse o no- no nos educó para entender porque es un aliado de las corporaciones, le sirvan para esto o aquello. Pero nosotrxs somos víctimas, ¡¿qué estamos esperando?! Si trabajamos para luego mirar con los ojos entrecerrados una serie al final de un día insoportable, o si desplazamos la caminata bajo el sol al domingo únicamente, si nos agarra ansiedad por no poder comprar el celular, el auto o lo que sea que titile publicitariamente, si nos peleamos con nuestrxs hijxs o nuestrx compañerx porque el laburo nos estresa, si juzgamos a lxs demás porque no nos animamos ni a verbalizar nuestras fantasías o nuestros pesares, bueno, estamos perdiendo la batalla. Es todo lo que nos enseñaron, pero debemos hacer pis sobre eso y arrancar de nuevo.

Yo no quiero correr detrás de nada. De hacerlo, me perdería más de lo que aún obvio por el temor a fracasar en los términos que me enseñaron. Cuesta cada fibra de nuestra carne afrontar las mentiras sistemáticas con que nos esclavizan y aceptamos, porque eso significaría desarmarse un poco cada vez. Poder vislumbrar los posibles caminos para decir, amar, comer, dormir, disfrutar, crear por fuera de las imposiciones cuesta y cuesta más, porque no cesa la proliferación de discursos que tanto multiplican como entorpecen, porque cada vez nos encontramos más invadidxs y cansadxs y porque seguimos sin confiar en nuestra intuición; por clausura a la (auto) observación; por miedo a dejar de repetir y entonces, hallar; porque nos tienen amenazadxs y ni de eso solemos darnos cuenta cabal.

La batalla cultural es distinta a la imaginada en años anteriores. Se nos están agujereando los tímpanos: o empezamos a pensar paralelamente, mientras salvamos a la mayor parte del horror como se pueda, o nos quedamos esperando que el capitalismo tense los hilos de las marionetas hasta ahorcarlas y quemarlas cuando termine cada show, como siempre hace. No se trata de la palabra, o del hambre, o del sometimiento de las mentes o los cuerpos; se trata de todo eso en conjunto: quizás dejar de resignar(nos), de barrer debajo de la alfombra nuestras miserias o nuestra cobardía, que puede ser comodidad, hartazgo o frágil conciencia, colabore para boicotear a las megacorporaciones de la dominación y a sus aliados. Dejemos de comprar sus espejos de colores. Si no, seguiremos abultando su vileza y deprimiendo nuestra existencia de súbditxs. Todos los caminos nos llevan al mismo lugar: o nos rebelamos integralmente o contamos las horas.

Texto: Pamela Neme Scheij. Integrante del equipo coordinador de El Tresdé, licenciada y profesora de Letras, docente, poeta, madre, compañera y feminista.

Ilustración “Desborda amor fuega”: Carla Álvarez. Profesora de artes visuales, artista y mamá. Acompaña niñxs-adolescentes en aulas y espacios de taller -Taller Crisantemo-. Sus imágenes surgen como la necesidad de un grito propio y colectivo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: