La crisis en su espejo

Que la crisis económica no da tregua es evidente, pero los datos difundidos por el INDEC durante la semana pasada, sumados a la intervención pública del gobierno sobre el accionar del poder judicial, llamaron al orden a las diferentes propuestas políticas que nos acompañarán de aquí hasta octubre. Sin embargo, esta situación no siempre tiene un correlato directo en términos políticos, sino que refleja como si de un espejo se tratase: las crisis no determinan ganadorxs y perdedorxs, sino hasta que se resuelven políticamente y, la mayoría de las veces, quien pierde es el pueblo. Entender este juego de espejos es de vital importancia para no terminar creyendo que las contiendas políticas-electorales van por un camino aparte de la vida cotidiana de las personas.

Diario de una crisis económica…

No existe variable económica concreta que dé un resultado positivo. Ni siquiera la inyección económica en áreas de la obra pública pudo parar el deterioro de la producción. Al analizar los datos oficiales del INDEC sobre el Índice de Producción Industrial Manufacturero, la caída fue del 8,5% interanual, siendo las áreas más resentidas aquellas que implican mayores niveles técnicos (exceptuando la refinación de petróleo). Esto obviamente se traduce en contracción de la producción y en despidos que se hacen, justamente, sobre los trabajos de mejor calidad y valor técnico.

Hablamos de pérdida de trabajos en un contexto de inflación acentuada y de caída del valor real del salario, por lo que su efecto directo es el crecimiento interanual de la pobreza que ya llega al 32% (entre los que se cuenta un 6,7% de indigentes). En su división por edades, el análisis muestra su peor cara: un total del 46,8% de personas por debajo de los 14 años son pobres y considerablemente, un 10,9% son directamente indigentes. O sea, que casi 1 de cada 2 niñxs es pobre y 1 de cada 10 es indigente. El análisis, si bien expresa en su apartado metodológico las mediciones según sexo (sólo en términos masculino o femenino), no da ningún dato sobre la variación de los indicadores de pobreza e indigencia según género.

Un dato más, quizás con menos repercusión mediática durante la semana pasada, es que el promedio de ingresos de estos sectores marcan una brecha de la línea pobreza o de indigencia de más del 38% en ambos casos. Por lo que la masa de pobres e indigentes de nuestro país están bien lejos de revertir esa situación.

El presidente que prometió “pobreza cero” y que nos pidió que midamos su éxito en base a la mejora de estos indicadores, no puede hacerse cargo de este resultado. Por eso, recurre a la culpa histórica, primero de “la pesada herencia”, luego de los “70 años de peronismo” y ahora, la nueva versión dada por el Jefe de gabinete Marcos Peña durante la semana pasada: para él no se trata de un fracaso económico del modelo de Cambiemos, sino que momentáneamente no pudieron con el desafío de “superar la historia de fracaso” del país. Así se agrega una nueva dimensión a la lógica meritocrática: ya no sólo se es pobre porque se quiere, sino que el país fracasa como proyecto porque quiere y a pesar de los “beneficios” de la receta neoliberal.

…y política

Uno de los caballitos de batalla de la política macrista fue la propuesta cultural encerrada en el título “cambiemos”. Tampoco era una idea novedosa, aunque pudo mostrarse lo suficientemente convincente para que una mayoría se volcara a ella en 2015. Había que “refundar” la república, dejar atrás los vicios dictatoriales del populismo para abrazar una nueva era de respeto a las instituciones y honestidad. Todo esto apoyado con un blindaje mediático inusitado que permitió dar una imagen de proyecto sólido para el país.

Lo primero en relativizarse (apenas asumió Macri) fue la “honestidad”. Desde los ministros con clara incompatibilidad de intereses para ejercer cargos públicos, pasando por los Panamá Papers y las off-shores, los blanqueos a familiares del gobierno, hasta los ministros que sacaban beneficios directos de sus posiciones políticas. No olvidemos que el macrismo llegó a decir que tener dinero en cuentas no declaradas al fisco no es “ilegal” y es que lo que es ilegal es su efecto directo, o sea, la evasión impositiva.

El “respeto a las instituciones” también fue más discursivo que práctico, aunque en este caso el apoyo del “partido judicial” a Cambiemos y la institucionalización de la persecución política contra opositorxs ayudó a que este acoplamiento sea casi sin tensiones. Estas últimas semanas, el gobierno denunció al juez federal Ramos Padilla, encargado de llevar adelante la causa por la red de espionaje ilegal y extorsiones en la que figura el fiscal Carlos Stornelli (encargado de la causa de las fotocopias de los cuadernos contra Cristina Fernández de Kirchner). También, se posicionó contra la prohibición de fumigar cerca de escuelas del Supremo Tribunal de Justicia de Entre Ríos, a cuyxs funcionarixs el presidente tachó de “irresponsables”. Al parecer, el respeto no fue nunca a las instituciones, sino a la connivencia que éstas tienen con la política del macrismo.

Presionado por propixs y ajenxs, Cambiemos tuvo una semana de reordenamiento interno y de marcadas de cancha entre funcionarixs. Las internas radicales que avanzan en el país, el llamado a Vidal a competir por la reelección en Buenos Aires y la necesidad de confirmar a Macri como “único candidato”, hablan de una situación de debilidad, pero que no debe ser considerada como terminal por la oposición.

Sentarse a esperar o preparar la contienda

En este marco, muchas de las fuerzas políticas, sindicales y sociales comenzaron a generar movimientos en sus planteos de oposición al proyecto del gobierno. Incluso aquellas opciones partidarias que no eran antagonistas (por ser más adversas al kirchnerismo que al neoliberalismo macrista), ahora se ubican en la vereda de enfrente.

A nivel sindical, la CGT llamó a una marcha sin paro que, a pesar de ser masiva y contundente en números, nuevamente tuvo gusto a poco y sirvió, sobre todo, para que se madure el pedido de un paro general por parte de los sectores de trabajadorxs que más se han opuesto al actual modelo económico. Al parecer, la perdida efectiva de puestos laborales y la caída general del salario no es suficiente para sacar del limbo a la cúpula dirigente de la central obrera.

Las propuestas políticas de la mal llamada “oposición racional”, como Massa o Lavagna, salen a la cancha a ofrecer una salida de la crisis conducida por “expertos”. No logran generar un marco de acuerdos ni siquiera entre ellxs mismxs, por lo que este espacio mantiene la imagen de debilidad que tenía en 2017 y sólo resulta más tentadora para aquellxs que escapan del macrismo en su peor momento, pero que hacen del antikirchnerismo su principal elemento de identidad. Resulta una opción con poco marco de crecimiento a menos que suceda una debacle total del gobierno. Su postura en contra de Cristina, que para muchxs señala una oposición que llegará divida a estas elecciones, en verdad sólo resalta lo que ya se veía: quienes van por la no tan “ancha avenida del medio” están siempre más recostados por el carril de la derecha.

Por otro lado, el polo de fuerzas que fueron sistemáticamente opositoras se ve más sólido e incluso en crecimiento. Estas fuerzas políticas, sociales, sindicales se encuentran entretejiéndose para lograr propuestas más o menos masivas, y en la mayoría de los casos recaen en una necesidad: Cristina debe asumir el papel central para garantizar una unidad con dirección política en favor del pueblo. Por su marcada oposición durante los últimos cuatro años, este sector tiene menos necesidad de asumir una nueva identidad en este año electoral pero, a diferencia de su liderazgo, aún no están definidos sus límites y deben superar algunos problemas de lectura.

Muchxs mantienen la lectura de que la crisis económica y política actual es garantía de un “cambio mecánico” en el modelo. Lo que nos demostró el 2015 es que el electorado usa mucho más la cabeza que el bolsillo para elegir su voto y, en todo caso, usa “lo que se piensa que tiene en el bolsillo y cómo aumentarlo”. Así es que se da este juego de espejos donde lo central no es la crisis, sino la explicación de la misma. La actitud pasiva de esperar el voto castigo parece ser resultado de olvidarse de que en el pasado la solución casi nunca fue la retribución a los sectores más castigados (físicamente por la represión, económicamente por la pobreza y el desempleo, y socialmente por la marginación), sino la ganancia de sectores poderosos que quitan del medio a los anteriores. Como en el 2001, la respuesta puede ser capitalizada por un Duhalde o, como en Brasil, por un Bolsonaro, y es el trabajo de los diferentes sectores sociales y políticos evitar esto.

El pueblo vive en carne propia la crisis, por lo que no se trata tanto de describir el problema, sino de explicar cuál es el camino para solucionarlo. Volver el problema actual en el bienestar futuro, proyectar un porvenir mejor por medio de la acción política e involucrar a cada persona en esa tarea. Por más que parezca contradictorio, el sector que mejor y más desarrollado tiene este aspecto es el propio Cambiemos: más o menos convincente, a estas alturas, el macrismo tiene un conjunto de ideas que explican la situación actual y le dice al electorado que está presente en sus acciones. Ésa es su principal fuerza para proponerse como salvadorxs del malestar que ellxs mismxs ocasionaron y es la oposición la que tiene la urgencia de avanzar en esa tarea.

Texto: Pablo Diz. Laburante y militante político de la Plataforma por una Nueva Mayoría en el Frente Patria Grande.

Imagen: tomada de Diario Crónica.

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