Una justicia social feminista

Hace unos días ocurrió nuestro esperado 8M: el cuarto Paro Plurinacional e Internacional Feminista. Esperamos tan ansioses estos momentos porque entre el brillo verde y violeta, los colores de la diversidad, las canciones y las mil emociones, nos sabemos capaces de expresar nuestros reclamos, creatividad, deseos y compromiso con el presente y futuro que soñamos.

Tenemos mucho por hacer aún. Porque en este contexto socioeconómico excluyente, perverso y machista nos toca pelear todos los días contra innumerables injusticias. Seguimos denunciando abusos y violaciones, nos siguen matando, negando la Educación Sexual Integral y la Interrupción Legal del Embarazo. Nos encontramos más vulnerables, porque cada día nos quitan el derecho a la educación, a la salud, a la vivienda y al trabajo digno. Y las mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries sabemos muy bien lo que todo eso significa.

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Vivimos esas injusticias y las desigualdades en cuerpo y alma. Por eso, hace ya tiempo decidimos hermanarnos y acompañarnos para ir bastante más allá, hacernos escuchar e imponernos con toda nuestra fuerza. Lo demuestran los logros alcanzados (que son enormes) entre el primer NI UNA MENOS y el SERÁ LEY del año pasado, en el marco del debate por la legalización del aborto. Del 2015 al 2018 generamos un período de transformaciones sociales inesperadas bajo un gobierno neoliberal como el de Cambiemos. Establecimos pisos de debate, nuevos imaginarios y nuevas prácticas que, si bien debemos sostener y profundizar, nos hacen ver lo indispensable que es nuestro movimiento y el lugar protagónico que tenemos que ocupar en la disputa contra la opresión a las mayorías.

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2019: el año del feminismo

Por todo lo logrado decimos que el feminismo no es sólo un sector de nuestra sociedad, no es un grupo específico que representa intereses corporativos. No es una moda que “adquirimos” con el propósito de pertenecer en sí mismo o para salvarnos sólo quienes tenemos determinados accesos o recursos. Ninguna moda ni sector social en los últimos años ha podido abarcar tantos espacios de manera integral y transversal, intergeneracional y con planteos políticos tan profundos. Para nosotras y nosotres, ya no hay imposibles. Porque durante el año pasado llegamos a poner en evidencia a los dinosaurios-funcionarios y demostrar la necesidad de transformar radicalmente la política.

Eso quedó explícito en el discurso de Cristina Fernández en el Senado. Desde su rol opositor a este proyecto de gobierno en sus diferentes variantes, sintetizó en una frase las causas del proceso que ella misma vivió y que la llevó a cambiar su posición votando a favor del aborto: “las millones de pibas en la calle”. Como respuesta a ese proceso (dejando en claro que la cosa no es personal, sino colectiva y tiene que ver con garantizar nuestros derechos), reconoció e introdujo al feminismo como característica fundamental de un nuevo proyecto de país.

En el marco del pasado 8M, CFK volvió a reforzar su postura y lo que ella representa, contra quienes prefieren hablar de oportunismos o “techos” políticos. Lo cual no sólo apunta a atacar su figura y liderazgo, sino también a desconocer nuestro movimiento pese a su presencia masiva e importancia innegable. “La profundización del cambio cultural logrado demandará más fuerza y unidad… No lo duden ni un instante”, publicó Cristina en sus redes.

Esta es quizá una de las expresiones más importantes que nos hacen dimensionar el rol que hoy ocupamos en Argentina (y también en el mundo). Frente a un gobierno que nos pretende despolitizades, aislades, resignades, nosotres revitalizamos la política y le dimos un nuevo sentido, decidimos encontrarnos y privilegiar el trabajo colectivo. Además, lo hacemos y seguiremos haciéndolo dando vuelta estructuras y mandatos, mostrando que la política y el deseo son una misma cosa. Y que eso es lo que nos vuelve incansables, poderosas.

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Las feministas logramos avanzar en un momento de la historia sumamente adverso, porque nos apropiamos de una nueva idea de futuro que nunca dudamos en empezar a concretar. Desde el primer NI UNA MENOS no solamente venimos planteando nuestras problemáticas sino también reconstruyendo lazos, comunidad y respuestas que ponen al descubierto las causas de lo que nos sucede.

“No estás sola”, “Yo sí te creo”, son más que expresiones individuales y de apoyo de unas a otras en las redes sociales. Son más que consignas pasajeras. Las masificamos y expandimos porque logramos darnos cuenta y explicar hacia afuera que no somos las culpables de nuestra propia desgracia. Que hay raíces, cimientos, cultura, gobiernos, instituciones, seres humanos que sostienen y reproducen la misoginia y el machismo. Precisamente eso va totalmente en contra de un modelo de Estado y una cultura meritocrática que pretende convencer a millones (de diferentes clases sociales) de que cada une se las tiene que arreglar, porque lo que nos pasa tiene que ver con incapacidades personales. No es casual que en este contexto hayamos generado esta marea, esta Cuarta Ola Feminista llena de valores totalmente opuestos.

Podemos decir orgulloses que venimos haciendo política de otra manera y desde otro lugar. Desde ya, eso no significa que “lo nuevo” surja totalmente de la nada. Nuestras experiencias y herramientas son también fruto de luchas previas. Tenemos la capacidad de conjugarlas e impregnar de ellas todos los espacios (por más “tradicionales” que resulten ser). Impulsamos cambios llevando el pañuelo verde a todas partes, hablando en una asamblea, marchando, acompañando a otras, discutiendo en la mesa familiar, conformado nuevos modos de vincularnos. En definitiva, haciendo carne nuestra búsqueda de una justicia social que para realmente ser tal, tiene que ser feminista.

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Este es el momento de redoblar la apuesta. Vamos a seguir interviniendo con convicción en donde sea, porque después de tantos siglos de opresión y desvalorización, hoy somos sujetas protagonistas. Una parte fundamental para encarar la conquista de un nuevo gobierno popular. Este año debemos transformar el poder en un poder feminista y, por lo tanto, renovar la política en función de los derechos de todes.

Texto: Mariela Di FrancescoReferenta de Mala Junta-Poder Feminista y Nueva Mayoría Tres de febrero. 

Fotografía: Celeste Destéfano. Nació en 1983, en Buenos Aires. Camina junto a la fotografía hace diez años y es en lo documental donde encuentra su idioma. Es madre, feminista, compañera y pretende siempre ser una obrera de la memoria.

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