#3poemas1poeta Humberto Costantini

(Buenos Aires, 1924 – 1987) Cuentista, novelista y poeta. Publicó, entre otros, Un señor alto, rubio, de bigotes (1963), Tres monólogos (1965), Más cuestiones con la vida (1967), Una vieja historia de caminantes (1969), Háblenme de Funes (1971), Los héroes de Trelew (1973), Bandeo (1975) y De dioses, hombrecitos y policías (1979). Esta última novela ganó el Premio Casa de las Américas y fue traducida al inglés, alemán, hebreo y búlgaro. Es autor también de la novela La larga noche de Francisco Sanctis (1984), obra que fue llevada al cine por lxs directores Andrea Testa y Francisco Márquez en 2016. En los años setenta militó en la izquierda revolucionaria (Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo) junto a los escritores Haroldo Conti y Roberto Santoro. En 1976, período en que se instaura la última dictadura argentina, fue obligado a exiliarse en México. En 1983 regresó a Buenos Aires.

 

Che mundo, cosa, gente

Che mundo, cosa, gente,
vida en serio,
no se me rajen, tomen
una sopa conmigo.
Sepan,
yo soy un pecador,
anduve con el diablo,
anduve en contrabando de palabras,
supe fabricar vida hablando solo,
me lo pasé en peleas, cayéndome y matando.
Supe vistear con Dios
(una vez lo paré y le pedí fuego,
casi me mata el bárbaro.
Yo soy un pecador,
pero pagué,
tuve condena y la cumplí carajo.
Por eso mundo, cosa, gente,
vida en serio,
no se me rajen, tomen
una sopa conmigo,
digo,
si no los comprometo.
Tomen algo.

 

Inmortalidad

Ocurre simplemente que me he vuelto inmortal.
Los colectivos me respetan,
se inclinan ante mí,
Me lamen los zapatos como perros falderos.

Ocurre simplemente que no me muero más.
No hay angina que valga,
no hay tifus, ni cornisa, ni guerra, ni espingarda,
ni cáncer, ni cuchillo, ni diluvio,
ni fiebre de Junín, ni vigilantes.
Estoy del otro lado.
Simplemente, estoy del otro lado,
de este lado,
totalmente inmortal.

Ando entre olimpos, dioses, ambrosías,
me río, o estornudo, o digo un chiste
y el tiempo crece, crece como una espuma loca.

Qué bárbaro este asunto
de ser así, inmortal,
festejar nacimiento cada cinco minutos,
ser un millón de pájaros,
una atroz levadura.
Qué escándalo caramba
este enjambre de vida,
esta plaga llamada con mi nombre,
desmedida, creciente,
totalmente inmortal.

Yo tuve, es claro, gripes, miedos,
presupuestos,
jefes idiotas, pesadez de estómago,
nostalgias, soledades,
mala suerte…
pero eso fue hace un siglo,
veinte siglos,
cuando yo era mortal.
Cuando era
tan mortal,
tan boludo y mortal,
que ni siquiera te quería,
date cuenta.


Puntualizo

No que me falten dudas o tristezas,
ni que me encuentre en déficit de penas,
ni que sea pobre en soledad o miedos,
ni que no tenga una vulgar neurosis
donde caerme muerto.
No, nada de eso,
gracias a dios
yo tengo
mi cuentita en el banco del esgunfio
como cualquier mortal.
Sólo ocurre
que las penas son bichos nauseabundos,
la soledad voltea como el tifus,
los rompimientos vienen generalmente
con gritos, puertas, odios,
puteadas furibundas,
manos en el pescuezo,
y a veces con un llanto
blando, sonso, de niño , interminable,
mendigando un perdón.
Sólo que la tristeza
es sucia, miserable, asustada e inútil,
refractaria a la máquina
y a los lindos colores del crepúsculo.
Sólo que la neurosis,
que quiere que le diga,
se parece bastante a la idiotez.

 

Fotografía: Agencia Paco Urondo.

Coordina esta sección Melisa Papillo.

 

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