El quid de la cuestión docente

El 2018 fue escenario de una intensa lucha que les docentes desplegamos contra las políticas de ajuste de los gobiernos nacional y provincial para revertir las problemáticas salariales, laborales y educativas. Sufrimos con enorme dolor la trágica muerte de trabajadores de la escuela n°49 de la localidad de Moreno, por las nefastas condiciones edilicias que terminaron en una explosión que se llevó las vidas de Sandra y Rubén.

Este año volvimos a demandar al gobierno por una Paritaria Nacional y, del mismo modo, al gobierno provincial para discutir el deterioro del poder adquisitivo de les trabajadores de la educación y la situación crítica de la escuela pública con la fuerte convicción y compromiso de resolución del conflicto. Sin embargo, el gobierno de Vidal creyó conveniente convocarnos en febrero a sabiendas de que aún teníamos que cerrar la negociación del 2018 por la pérdida salarial sufrida de casi 16%, si confrontamos con los datos de inflación del INDEC.

Dentro de su lógica de confrontación con les docentes, la gobernadora Vidal, en vez de dar respuestas y garantizar el inicio de clases, se dedicó a difundir un spot publicitario, montando escenas con una escuela falsa, en el que la mandataria bonaerense se jacta de “mejoras educativas”. Ese razonamiento se alimenta de la idea de que la educación es un gasto y es por eso que este gobierno se niega a invertir en ella. Salarios dignos, infraestructura escolar, formación y capacitación docente son ejes centrales para garantizar el derecho social a la educación pública, gratuita y de calidad.

En febrero, los gremios enviaron una carta documento al Ministerio de Trabajo bonaerense para que convoque a paritarias en un plazo de 48 hs. Más tarde, realizaron una presentación con el fin de que a través de su Servicio de Inspección Laboral cumplimente las normas vigentes de higiene, salubridad y seguridad para que las deficiencias edilicias fueran revertidas y no terminen provocando más muertes de trabajadores, niñes y jóvenes.

Finalmente, la tardía convocatoria llegó y el frente gremial de unidad docente supo exigir la recomposición salarial; escuelas seguras; cobertura de todos los cargos; derogación de la resolución que permite fumigar escuelas; efectivización de la licencia por violencia contra la mujer; reincorporación de les despedides de los Equipos Técnicos Centrales de formación continua; y la eliminación de los sumarios al personal jerárquico y a les docentes. Respecto de este último reclamo podemos decir a la fecha que otra vez la justicia nos dio la razón y ordenó a la DGCyE de la provincia de Buenos Aires que “deje sin efecto los sumarios administrativos disciplinarios”. Pese a nuestra persistencia, el gobierno desoyó las demandas e hizo una oferta absolutamente rechazable.

Les docentes no bajamos los brazos porque entendamos que son nuestres hijes y nietes quienes asisten a la escuela. Son nuestras familias quienes forman parte de la comunidad educativa. Es nuestro pueblo quien, en el marco de un proyecto de país, ejerce su derecho a educarse, a instruirse. Y seguimos sosteniendo que la educación es un derecho.

No obstante, hay una ecuación que no cierra. El Neoliberalismo promueve la flexibilización laboral para la maximización de las ganancias. Como podrá advertirse, ya no estamos ante un capitalismo de tipo fordista con necesidad de trabajadores sanes e instruides. El capitalismo exige potenciales ganancias con la mínima inversión posible y el sector educativo no le escapa a esta lógica. Para los organismos multilaterales de créditos, el tema educativo se ha convertido en una industria productora de rentabilidad: la educación en post del crecimiento de la ganancia. Sería una industria y no un derecho. Aquí está el quid de la cuestión.

La concepción educativa de la banca multilateral, que gobierna el mundo, se basa en la desregulación, en la reforma de los esquemas de financiamiento, achique de las partidas presupuestarias, desmantelando el subsidio a la oferta y reemplazándolo por un sistema de créditos. Es decir, que se concibe la educación ya no como un derecho social, sino como un bien de consumo, privado.

Tal vez lo que debamos superar no sea simplemente una puja gobierno/trabajadores de la educación, sino un sistema injusto que corrompe, explota y deshumaniza. Quizás deberíamos interrogarnos, como sociedad que busca ser democrática, respecto del rol que debería cumplir la educación dentro de un sistema basado en una ideología que radicaliza los postulados del liberalismo en desmedro de los derechos sociales, civiles y políticos.

                                   

Texto: Mara Lorena Petrucci. Soy docente e integrante de la lista Violeta en SUTEBA. Nací en San Martín, pero hoy vivo en Caseros. Mi frase favorita es: “todo se construye”.

Imagen: tomada de Urgente 24.

                               

                           

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