El cierre de Metalpar y la crisis fabril

Apenas el martes pasado, les laburantes de Metalpar se enteraron, por medio del gremio y no de la empresa, del cierre de la planta de carrocerías de colectivos ubicada en Loma Hermosa. De este modo, casi 600 familias quedaron en la calle. Y la pregunta que surge de inmediato es ¿cómo pasó?

No es ingenuidad, no. Es una pregunta sincera: ¿cómo es que cierra sus puertas una fábrica que concentra el 70% de la producción en su rubro? ¿Por qué se tiene que llegar a esta situación si hablamos de la empresa que tiene grabado su nombre en las carrocerías del 75% de los colectivos que circulan por Buenos Aires?

En primer lugar, hay que entender que este no es un hecho aislado, sino que hablamos de una crisis fabril que está destruyendo la producción manufacturera en todo el país. Al tratarse de un municipio de peso industrial como Tres de Febrero, se vuelve noticia constante. Casi al mismo tiempo, la PSA Peugeot-Citröen, situada en Caseros, decide suspender al 65% de su planta (aproximadamente mil personas). Así se suma a esta técnica muy utilizada por las automotrices: suspensiones generales o por turnos, y por tiempos muy prolongados (en PSA Peugeot-Citröen se trata de dos meses completos). Estas instalaciones fabrican por sobre el nivel del consumo actual, por lo cual las empresas cierran la producción para organizar el stock, afectando el ingreso de les trabajadores.

Pero Metalpar, que combina capitales chilenos (Paredes) y brasileros (Marcopolo), poseía una posición dominante y, sin embargo, no quedó por fuera de la política económica del gobierno que afecta a toda la industria y, principalmente, al empleo.

En números: un modelo desindustrializador

Ni bien llegó, Macri presentó su modelo económico para el país: libertad cambiaria y de flujo de capitales (léase: falta de control sobre el valor del peso y la fuga de capitales); apertura de las importaciones y “facilidades” para la inversión extranjera (léase: falta de control sobre el tipo de inversión y la calidad del trabajo); y una política monetarista que pensaba en la inflación sin tener en cuenta el salario. Cuatro años después, todos los problemas que pretendía solucionar empeoraron y se sumaron nuevos problemas, como el crecimiento de la deuda externa.

Según un rápido repaso de datos oficiales, la inflación de 2018 fue de 47,6% y los “aumentos” salariales resultaron en la pérdida de poder adquisitivo de casi 14% para quienes viven de su trabajo. No es sorpresa que, ante esta situación, se contraiga el consumo interno: por ejemplo, el relevamiento del INDEC de las ventas de supermercados muestra aumentos del 40,3% cuando hablamos en precios corrientes, pero cuando fijamos los precios en el 2017, esto representa una caída del 8,7%. Para decirlo en criollo: en las compras diarias hoy pagamos un 40% más para comprar casi un 10% menos de lo que comprábamos hace un año.

Otro dato importante es la creciente tasa de interés marcada por el Banco Central que impide la reinversión. Todo esto resulta en la caída del 2,6% del PBI que, en el contexto fabril se agrava hasta llegar a una caída del 14,7% en el Índice de Producción Industrial (de diciembre de 2017 al mismo mes de 2018).

En la carne: vivir en épocas de un modelo antitrabajo

La contracción económica no es un efecto inesperado del modelo de Cambiemos, sino una consecuencia lógica. Se pone la vista en la macroeconomía y poco importa la gente común, y ni hablar del futuro de la Argentina como país viable. Tanto en el caso de PSA Peugeot-Citröen, donde la mecanización de la producción viene reduciendo la planta, como el de Metalpar con una mano de obra más intensiva y específica, siempre el peso más fuerte de la crisis recae sobre quienes se levantan día a día para trabajar por un salario.

Es difícil vivir en Tres de Febrero y no conocer a alguien que trabaja en Metalpar. Sin duda, es una de las primeras fábricas que se vienen a la mente cuando pensamos en esta zona y, apenas hace algunos años, el intendente Diego Valenzuela (perteneciente a la Alianza Cambiemos) hablaba del “orgullo” de la producción al visitar la planta de Loma Hermosa.

El recorrido de les laburantes de Metalpar ante esta crisis comenzó en  septiembre 2018, cuando se realizaron suspensiones por todo el mes, en octubre se realizaron trabajos reducidos a 3 días de la semana y en diciembre la fábrica abrió hasta las fiestas. Luego de un enero con la planta normalizada, llegaron los turnos de vacaciones. Cuando debían reintegrarse, eran avisades (un muchos casos , ni siquiera por la empresa, sino por propies compañeres) de que quedaban suspendides sin marcar plazos. Hoy pelean por asegurarse la indemnización al 100%, porque aún no hay una posición oficializada por parte de la empresa sobre qué es lo que va a hacer. La mano de obra en la planta es muy específica, prácticamente artesanal. Por eso, los casos de 15, 20 o más años de antigüedad son comunes. Muches hoy se encuentran ante el problema de enfrentarse al mercado laboral con más de 45 años. Esto hace que las indemnizaciones al 100% sean una urgencia, pero al mismo tiempo la situación económica del país sigue amenazando con licuar ese ingreso.

A nivel empresarial, la situación nacional presenta más oportunidades: ante la falta de control del gobierno nacional, la crisis puede ser usada para avanzar con la flexibilización laboral. En este tipo de casos, las empresas buscan el “borrón y cuenta nueva”, porque de una producción grande, especializada y con antigüedad se dificulta reducir los salarios y reordenar la producción para, como siempre, sacar la mejor tajada de ganancia posible.

Del orgullo a las “tormentas” hay un paso para el gobierno y, tanto a nivel nacional como provincial y municipal, no hay ninguna medida que afecte positivamente al trabajo. Las empresas pueden flexibilizar o cerrar y mover los capitales a otros rubros; y son personas de carne y hueso quienes quedan en la calle, quienes ven desaparecer cualquier tipo de seguridad sobre su futuro. Hablamos de familias que quedan sin ingresos y en una situación muy difícil. La economía de un país debería partir de las necesidades de la población y atender su malestar. Pero hasta ahora “producción nacional” y “derechos laborales” no son más que malas palabras para el macrismo.

 

Texto: Pablo Diz. Militante de Nueva Mayoría Tres de febrero en el Frente Patria Grande.

Imagen: tomada de Qué pasa web.

   

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