#3poemas1poeta María Folatelli + ilus Bellina ilustra

María Folatelli >>> Tengo 30 años. Escribo poesía y desde hace varios años asisto al taller coordinado por Laura Wittner. Tengo un libro que espera ser publicado en algún momento. Mientras tanto, toco la guitarra, trabajo y hago lo que puedo.

Melina Belén Agostini >>> Bellina ilustra es mi seudónimo como ilustradora.
Nací en 1989, en la Ciudad de Buenos Aires. Desde temprano decidí formarme para poder contar con imágenes, una magia que desde niña me había cautivado. Desde 2010 asisto a talleres de ilustración infantil y relato gráfico. Al mismo tiempo me formé como editora en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde me gradué en 2015.
Este doble recorrido nutre mi visión como ilustradora y mi trabajo como editora. Desde ese lugar coordino y participo en proyectos editoriales sobre todo orientados a la Literatura Infantil y Juvenil.

 

Una mosca sobrevuela mi cuarto

con el zumbido tronante del desorden.
Y yo que vengo de nadar a oscuras,
bajo la influencia del agua
todavía en mi cuerpo;
en la sintonía de lo blando
sobre lo duro, largo la toalla
en ademán de derrota.
Estoy diciendo que fui superada
por la avidez de un insecto,
y eso supone algo de mí.
Pero, ¿qué esperaban?
Volvía con la sensación
de encanto perdurable;
fue culpa de la realidad
quebrar mi ánimo con un zumbido.


La gran puerta

Soy todo lo que creímos
que una mujer dejó de ser.
Soy la que espera y la que sufre
la que necesita que la amen
y nada más.
Todas las noches pienso en eso
cuando mi corazón me pide
más fuerza para sostener
la gran puerta que algún día
va a cerrarse para siempre.
Es pronto para eso, ¿no, mamá?
Ya sé que no querés que hablemos
de cosas como estas
de que fuimos herederas
de una angustia invisible.
Y que por culpa de la negación
nos hicimos fuertes.
Estoy cerrando los ojos
con tu voz en la canción de cuna.
La música es un bien tan grande
que a veces me incomoda.


No tengo un corazón tranquilo

 No tengo un corazón tranquilo
claquete clac, retumba
todo el tiempo, todo el tiempo.
Los vecinos no pueden dormir
y me gritan desde sus ventanas:
intentá llenarlo con tierra, nena,
o con gres; que algo fértil cubra
las cosas que andan sueltas.
No, dice otro. Probá con plomo.
Podés sostener a cualquiera
con un corazón de plomo.
Basta, responde mamá.
Su oído presionado contra mi pecho,
contando el pulso como una contracción.
Llenalo con agua salada, para que sólo
aquellos que sepan nadar puedan quedarse.
Despego su cabeza de mi cuerpo
y como nunca hice mientras vivía
le hago caso.

 

Coordina esta sección Melisa Papillo

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