#NiñasNoMadres: antiderechos y la disputa disfrazada

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Cuánto de montaje y de mentiras puede haber en el editorial “Niñas madres con mayúsculas”, que La Nación publicó el viernes 1 de febrero, no es lo más importante, salvo porque con esa acción reproducen y enaltecen un discurso que avala y envalentona a una parte de nuestra sociedad, atada a sus morales y a sus evangelios, que siempre son intereses y no únicamente simbólicos. También, porque con ese armado discursivo pretenden corroer la lucha del movimiento de mujeres, lesbianas, travestis y trans, y de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, pero además a la misma legislación nacional vigente desde 1921 (ILE) y a los derechos internacionales de niños, niñas y adolescentes y de las mujeres.

En este texto repugnante, que flamea celeste, se lanzan palabras como dagas al cuerpo de todas las niñas abusadas, violadas, obligadas a engendrar y parir, forzadas a vivir con su violador suelto. Allí se disfraza de ternura y diplomacia una apología a la violencia y un pisoteo de la Ley de Interrupción Legal del Embarazo, de los derechos internacionales arriba referidos, de la Ley de Educación Sexual Integral y Salud Reproductiva (donde intentan lavarse las manos dentro del editorial, luego de derrochar asco), etc. Se habla de “joven padre”, “mamás precoces”, de “abuelas abortistas”, de “instinto de madre”, de “ovarios casi infantiles”, de “mucho más allá”, como si hubiera más allá en los cuerpos violentados y en el accionar del violento, en las menores de edad abusadas sexualmente y en el abusador, como si hubiera más allá en una niña que es utilizada como objeto y se la entrega al sacrificio, como si hubiera más allá en la indiferencia de un Estado que se hace el zonzo y de medios de comunicación que revuelven el caldo gordo de nuestros derechos. El foco aquí, como suele ocurrir de parte de las mismas voces antiderechos, en todos los diversos e incesantes casos de violencia de género, está corrido: se mira a la niña abusada y no al macho abusador, se mira a la madre que exige que se cumpla el derecho de su hija y no a los responsables médicos y judiciales que impiden que se ejerza el mismo; está prohibido hablar como se debe de “violencia machista” porque debemos ser una “sociedad madura” que “respete y cobije a sus hijas”, en tanto y en cuanto nos quedemos chitas la boca y hagamos caso.

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Sin deseo, no hay hijx

Este editorial fue inmediatamente rechazado por lxs trabajadorxs de La Nación; por Unicef: “el embarazo en la infancia no está vinculado al ‘instinto materno’, es abuso sexual y por tanto el embarazo es forzado”; por Amnistía Internacional; la Fundación Huésped: “El embarazo infantil está íntimamente ligado al abuso. La maternidad forzada es una forma de tortura y suma una violación más a los derechos de estas niñas”, entre tantxs otrxs referentxs públicxs del feminismo y los Derechos Humanos. En sus últimos párrafos, como si ya no hubiese sido suficiente la bestialidad, se le da la “bienvenida a los felices niños de ambas mamás”. (¡Cuánto cinismo!) ¿Por qué creés, La Nación, que esxs “niñxs por nacer” son felices? ¿Creés, La Nación, que esas niñas abusadas, que tratás de guerreras de la vida, son felices? ¿O los felices son quienes adhieren, como vos, a la restricción de nuestra libertad y supone que niñas y mujeres somos máquinas de producir hijxs para las familias poderosas o esclavxs asalariadxs para sus ganancias? ¿Son ustedes los felices por opinar con una mente seca que asesina cuerpos y deseos a favor de una supuesta vida que nada les importa realmente? ¿Qué les importa de verdad?

Según el viejo diario oligarca, “los pañuelos verdes” estamos equivocados y debemos aceptar la “derrota legislativa”, porque nuestra lucha está hecha de errores inducidos como el “yo decido sobre mi cuerpo” y de instinto de madres asesinas, no como estas “madrazas” niñas, que sí lo entienden y enaltecen. Pero, pará, ¿cómo? ¿Se aplaude que una niña abusada decida sobre su cuerpo abusado, pero se repudia que una mujer adulta deseante decida sobre su cuerpo, su sexualidad, su deseo de ser o no madre? ¿Estas supuestas niñas madres son sujetos de derecho y vale su voz sólo en tanto “elijan” parir esos hijxs, pero no así si ellas y/o la madre a cargo deciden hacer uso de la ley e interrumpir ese embarazo forzado? ¿Está mal obligarlas a abortar, pero no está mal obligarlas a parir? NO, LO QUE ESTÁ MAL ES OBLIGAR, coercionar, discriminar. Obligar a que no se aplique plenamente la ESI, obligar a entregar el cuerpo a otro abusivo, obligar a continuar con ese abuso en el vientre, obligar a parirlo, obligar a no desear y sí a acatar, a resignarse, a aceptar quiénes tienen el poder y quiénes deben abrir las piernas, cerrar la boca, disponer su “instinto” y anular sus derechos. Es mucho a lo que nos obligan a mujeres y niñas, tanto que nuestra lucha debe ser enorme, cada vez más, radical, inmanejable para toda esta manga de femicidas en masa, que les importa un bledo nuestro cuerpo, el de lxs posibles hijxs, y mucho menos aún, nuestro deseo.

 

Texto: Pamela Neme Scheij. Integrante del equipo coordinador de El Tresdé, licenciada y profesora de Letras, docente, poeta, madre, compañera y feminista.

Pinturas: Carla Álvarez. Profesora de artes visuales, artista y mamá. Acompaña niñxs-adolescentes en aulas y espacios de taller -Taller Crisantemo-. Sus imágenes surgen como la necesidad de un grito propio y colectivo.

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