Nuestra vida es política: energías y alimentación, hacia la soberanía

En 2018, profundizamos a lo largo de varios artículos el debate sobre la soberanía energética, analizando las aristas conceptuales de la problemática, abriendo más interrogantes que certezas. En 2019, buscaremos abordar un debate que está en un punto de maduración avanzado con respecto a la energía: la Soberanía Alimentaria. Hay un nexo entre ambos conceptos, ambos son ampliamente utilizados y su significado se da siempre por sentado.

La soberanía se relaciona fácilmente con conceptos nacionalistas de poca profundidad, pero buscamos un análisis más complejo que ése. ¿O acaso los monopolios de producción y distribución de energía y alimentos no pueden estar compuestos de capitales nacionales y ser igualmente nocivos para nuestra vida diaria? Cuando se interpela a las concepciones de soberanía alimentaria y soberanía energética, pensamos en términos reivindicativos de una soberanía perdida (o aún no ganada) en cuanto a la decisión de un pueblo sobre su propio futuro, que se encuentra íntegramente vinculado a la matriz energética y de producción de alimentos. Y cuando nos referimos a pueblo, no hablamos del que se encuentra dentro de los límites geográficos impuestos por un Estado, sino que hablamos de todxs aquellxs que hoy no formamos parte de las decisiones, de lxs explotadxs, de lxs excluidxs, de la clase trabajadora, miembros de una comunidad, de una región, de aquellos lugares en donde se imponen condiciones de vida y/o muerte.

Discutir no sólo la disponibilidad de energía y alimentos, sino también la composición y la forma de distribución, es igual de importante; especialmente en un país en donde, históricamente, primero se fijan los criterios de producción y distribución internos, en base a los intercambios comerciales externos, y luego se imponen a la sociedad en su conjunto. Por ejemplo, a finales de los ´90 y principios del 2000, las bolsas de comida de planes sociales incluían una bolsa grande con granos de soja, que se acompañaban de cursos y charlas con recetas para su uso, haciéndose eco así del boom de los pools de siembra en Argentina. Poco se integró la inclusión de la soja de forma directa a la mesa, pero sus derivados penetraron en casi todos los alimentos procesados que ingerimos a diario.

Hoy conocemos más sobre los riesgos de la calidad nutricional de la soja que se produce debido al uso de agroquímicos y lo incierto de los organismos genéticamente modificados. Diversos sectores liberan una batalla diaria que lentamente empieza a dar sus frutos. Colectivos de consumidorxs, productorxs, organizaciones campesinas pelean en los frentes judiciales para evitar este tipo de atropellos silenciosos. Señal de estas luchas aparecen con la prohibición en Gualeguaychú y Misiones de fumigar en el ejido urbano y la retirada de Monsanto de la ciudad de Malvinas Argentinas en Córdoba, luego de una pueblada. Discutir la calidad nutricional de nuestros alimentos y su forma de producción lejos está de ser una discusión exclusiva de sectores porteños bien alimentados, sino que sus argumentos se debaten en diversas organizaciones de distintos tipos a lo largo del país. El mismo proceso se puede empezar a dar con la discusión energética, una problemática mucho más invisibilizada de mediano plazo.

Más allá de lxs directamente beneficiadxs por estos modelos de producción, existen otrxs detractorxs de las organizaciones que reclaman y exigen soberanías alimentaria y energética, ya que al fin y al cabo la discusión es política. Discutir la propiedad de los medios de producción no se trata solamente de debatir el usufructo de lo producido en una máquina, es también discutir la propiedad del conocimiento, de la información, los esquemas de producción y las culturas del consumo.

El año que recibimos probablemente nos encuentre con una mayor concentración de los grupos económicos que deciden cómo y dónde se producen y cómo y dónde se distribuyen los alimentos y la energía, continuando la tendencia de las últimas décadas, profundizada aceleradamente en los últimos tres años. Pero, por lo bajo, la urgencia crece, los conceptos se aclaran y diversas organizaciones políticas deciden poner en debate y agenda estas problemáticas. Desde El Tresdé, intentaremos darle una plataforma más a ello. Salud.

 

Texto: Gabriel Rodríguez

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