Un gobierno del deseo

¿Qué nos deja el año de la Marea Verde? Hacer balances sobre todo lo que el feminismo nos enseñó y nos permitió lograr durante este año que termina, es una de nuestras tareas principales. Venimos de un recorrido que, en poco tiempo, nos hizo dar cuenta de nuestra enorme capacidad de generar transformaciones sociales: desde el primer Ni Una Menos en 2015 al Será Ley, desencadenamos una serie de rupturas con los viejos mandatos, impuestos a mujeres e identidades disidentes, y construimos nuevas miradas sobre nuestras realidades de una manera sumamente eficaz. Por todas las batallas que nos vienen marcando desde hace siglos y el protagonismo de las nuevas generaciones, el 2018 será recordado como el año de la Marea Verde que cambió la historia.

No hay satisfacción más grande que la de sabernos poderosas. Pero no como un fin en sí mismo. Somos poderosas porque nos asumimos como motor de cambio, porque queremos asegurarnos lo mejor para nuestro pueblo en su conjunto. Desde hace tres años, nuestras movilizaciones son masivas y cada 8 de Marzo, cada 3 de Junio, cada Encuentro Nacional de Mujeres, Lesbianas, Trans y Travestis, cada Marcha del Orgullo, cada paro nacional que organizamos, se fue llenando de participación y de firmeza a la hora de plantear qué es lo que queremos como movimiento feminista.

Todo ese acumulado nos permitió debatir la Legalización del Aborto en el Congreso (logrando la media sanción en la Cámara de Diputadxs) y en los espacios más inesperados de la sociedad en general. El 13 y 14 de Junio, y el 8 de Agosto, fueron fechas clave que evidenciaron la profundidad alcanzada en los debates, en todos los sectores sociales y entre diferentes generaciones. Así fue como, además, pusimos sobre la mesa los diversos modos de opresión y de violencia de géneros que desde siempre venimos padeciendo.

La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y nuestro movimiento de mujeres e identidades disidentes confluyeron con millones de personas que comenzaron a apropiarse cada vez más de los pañuelos verdes y del feminismo. Todo esto hizo también rebalsar nuestro sistema político en general, que se mostró incapaz de responder a esta demanda: el Senado mostró su peor cara y fue suficiente para que, pese a no haberse aprobado la Ley, pudiéramos sostenernos, organizarnos aún más y redoblar nuestros esfuerzos para disputar el poder político.

Nuestro camino no es nada simple, porque nos siguen vulnerando una y otra vez. Los femicidios y  los abortos clandestinos siguen ocurriendo, la Educación Sexual Integral sigue siendo una deuda y el neoliberalismo siempre busca y encuentra los modos de someternos y de responder de las peores maneras. Como si fuera poco, hacia el final de este año el machismo se volvió a mostrar muy fuerte a través del fallo de la justicia por el femicidio de Lucía Pérez (por quien hicimos el primer paro a este gobierno en 2016) y por la ola de femicidios que en tan sólo un fin de semana se llevó la vida de al menos cuatro de nosotras, solamente en la Provincia de Buenos Aires.

A su vez, nosotras no aflojamos y también nos pusimos fuertes a partir de la denuncia de Thelma junto al Colectivo de Actrices Argentinas. Las denuncias de abuso se constituyeron como un hecho político que, con todas las contradicciones y debates que se desataron (sobre los escraches, el punitivismo, las diferentes formas de reaccionar frente a ello), nos demuestran que la necesidad de pensar y repensar nuestras prácticas y estrategias es permanente. Por eso, es clave que definamos cómo seguir fortaleciendo el feminismo en un marco en el que las políticas retrógradas y represivas, la quita de derechos, el morbo y la complicidad de los medios de comunicación, y la justicia misógina, no nos dan respiro. Tenemos que pensar en lo mucho que nos falta aún, pero también en todos los pisos alcanzados y las enormes posibilidades de seguir caminando hacia adelante.

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Los desafíos para este 2019

En el tercer año del gobierno de Macri, dejamos bien claro que somos el movimiento que más se viene enfrentando a las políticas de ajuste y al individualismo generalizado. Justamente por eso es que los desafíos hacia el año que viene tienen que seguir encontrándonos unidas. Porque lo más importante es lograr que, en un año electoral, efectivamente el feminismo esté presente en las propuestas políticas de un nuevo frente que pueda ganarle a Cambiemos y a las otras variantes del neoliberalismo. Todo proyecto de país que quiera la igualdad, la justicia social, la soberanía, el anticolonialismo, la inclusión y cambios que sean profundos y duraderos, no puede hacer caso omiso del feminismo en Argentina, de su rol prioritario e histórico. Las mujeres e identidades disidentes somos más de la mitad de la población y sufrimos (junto a les niñes) las peores consecuencias de este modelo de Estado. Nadie puede negarnos que el feminismo tiene que guiar las luchas de nuestro presente y futuro, y que eso permitirá mejorar la vida de todes.

De la mano de ello, debemos prepararnos para una nueva presentación del proyecto de Ley de Aborto y para el Encuentro Nacional de Mujeres, Lesbianas, Trans y Travestis que será en la ciudad de La Plata. Todo esto sucederá en un año en el que se juega nuestro porvenir, en el que puede seguir gobernando una minoría para sí misma o podemos torcerle el rumbo a nuestro favor. Y nosotras tenemos mucho para decir y proponer en ese marco.

Por último y no menos importante (aunque seguro hay muchísimos desafíos más), nos urge profundizar los debates que se abrieron dentro del movimiento durante los últimos días a partir de las denuncias y escraches. Mucho de todo eso (como tantas otras cosas) fue debatido por las feministas de generaciones anteriores, nunca empezamos de cero. Lo que venimos generando tiene un valor enorme, pero seguir avanzando depende también de saber enfrentar las discusiones en los momentos indicados. Parte de seguir empoderándonos tiene que ver con encarar estos procesos y discusiones internas a nuestro movimiento, a la vez que vamos interviniendo hacia afuera para cambiar las realidades de las mayorías.

El 2018 fue el año que nos demostró que el feminismo en Argentina es indispensable para proyectar y crear un mejor modelo de Estado y de país. El 2019 tiene que ser el año en el que nosotras, con nuestros sueños y deseos, seamos parte esencial de ese nuevo proyecto: el de nuestro propio gobierno.

Texto: Mariela Di Francesco

Fotografías: Celeste Destéfano

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