Teatro comunitario: las palomas nos dicen

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Ensayo de Las palomas dicen 

¿Para qué el arte sino para reunirnos? ¿Para qué actuar sino para entendernos? Las palomas dicen es un colectivo de teatro comunitario de Tres de Febrero que exalta las subjetividades para potenciar el trabajo en conjunto, que testimonia las alegrías y las durezas de la realidad a través de la óptica artística y que ensancha los escenarios, los suelos, las calles con su voz diversa, empática, compañera. Entrevistamos a parte de esta comunidad de artistas para enterarnos cómo la esperanza, la inclusión, la belleza y el amor se construyen en este Conurbano castigado y rebelde.

Para presentar lo que hacen, ¿podrían contarnos qué es el teatro comunitario?

Es un teatro de vecinxs para vecinxs, es una construcción colectiva. Y es sumamente inclusivo; no tenés que hacer una carrera de actor para integrarte al grupo, sino que llegás y apenas haya una propuesta, ya estás participando. Y después, paralelamente, está la formación. Lo importante es que nadie queda afuera; es intergeneracional y cualquier tipo de capacidad o talento o dificultad se integra. Todo es bienvenido porque todxs tenemos algo para aportar. Hay una valoración del ser humano, más allá de que nuestra directora trata de sacar lo mejor de cada unx. Se hace una formación, se marcan las escenas, etc. Se piensa en la sacralidad del escenario y en dar lo mejor de cada unx en ese momento. Y el mensaje social es fundamental porque el teatro comunitario está construido sobre la base de lo que cada vecinx aporta, ya que es una expresión de lo que le ocurrió o le está ocurriendo en el barrio. Por eso, se juegan muchas emociones cuando estamos actuando porque ponemos en palabras lo que estamos pasando y lo que estamos padeciendo en muchos aspectos. Nos permite liberarnos de lo más negativo de las emociones y a la vez, expresarnos, lo cual es sanador.

¿Y es entonces cuando las experiencias más personales se transforman en un objeto artístico construido colectivamente, no?

Nuestra intención es producir una transformación de la realidad. Pero si bien hablamos de ella, tiene que pasar por un tamiz que es el hecho creativo. Hay un desdoblamiento, el teatro es unx pero también es muchxs otrxs. Y esto hace que lxs otrxs que están siendo público puedan comprender  qué es lo que les  pasa. En una función, cuando ven esa angustia en una espalda doblada de un vecinx actuando, muchxs  pueden ver por qué están angustiadxs.

Como una identificación casi implícita entre lo que nos ocurre con lo que vemos en la obra teatral.

Sí, incluso cuando la identificación no te gusta, pero que sigue siendo un espejo. El otro día, una compañera del grupo me preguntó si podía ponerse un cartel que dijera “No al aeropuerto en Palomar” y yo le expliqué que ese momento quedaría fuera de la actuación, del hecho creativo, de la puesta en escena. Eso puede estar cuando nosotrxs, asumiendo cada unx nuestra identidad de vecinxs, dentro del territorio, que es Palomar y Ciudad Jardín y tenemos ese aeropuerto, podemos consensuar en decir, como colectivo de teatro comunitario, “no estamos de acuerdo” con esto o aquello. No deben esas acciones de coyuntura estar dentro de la obra, porque no estaríamos haciendo teatro, sino otra cosa.

Se transformaría en una acción más panfletaria, dejando de pasar por ese tamiz del arte que decían.

Claro, haciendo teatro comunitario unx va entendiendo qué es. Unx puede tener mucha teoría, pero en las situaciones que se van presentando, vamos entendiendo que lo comunitario y el teatro comunitario implican el consenso y el hecho creativo, el cuerpo y la palabra expresándose desde un lugar artístico.

Más allá de que haya una figura de dirección que comparte su saber específico con el grupo, ¿toman las decisiones generales y particulares sobre las obras, los espacios donde presentarse, etc. entre todxs?

Sí, consensuamos mucho, entre todxs. La directora nos presenta las propuestas y entre todxs decidimos. Y siempre tratamos que ella nos guíe porque es quien está preparada y abocada al teatro y nosotrxs estamos en otras tantas actividades externas y distintas. Somos un grupo muy activo, de todas maneras, porque no sólo lo teatral necesita decisiones, sino todo y entre todxs definimos qué hacer y cómo hacerlo, hay roles muy activos que se fueron generando y siempre se trata de charlar para decidir y siempre se trata de poder, de que lo que nos proponemos sea, fundamentalmente.

Y encima son un montón de personas para repartir esos roles, ¿cuántxs integran Las palomas dicen?

Lo que tiene el teatro comunitario es que no es un elenco estable, va fluctuando. Hay gente que entra y se queda, otrxs que están sólo un tiempo. Aproximadamente, entre lxs que siempre estamos, seremos 17. Ahora también tenemos invitadxs que ponen los carteles en las obras y con ellxs seremos como 22.

Nicolás, uno de los jóvenes actores de Las palomas dicen, tiene experiencia en el teatro por fuera de la construcción comunitaria. Salvando la diferencia de edad en que encaraste cada tipo de propuesta, ¿qué encontrás de nuevo y diferente en el teatro comunitario y en este grupo particularmente?

Encontré mucha gente copada. Somos todxs amigxs, nos reunimos casi siempre, comemos empanadas, nos juntamos, charlamos, tomamos mate, actuamos y nos reímos. Y a mí ser parte de este grupo de teatro comunitario me puso más contento, me dio seguridad y me enseñó a ser paciente.

Ése es un aspecto del teatro comunitario, porque también decimos cosas muy fuertes y angustiantes, pero siempre con una mirada esperanzadora y con una alegría puesta en escena, que además la llevamos a la práctica en nuestros encuentros, que son muy integradores.

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Ensayo de Las palomas dicen

Por trabajar con un objetivo y hacerlo en comunidad, creo que todxs ganan en seguridad porque hay que consensuar y, entonces, se deja de lado el aspecto competitivo de la selección que puede existir en el teatro no comunitario.

El teatro comunitario no exige, para que cada unx entre, cierta habilidad para actuar, cantar o bailar, sino que existe para recibir a lxs vecinxs y ver cuáles de sus potenciales se pueden extraer, que pueden enfocarse en cualquiera de las actividades que hay que hacer, que no son sólo actuar. Por ejemplo, tenemos que comprar telas, hacer la decoración de un telón, pintar, venir a esta entrevista, escribir guiones, investigar para eso, etc. Son muchas las posibilidades. Se invita inmediatamente al escenario de la forma más accesible posible, pero también puede ser que alguien venga a tocar y no actúe. Lo que se intenta es que cada unx ingrese con las potencialidades que tenga y ahí ponerlas en juego.

Lo que dicen me hace acordar a las premisas de la educación popular, esta idea de tomar lo que cada unx ya es y ya trae, sus experiencias, etc. y a partir de eso, hacer y aprender en el intercambio.

Claro, no es “a pesar de la diversidad”, sino haciendo provecho de ésta. Es la integración de lo artístico y lo comunitario, como fue el lema de la reciente Semana del Teatro Comunitario: “ensancha el mundo de lo posible”. Y también es importante resaltar que hay una dirección del grupo, pero en esa dirección también hay inclusión, porque todo se lleva a consenso. La directora trae ideas y se abre al grupo; y nosotrxs agradecemos su saber. Todo es muy comunitario y a la vez, la dirección artística ve más allá de lo que ve cada unx del grupo, entonces todo se va transformando artísticamente y además, nos va enseñando.

¿Cuál es el origen del nombre “Las palomas dicen”?

Al principio, estábamos en El Palomar, por eso lo de “las palomas”, ya que éstas son las que gobiernan ese barrio. Las obras que hacíamos, al principio, eran muy naif. En 2012, veníamos trabajando con un taller de teatro en Afalp, pero, tras una experiencia de teatro comunitario en Pompeya, quedé fascinada –cuenta la directora. Entonces, empezamos a escribir la historia de Ciudad Jardín y caminamos hacia el teatro comunitario. Y el “dicen” surge por el final de un poema de Margarita Roncarolo, donde se concentra todo el sentir de la voz poética y de la gente. Y ahí quedó, como un salir de la ingenuidad. Entonces, empezamos a hablar en “Una historia sin fin” sobre lo que pasó en Ciudad Jardín y El Palomar: lxs desaparecidxs, “el tornado” para nombrar una de las épocas más oscuras de la Argentina, hablamos de tierras del Estado que se compraron fraudulentamente, etc.

Salieron de cierto silencio…

Sí, empezamos a hablar de cosas que antes no nos animábamos. Y nos faltan muchas otras más. Antes no decíamos nada y ahora sí, por eso “las palomas dicen”. Eso genera adhesiones y rechazos. Hay gente que no quiere ver o escuchar lo que decimos, por ejemplo, cuando ahora hablamos de los alimentos, pero es lo que pasa.

Por la línea histórica que fueron marcando, hubo un animarse propio del contexto que los alentó a decir y quitar lo ingenuo a las situaciones.

Sí, nos empoderamos. No hacemos que decimos, sino que decimos concretamente.

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Las palomas dicen actuando en el ciclo Los condimentos del arte 

Que todxs podemos decir lo que pensamos de la manera que queremos parece, a priori, algo dado, pero no es tan así y cuesta mucho cambiarlo. Hacerlo en comunidad, seguramente es lo que lxs anima a empoderarse y lo deben trasladar al resto de su vida.

Individualmente también es transformador. No podés empoderarte en un espacio y en otro no. Se traslada el optimismo, a pesar de las épocas que estamos transitando. Se traslada en cada puesta en escena. Es nuestra forma de estar presentes y decir no a ciertas cosas. Así nos aliviamos, ponemos el cuerpo, no nos quedamos en las redes quejándonos. Estamos un poquito más felices que otrxs, porque es un lugar de mucha liberación. Es sanador en la subjetividad de cada unx y además en lo social de cada unx. El teatro comunitario satisface la mayor parte de las necesidades afectivas básicas del ser humano, vamos afirmándonos y logrando mayor autoestima. El área del juego es una necesidad afectiva, como compartir lo humano con otras personas y eso nos hace madurar en términos sociales y favorece nuestro despertar de conciencia. Y siempre logramos que haya mucho respeto, incluso con las diferencias.

Ese respeto es parte del logro de empoderarse, de sentirse libre y feliz.

Sí, de todas maneras, tampoco se le teme al conflicto. Lo asumimos y si hay que frenar para conversar lo que esté ocurriendo, se pone en palabras. No nos importa sólo que salga el producto. Si gustás abrirte, podemos abordarlo entre todxs. El conflicto es inherente a lo humano y si aparece, hay que ponerle palabras para encontrar una vía de solución.

Quisiera que nos cuenten cómo resulta trabajar en red con otros espacios comunitarios en el área del teatro, en particular, y de la economía en general.

Silvia Pignat es una paloma que dentro del grupo tiene el rol de la difusión. Y ella está conectada, desde su ideología, con otra gente de lo artístico, de lo económico, lo histórico. Y nos planteó en el grupo que las redes son fundamentales para poder salir de esta realidad general y para llevar adelante acciones que sirvan un poco más para ello. Así empezamos a participar en Cultura Viva Comunitaria en Argentina, que se hizo un encuentro importante en Hurlingham. También somos parte de RedAC. Estamos en la Red Nacional de Teatro Comunitario. Nos invitaron del Centro Cultural Haroldo Conti ya dos veces. Estuvimos en el Obelisco en el Encuentro de Arte y Ciencia. Este año comprendimos que es necesario involucrarse y responsabilizarnos por lo que nos pasa y no sólo quejarnos.

Cuando se presentan con sus obras, ¿qué pasa con el público?

Con el teatro comunitario lo territorial cambia totalmente, el espacio público se resignifica, la plaza se resignifica. Por ejemplo, fuimos a una plaza de Moreno, junto a la cual pasaba el ferrocarril San Martín. La gente volvía cansada de su trabajo y sin embargo se quedaba, aplaudía. Tenemos muy buena recepción también porque el humor siempre está presente y el buen trato; no hacemos humor a costa de nadie y ese amor que tenemos por lo que hacemos, se traslada en el cariño hacia el público inmediatamente. La gente se entusiasma con las canciones, la música, por ejemplo con “Hoy sopa hoy”: ay que dura está la calle/vamos a meterla en la sopa para ver si la ablandamos….Arengamos y la gente se entusiasma porque para todxs está muy dura la calle. Es una canción del autor uruguayo Jorge Lazaró y la adaptamos. Lo hacemos con humor, con esperanzas y sueños indelebles a pesar de todo. La música es fundamental en el teatro comunitario y el baile también. Nosotrxs hacemos todo, como antes con el sainete.

Les propongo un juego final: compartan tres palabras que representen lo que están viviendo con el teatro comunitario y con Las palomas dicen puntualmente.

Comunicación. Expresión. Arte. Paciencia. Amor. Sabiduría. Comprensión. Vida. Río que fluye y que nunca es igual. Intercambio y mixtura de personalidades y sentimientos puestos en unidad en escena y en la calle.

 

Entrevista: Pamela Neme Scheij
Fotografías: Las palomas dicen

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