Centenas de personas le bajaron el pulgar al Aeropuerto El Palomar

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Festival por Nuestros Derechos #NoAlAeropuertoEnPalomar, en la plaza del Avión. No hay luz porque “el relato” nos hizo creer que se podía tener luz en la plaza a la noche.

Se prende la turbina. Se apaga la turbina. Se prende la turbina. Se apaga la turbina. Empieza el ruido. Despega a lo lejos o en tu cerebro: turbina encendida. Parece que no: apaga, prende. ¿Está loco este avión? ¿Se elevó? ¿Es el mismo? ¿Qué dijiste? ¿Pasa un avión, loco o pasa un avión loco? Pasa. Pasa. Pasa. Se acerca más. Sigue pasando. Está más cerca. Pasa arriba. Tapó el sol un segundo: te olvidaste lo que estabas pensando. Pasa más fuerte. Pasa todavía más fuerte. Más fuerte, pasa, pasa. Podés mirarlo: es un avión amarillo igual al anterior. Va a pasar otro igual enseguida. Empieza a salir uno, el otro se alejó. Nuevamente lo mismo.

Rompe los oídos, desconcentra, quita el sueño, hace sonar las alarmas, no permite hablar con otra persona. Pedís que repitan lo que dijeron, pensás otra vez en lo que estabas pensando, subís el volumen de la música, sentís la casa temblando, te tiembla una muela. No alcanza: hacen salir a otro avión para ganar más plata.

El ruido no para. El dinero se va a no sé qué otro país del Primer Mundo. Parece una película en la que nos gobierna un perverso que nos quiere matar a todos: no es Argentina, es la Charterlandia de Macri. El dinero en el aire se toma su tiempo: sigue ahí, vuela. Es un ruido peor que un vecino que pone la música a todo volumen. Es un ruido peor que cinco nenes de cinco peleando en el piso de arriba. Es un ruido 24 horas, toda la semana, de lunes a lunes.  

Si llegaste hasta acá, entonces sabelo: el ruido para quien escribe no pasó. Ahí viene un avión más. Atrás de ese, viene otro más.

La angustia de saber que va a venir otro más después de este hace que el ruido sea más insoportable que un simple avión. ¿Me pongo a contar los aviones o qué me pongo a contar? Sentí: a veces más de tres aviones en dos minutos. Aumenta. Disminuye. ¿Tiro piedras al cielo? ¿Lloro de impotencia? ¿Subo el volumen de mi parlante de PC?

La angustia del proceso con el que nos instalaron un Aeropuerto en el barrio hace que el ruido sea mayor: lo clavaron de prepo, con una asamblea donde golpearon a quienes se oponían. Fue una vergüenza filmada. Nunca es un simple avión: es una desgracia con turistas adentro, se olvidaron de decir. Es una desgracia cotidiana que amenaza convertirse en tragedia. Es una desgracia para siempre. Desoyeron a miles de personas en la asamblea.

Los palomarenses no estamos acostumbrados a esto, como se explicó en la Asamblea en la Giuffra, al revés, sentimos bronca y el ruido nos dan ganas de romper algo. No queremos que este Aeropuerto nos impida pensar, hablar, hacer nuestro propio ruido. No queremos que lxs gestantes se preocupen con el ruido al que están expuestos sus aún no nacidxs. No queremos que las turbinas molesten a nuestras mascotas. No queremos que destruyan una posible Reserva Natural. No queremos ver un avión entrando por el techo de una escuela.

La rebeldía contra este aeropuerto va a crecer porque no queremos convivir ni aceptar esta desgracia. El fin del aeropuerto está cerca. Esto quedó demostrado el sábado 1 de diciembre, en pleno G-20, cuando centenas de vecinxs autoconvocadxs se acercaron a la Plaza del Avión para protestar contra la instalación del Aeropuerto de El Palomar. Allí se hizo el Festival por Nuestros Derechos #NoAlAeropuertoEnPalomar, que duró cinco horas, con música, charlas y demás actividades para llamar la atención sobre esta injusticia. La idea fue estar juntxs, mirarse a la cara, sentir que hay futuro y que no estamos entregados a la sed de negocios de un par de canallas. No estamos solxs, no vamos a callarnos ni -literalmente- ensordecer.

Representada por Ivan Velázquez, trabajador de rampa de la empresa Intercargo, se hizo presente la Asociación Personal Aeronáutico (APA), para advertir sobre el negociado que favorece a empresas extranjeras, que son la cara visible del ataque directo que el macrismo ha emprendido contra nuestra línea de bandera, Aerolíneas Argentinas. El Palomar siente vergüenza de quienes le ponen orgullo a la destrucción del trabajo de las personas de esta línea de bandera argentina (muchxs de ellxs formadxs en “La Base” de El Palomar).

También estuvo la Comisión de DD.HH. de Hurlingham, con Patricia Danna, Iris Avellaneda y Zoraida Martin, esta última detenida y sobreviviente del centro clandestino instalado en la Base Aérea de El Palomar, quienes advirtieron sobre la violación de la Ley 26691, que obliga a la preservación de los sitios de memoria. 

Otro grupo que habló fue NO al Aeropuerto de Palomar – Papás y Mamás del Colegio Emaús, pero a través de Justina Pichincha, una clown que leyó un cuento para los más chicos en el que contaban lo que estaba pasando en el barrio. ¡Lxs peques re contentxs de luchar por su futuro! Como es sabido, el Colegio Emaús es uno de los más afectados por el Aeropuerto, al igual que decenas de otros colegios de la zona, incluyendo el colegio “La Base”, que se encuentra… ¡Adentro del aeropuerto! ¡Es un aeropuerto con un colegio adentro y decenas de colegios alrededor! ¡UN AEROPUERTO DE LÍNEAS DE BAJO COSTO CON UN COLEGIO ADENTRO! 

Isla Verde, el grupo que pide que se haga una reserva natural en el predio, se encargó nuevamente de contar los serios perjuicios a los que estamos expuestos en caso de que se destruya el hábitat de miles aves, plantas y demás especies del ecosistema, fundamentales también para la vida humana. El tema es amplio y fue desarrollado por varixs expertxs a lo largo de esta batalla contra la destrucción.

Finalmente, la última intervención estuvo a cargo de Humberto Mazzola, quien explicó que, además de la exposición aérea, el aeropuerto nos hace convivir con una contaminación química y acústica constante que deteriora nuestra calidad de vida, llegando a causar enfermedades como el cáncer. 

Metal pesado

Hubo varixs artistas presentes: entre ellxs, la pintora Carla Crisantemo, Los Sulivan, Cabeza de Chola, Elevé y Mordando Pasto Rulero. Además, se acercaron varixs referentxs políticos locales: el Diputado Juan Agustín Debandi, lxs Concejalxs Cristina Heredia, Ana Luz Balor, H. S. Curto, Gustavo Spalleti y lxs Consejerxs Escolares Gabriel Restuccia y Matías Martínez, entre otros; también, participaron lxs abogadxs querellantes de la causa: Lucas Marissi y Claudia Sambro Merlo. En apoyo a los presentes, adhirieron a este festival personajes ilustres como Gustavo Santaolalla, reconocido músico argentino, Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo, y Guillermo Jorge, doctor en física, docente de la UNGS e investigador del CONICET.

Asimismo, estuvo, claro, hormigueando El Tresdé. Estuvimos con nuestras familias, nuestrxs amigxs, nuestrxs vecinxs, apoyando a nuestro barrio, que es mucho más que un cero en el balance de la especulación. Desde este espacio virtual y no virtual, para nada volado como las Low-Cost, queremos alertar, llamar a seguir luchando, a los gritos y siempre juntxs. Es tiempo de saber protegerse también del cáncer que cae del cielo. Saludemos a los aviones así: ¡Fuera billetera de Macri de nuestro barrio! ¡Fuera Fly Bondi y los turistas de un Sitio de la Memoria, donde torturaron y mataron a nuestras familias! ¡Fuera autos que complican el tránsito en la zona, fuera cáncer, fuera negocios que matan animales, plantas y contaminan! ¡Fuera progreso que nos impide pensar, charlar, respirar! OLÉS A AZUFRE: ¡FUERA AEROPUERTO DE EL PALOMAR!

Texto: Rodrigo Arreyes. 

 

 

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