Enjambre de mariposas

Entrar a tu casa corriendo, porque un extraño te miró más de lo esperado.

No pasar por lugares oscuros a determinados momentos de la noche, porque pueden violarte.

Avisarle a tu amiga que llegaste a casa, porque sobreviviste a un viaje de vuelta.

Escuchar que hablan mal de tu compañera de trabajo porque “seguro le vino” y está hormonal. O porque “por algo será” que gana lo mismo que su compañero de trabajo siendo mujer.

Enterarte de que el novio de tu hermana le prohíbe salir sola si no va con él.

Que la vecina te cuente llorando que el marido le tiró del pelo para advertirle que él es quien manda en su casa.

Que al querer denunciarlo, la manden de vuelta a casa por falta pruebas, por falta de golpes, por falta de muerte.

Y que al intentar defenderse, sea la que va encarcelada y su agresor siga caminando contento por la vida.

No son solo imágenes, son experiencias hechas carne herida en el cuerpo de miles de mujeres desde hace siglos. Ni son exageraciones. Quizás lo llamativo sea lo completamente naturalizadas que están para algunos, pero cada vez más denunciadas por muchas.

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No es natural que nos violenten, no viene dado por nuestra condición o nuestra percepción de las cosas: la violencia machista hacia las mujeres en todas sus formas, física, psicológica, sexual, económica, laboral o simbólica, es una construcción cultural que debemos erradicar. Y cuesta mucho, porque no estamos frente a (ni dentro de) un sistema que busque nuestro bienestar y liberación. No, no, más bien todo lo contrario: nos quiere calladas, sumisas, “correctas”, femeninas y gauchitas. Pero no es lo que queremos ser. Ni hoy, ni hace un siglo atrás.

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El 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de Lucha Contra la Violencia hacia la Mujer, porque recuerda el asesinato de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal o Las mariposas (como se las recuerda también en República Dominicana) a manos de militares de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, en 1960. Se ha convertido en símbolo de lucha contra todas las violencias que se ejercen sobre las mujeres que permite este sistema machista y patriarcal en el que vivimos. Porque en un año de lucha tan fuerte por conseguir un derecho importantísimo como lo es decidir sobre nuestro propio cuerpo ante un embarazo no deseado, que a las mujeres nos ha puesto en boca de toda la sociedad en todas las dimensiones posibles, lograr que se visibilice la violencia que nos ejercen es un arduo camino de concientización y de perseverancia colectiva. Y en eso andamos, construyendo otras formas, otros lazos, otras redes que nos garanticen y permitan vivir libres realmente.

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Texto: Lara Barneto.

Fotografías: Celeste Destéfano. Nació en 1983, en Buenos Aires. Camina junto a la fotografía hace diez años y es en lo documental donde encuentra su idioma. Es madre, feminista, compañera y pretende siempre ser una obrera de la memoria.

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