Como un cuento: la ciencia y la vida en clave literaria

Gabriel Andrés Rodríguez nos compartió su primera edición literaria Como un cuento, para invitarnos a vivir y romper con todos los límites a través de ocho historias policiales y épicas. “La botella de Klein”, “Milicia onírica”, “La velocidad de un chancho en una curva en un tiempo de lluvia”, “Satélite de vos”, “Jefes de calle”, “Cuantas películas, che”, “Chauque” y “Relatividad” son los cuentos que hacen que este libro se convierta en una aventura entre lo racional y emocional. Junto a ello, a matemática y la física como un juego de palabras para romper con la estructura de lo aburrido y lo convencional.

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Entre los cuentos mencionados, mis favoritos fueron tres.

Primero: “La botella de Klein” que narra la historia de Mauro, quien aferrado a un obsequio que su ex novia le había regalado hacía un tiempo atrás, comienza a buscar respuestas sobre su separación y la posibilidad de arribar a un nuevo horizonte. “Siento que las redes sociales le agregaron una tela más a la imagen de la vida de cada uno. Y detesto la disociación entre cada lado de esa imagen. Entre lo que uno siente, lo que uno dice ser en persona, y lo que uno dice ser en el mundo virtual. Percibo que la mayoría de las personas muestran paredes rígidas y reprimen su sentir más profundo (…)”.

Segundo: “La velocidad de un chancho en una curva en un tiempo de lluvia”. Una charla entre dos personas en la cual surge la pregunta “¿Qué opinas de la velocidad de un chancho en una curva en un tiempo de lluvia?”. Podría tratarse de cualquier ser individual que busca filosofar sobre aquellas preguntas cuyas respuestas van más allá de cualquier connotación racional; pero acá, en este cuento, percibí que esa opinión que se trata de buscar es mucho más profunda; no una charla entre locos, o una pregunta de un examen de psicología. Ese cuento me transportó a esas pequeñas charlas que los adultos tienen con los niños cuando, cansados de responder a cuestionarios sin fin, les hacen una pregunta que los deja anonadados para siempre; queriendo indagar en el mundo de la adultez aquello que quisieron responder inmediatamente y no les salió. Quizás ese niño no haya podido hablar de la velocidad del chancho en ese momento; pero sí se la paso toda una vida buscando argumentos para la opinión que de grande profundizó con estudios. “Me voy sin responder, porque sé la respuesta. El chancho debe descontrolarse en la curva, para comprender que no será algo malo ya que la vida es el barro”. ¿Y si la curva es la recta final? ¿Y si la velocidad no es la del chancho sino de la lluvia? ¿Y si el final no es el barro porque los principios de la física demuestran otra cosa? Me encuentro ahora motivada intentando ser un poco como el personaje de ese cuento e intentando buscar, en mi vida adulta, la respuesta que daría si fuera niña.

Tercero: amé con todo mi ser leer “Relatividad”, que logra definir la situaciones límite entre dos personas que se atraen y se alejan al mismo tiempo. Cómo dos seres que se sienten tan conectados en dos líneas opuestas, pueden derivar en un resultado tendiendo a la nada. Es que mientras ambos intentan resolver una hoja de cálculos recordando los ejemplos que se dieron en la clase, él tiende a seducirla, pero ella, concentrada en la tarea, busca ejemplos más concretos por otros medios, queriendo pasar por alto todos los intentos de acercamiento de su compañero. Este cuento me llevó a imaginar a los personajes como dos puntos antagónicos en los ejes de coordenadas, pasando desapercibidos en el gráfico, hasta que una ecuación llega para descubrir su valor. ¿Nunca se preguntaron qué es el amor? Puede ser que el amor sea eso, un punto en algún plano de nuestras vidas que solo aparece cuando tenemos una fórmula que descubra su valor. Quizás algún otro lector se anime a darme otra interpretación.

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Como un cuento cautivo mi corazón, desafió mis límites de querer saber más allá de las respuestas que cada personaje intentó darme, abrió expectativas deseosas de que haya una segunda versión. Podría pasar horas investigando cómo surgió la idea de escribirlos, pero, si de algo estoy segura, es que ninguno pierde la esencia fundamental de los libros, que el escritor a través de la narración logra conectar con el lector. En este libro vas a encontrar una mezcla de emociones y sensaciones que vale la pena animarse a vivirlas.

“Puedo pretender que esté todo en mi cabeza, o que sea parte de la realidad. Puedo pensarme en la realidad queriendo hacer reales mis sueños, cumplirle los deseos a mis prejuicios y sufrir el miedo de mi persecuta, o simplemente dejarlo todo en mi mente temiéndole a la frustración de no animarme, al creer que es todo una mentira”, son las palabras de bienvenida que nos abren paso a magníficas aventuras.

 

Texto: Macarena Porto Fernández

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