Presupuesto 2019: La cocción desesperada

¿Por qué quienes deberían cuidarnos, nos patean el costado, la cabeza, las plantas de los pies?

¿Por qué quienes deberían representar los intereses comunes de su pueblo se deshacen por satisfacer a lxs dueñxs del mundo, que no son más que aves carroñeras que encargan su sucia tarea vía e-mail?

El miércoles veinticuatro de octubre de dos mil dieciocho, ciento treinta y ocho diputadxs, mejor dicho, ciento cuarenta y seis diputadxs agarraron una olla bien grande, la apoyaron sobre la hornalla ardiendo, metieron los ingredientes de la receta unx por unx, pero rápido, rapidísimo, y comenzaron a preparar el guiso hecho de pobres argentinxs. El guiso debía estar listo antes de los dos días subsiguientes; si no, la nobleza matanaciones se enojaría.

Mientras tanto, en las afueras de la cocina, no había ollas, sólo fuegos hechos de ramas secas todas juntas y en un margen, disfrazados, tiradorxs de cascotes. Mientras tanto, en la cocina se quería frenar la cocción desesperada, sin éxito. La hornalla no se apagaría, el guiso seguiría revolviéndose todo lo que fuera necesario para deshacer la voluntad popular, de espaldas a ella.

Creemos que hay que conocer sus nombres y recordarlos, como un acto de justicia colectiva para que esta gente traicionera de nuestra Nación y nuestra humanidad no vuelva a ocupar un puesto de poder desde el cual hambrean, matan, roban en masa.

La lista es real. Los comentarios son ficticios, producto de una mente indignada y furiosa; aunque, ya sabemos, cualquier coincidencia con la realidad no es pura casualidad.

Samanta Acerenza y Juan Aicega se robaron los bancos de la escuela de tus hijxs.

¿Sabés qué hizo anoche Walberto Allende? Se inyectó el sudor de tu trabajo con la jeringa de la vacuna que lxs enfermerxs no podrán darte.

Eduardo Amadeo y Pablo Ansaloni se encendieron un pucho con los fósforos que te sobraron cuando ya no pudiste pagar el gas.

Mario Arce se rio hasta dolerle el estómago cuando escuchó el chirriar desenfrenado de las panzas vacías, vaciadas.

Brenda Austin pidió separar la aguas: ser sorora no significa ser coherente, no insistan.

¿Beatriz Ávila se asustó? Claro que no, a ella no la reprimieron por defender a su pueblo.

¿Qué hizo Aida Ayala cuando se le acabaron las pastillas con que llegó a la sesión? Nada; pensó en qué suerte perra tienen esxs que trabajan 14 horas y no llegan al 20 del mes.  Pero le convidaron justo una pastilla de pomelo y se le pasó. Al fin y al cabo, no triunfa quien no quiere.

Juanjo Bahillo y Héctor Baldassi fueron más sobrios quizás, repitieron en su mente, como un mantra, “presupuesto paga deuda”, “presupuesto paga deuda”.

Karina Banfi mandó muchos corazones verdes vía whatsapp. Luego, votó afirmativo y supo para siempre que el feminismo de las liberales es una pantomima; obviamente, después se hizo la zonza y se ajustó el pañuelo.

Miguel Bazze y Atilio Benedetti aplaudieron como focas pensando en changuitos repletos de aire y en estanterías quietas como estatuas. También en familias sin dormir.

Hernán Berisso se ajustó el cinturón como buen diputadx y votó afirmativo porque hay cosas que se hacen y listo.

Luis Borsani y Sebastián Bragagnolo encargaron cerrar todas las pymes que aún resistían porque sin subsidios y con más impuestos no podrán existir y la verdad es que mejor ahorrarles el calvario, ¿no?

Sofía Brambilla y Eduardo Brizuela del Moral se cantaron un chamamé a la salud del FMI y de lxs gobernadorxs fieles a la gente de sus provincias.

Juan Brügge y Sergio Buil hablaron de la inflamación de los precios, dijeron que bueno, para comer hay que trabajar y si hay que trabajar más, habrá que hacerlo y si no, no se comerá y basta. Qué tanto.

¿María Gabriela Burgos y Eduardo Cáceres temieron estar equivocados? Nunca lo sabremos. Pero les advirtieron que deberían defender este presupuesto y ellxs no andan discutiendo nimiedades.

Marcela Campagnoli hizo un multilple choise de vacunas y jugaron en su hilera de bancas a ver en qué orden las eliminaban del calendario obligatorio. Todo mientras transcurría la jornada de debate.

Javier Campos alentó la baja de impuestos al champagne y la suba de tributos a la producción nacional de alimentos; total los mejores dips para acompañar este elixir son los importados.

José Cano pidió que publicaran en Clarín lo bien que se duerme en carpas y chozas. Y que para el frío es mejor prender fogatas que gastar gas exportable.

Albor Cantard y Antonio Carambia pidieron justicia por lxs docentes. Ah no, pidieron que ajusticien a lxs docentes.

Elisa Carrió ++++++++++++++

Ana Carrizo publicó on line cuánto lamenta que no haya más escuelas privadas en este país, para que se acaben los paros docentes y lxs chiquitxs no pierdan días de clase.

Soledad Carrizo y Graciela Caselles supieron antes que nadie que la deuda era inevitable y agradecieron al Señor por ser parte del mejor equipo del universo.

Paulo Cassinerio pidió que apaguemos las luces, cortemos el gas y que nos bañemos menos veces por semana.

Mayda Cresto y Gonzalo Del Cerro no quisieron dar el brazo a torcer con la próxima Navidad: “Es un acontecimiento espiritual, no de consumo”, parece que afirmaron y agregaron “Les sacaremos la posibilidad de comprar regalos y así los salvaremos del infierno”.

Verónica Derna insiste en que la universidad pública es una fantochada para gente que no quiere trabajar y que encima, allí se educa gratis a extranjeros.

Daniel Di Stéfano y Julián Dindart quieren que los inmigrantes se legalicen en otro país porque si no, nos caminan nuestras calles y las gastan.

Alejandro Echegaray Jorge Enriquez van por una Nueva Campaña al Desierto.

Ezequiel Fernandez Langan, Carlos Fernandez y Danilo Flores están fastidiados porque los “crímenes pasionales” siempre ocurrieron, “no sabemos qué es eso de femitidios ni qué podemos hacer lxs legisladorxs”.

Héctor Flores y Jorge Franco creen en el proyecto liberal y colonial y lo van a defender contra sindicatos y organizaciones, contra peronistas y trotskistas. Si insisten, bomba.

Alicia Fregonese predijo el futuro: la ciencia y la tecnología se transformarán en un pésimo recuerdo de un país gobernado por populistas.

Gabriel Frizza y Alejandro García descolgaron en masa los pizarrones de las aulas, pegaron patadas como locxs a lxs docentes y salieron corriendo.

Facundo Garretón y Yanina Gayol armaron un manifiesto para defender a quienes pueden pagar por todo y enjuiciar a quienes no, porque saben que sin dinero no se es nadie y el Estado no es Jesús. “No nos vengan con eso, vagancia”, dicen que dijeron a coro.

Silvana Ginocchio le chistó al de al lado para decirle que estarán llegando inversiones extranjeras en poco tiempo más y que esta vez es definitiva, que se lo dijo Marquitos, que es el mejor.

Horacio Goicoechea y Álvaro González esa tarde fueron a trabajar con unos boxers azules, rojos y blancos, que tenían estrellas en la parte trasera. Se los mostraron entre ellxs, felices por la coincidencia.

Martín Grande, Martín Hernández y Luis Herrera hicieron una meditación grupal para lograr entrar en las salitas de todos los barrios del país, encontrar las llaves de entrada, vaciar hasta el baño y cerrar definitivamente. “A llorar a la iglesia”, dicen que dijo unx de ellxs.

Anabela Hers Cabral pidió sacar foto de todas las viviendas sociales para armar las nuevas propagandas televisivas de “lo estamos haciendo juntos” y determinó que estos regalos ya no pueden seguir haciéndolos.

Stella Huczak y Astrid Hummel confirmaron que la seguridad social es una fantasía del primer mundo y que eso no aplica a Sudamérica, que la cortemos con esos aires europeos.

Fernando Iglesias se creyó distinto y votó como unx más.

Lucas Incicco, Hugo Infante y Pablo Kosiner nos quisieron hacer entender que una dieta variada no siempre es tan saludable y que mejor alimentarse a harinas de mala calidad, así ahorramos y nos quejamos menos de la inflación.

Daniel Kroneberger cree que la gente va a los servicios de salud pública a robarse los insumos para revender en Once. Habrá que investigar o mejor que cada quien pague por sus gasas.

Jorge Lacoste y Luciano Laspina estaban tan urgidos para que se aprobara este presupuesto 2019 que sugirieron quemar todas las instituciones públicas y así no tener que discutir gastos.

María Lucila Lehmann creyó que estaban haciendo un trabajo en equipo; en realidad, dijo la palabra “team”; “aguante el #teampresupuesto” twiteó.

Daniel Lipovetzky revoleó la corbata verde como si fuera un poncho en Cosquín. Lo hizo tan pero tan fuerte que la corbata desapareció y con ella, el entendimiento.

Martín Llaryora, Leandro López Koenig y Juan Manuel López insisten en que no hay dinero para la gente que decide no trabajar y que hay que presupuestar los gastos del Estado con menos gente adentro; si no, no se puede, che.

Silvia Lospennato quiso buscarle la corbata a Lipo, pero se dio cuenta de que debía argumentar y votar, y pensó que el pasado, pisado y que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Martín Lousteau quedó una vez más mal parado hablando sobre lo asqueroso que es todo lo que va a acompañar de este gobierno y cuánta presión siente en la cervical. Pobre.

Oscar Macías, Martín Maquieyra, Hugo Marcucci y Leonor Martínez Villada votaron afirmativo. Besis.

Silvia Martínez votó afirmativo porque la cuestión de la seguridad no es una responsabilidad del gobierno, sino de todxs y que todxs debemos aportar y que la plata que se necesitará no será tanta entonces.

Nicolás Massot, con voz grave, votó afirmativo y dijo que siempre apoyará a quienes trabajan para la gente.

Lorena Matzen, Martín Medina y Josefina Mendoza fueron a un after hour a la salida del Congreso Nacional para descomprimir tanta tensión nerviosa, porque no es nada fácil ser representante del pueblo argentino.

Gustavo Menna, Diego Mestre y Karina Molina sonrieron porque hay una reducción de gastos obsoletos y una revalorización de inversiones a largo plazo.

Osmar Monaldi, Marcelo Monfort, Guillermo Montenegro y Flavia Morales no saben, ni contestan, excepto a sus jefes.

Juan Mosqueda, Rosa Muñoz, Claudia Najul, Miguel Nanni y Estela Neder quieren armar una vaquita para ayudar a pagarle al FMI, así no esperan tanto.

Mario Negri se juntó con José Núñez y María Graciela Ocaña para jurar venganza a lxs opositrxs del buen vivir.

Héctor Olivares, en cambio, citó a Paula Oliveto Lago, Luis Pastori y María Florencia Peñaloza Marianetti para ir definiendo los detalles de la Campaña 2019, para la cual sí ya hay presupuesto aprobado y abultado.

Elda Pertile votó para que  saquen todos los beneficios de asistencia social porque las pibas se embarazan y no hay suficientes empleadas domésticas disponibles.

Luis Petri, María Carla Piccolomini, Carmen Polledo y Pedro Pretto se sienten fuertes, resistiendo en equipo a la prensa agresiva, que tanto lxs persigue y hostiga.

Fabio Quetglas y José Ramón no saben de qué se habla cuando se habla de “género”, así que presupuesto para eso tan nuevo no tiene que haber.

Estela Regidor Belledone y Roxana Reyes sí saben de qué se trata, pero también afirman que son problemas íntimos y que el Estado no debe meterse.

José Luis Riccardo, Nadia Ricci, Olga Rista y Carlos Roma vuelven sobre la cuestión de la ciencia y la tecnología para que entendamos que no podemos darnos esos lujos del Norte.

Gustavo Saadi, Julio Sahad y Alma Sapag, en cambio, creen que la ciencia es fundamental, pero para los laboratorios trasnacionales que son mucho más efectivos.

Gisela Scaglia, David Schlereth, Cornelia Schmidt Liermann y Héctor Stefani miraban el reloj continuamente porque habían quedado en jugar un doble de tenis en Palermo y se quedarían sin cancha.

Facundo Suárez Lastra y Alicia Terada presupuestaron la natalidad y creen que, como no va a alcanzar para anticonceptivos, habrá que usar hilo y aguja.

Pablo Tonelli, Pablo Torello, Paula Urroz y Orieta Vera González consensuaron otro mantra: “presupuesto mata pueblo”, “presupuesto mata pueblo”.

Alejandra Vigo propuso llamar a lxs senadorxs y que se saque esto de una vez para no estar tan pendientes del Skype del Fondo.

Natalia Villa, Juan Carlos Villalonga, María Teresita Villavicencio y Marcelo Wechsler hicieron una gran X a modo de tachadura sobre categorías que no hay que asociar nunca nunca más con el Estado: “salud”, “educación”, “seguridad”, “asistencia”, “vivienda”, “trabajo”, “niñez”, “mujeres”, “minorías”, etc.

Ricardo Wellbach aplaudió la anterior iniciativa, la transmitió en vivo vía Instagram.

Sergio Wisky, Waldo Wolff, Federico Zamarbide, Claudia Zamora y Miguel Zottos votaron ya con desgano, pero sabiendo que la recompensa sería enorme.

 

Texto: Pamela Neme Scheij.

Fotografías: Borde Colectivo fotográfico. Somos un colectivo fotográfico gestado en el deseo de habitar a través de nuestras miradas compartidas los márgenes de la realidad que transitamos y por la que nos sentimos atravesadxs.

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