Reflexiones sobre la Democracia – Parte V

Las promesas incumplidas: El ciudadano no educado

Un gusto volver a conectarme con ustedes, amigas y amigos de El Tresdé, para continuar con esta tarea de gimnasia política: la de analizar la democracia y sus promesas incumplidas.

En esta oportunidad abordamos la cuarta, el ciudadano no educado, siguiendo con la tutoría de nuestro politólogo elegido, el italiano Norberto Bobbio.

¿Cómo se logra la educación para la ciudadanía? A través del ejercicio de la democracia. Señoras, señores, la democracia se ejercita. Así se desarrolla, se reproduce y evoluciona. El continuo ejercicio de los derechos y las obligaciones inherentes al sistema son el reaseguro de su propia supervivencia.

Así planteado parece simple. Ahora bien, ¿es realmente simple llevarlo a la práctica? ¿Qué condiciones son las necesarias para promover la reproducción constante del sistema?

  • En primer lugar, un marco jurídico que asegure, plena y libremente, el ejercicio de los derechos ciudadanos. Esta responsabilidad recae esencialmente en el Estado. Es el Estado quien debe garantizar, respetando y haciendo respetar, este marco legal en base a nuestra Ley Fundamental, la Constitución Nacional.
  • En segundo lugar, un ciudadano participativo, activo y comprometido que contribuya desde su acción diaria a la evolución positiva de la democracia. Recuerden que en este sistema, la soberanía recae en la ciudadanía y no en el funcionario elegido como representante. Una ciudadanía activa y protagonista es fundamental y necesaria para la subsistencia de este sistema político. El ciudadano debe comprometerse en la articulación de apoyos, preguntas y cuestionamientos hacia quienes son sus representantes, asumiendo una participación activa en la formación de las decisiones que afectarán a todo el espectro social.
  • Por último, y a partir de los puntos anteriores, un proceso de retroalimentación entre quienes aseguran el marco jurídico y quienes ejercitan los derechos y las obligaciones. A mayor claridad en las reglas de juego, mayor calidad en el ejercicio ciudadano. Se da un círculo virtuoso que mejora continuamente las bondades de la democracia.

Hasta aquí, lo teórico e ideal. Vayamos ahora a toparnos con la dura realidad.

En palabras del autor: “Miremos a nuestro alrededor. En las democracias más consolidadas se asiste, impotente, al fenómeno de la apatía política, que implica a menudo casi a la mitad de los que tienen derecho a voto. Se trata, simplemente, de personas desinteresadas por lo que ocurre, como se dice en Italia con feliz expresión, en <palacio>”. (p.39)

También afirma que esta situación genera el aumento del voto clientelar (fundado en un apoyo político a cambio de favores personales), en detrimento del voto de opinión (basado en el compromiso político y orientado a proyectos generales para toda la sociedad).

La apatía distancia a un ciudadano del otro y del otro y del otro. Cada uno se encierra en su mundo personal y sólo busca la satisfacción de sus intereses particulares. Se pierde la conciencia democrática de conjunto. Y a partir de esa postura, vota.

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(Fotografía, Carlos Bosch)

A mediados del siglo XIX, el filósofo John Stuart Mill precisaba que “…en general, los gobernantes prefieren a los ciudadanos pasivos, ya que resulta mucho más fácil mantener en un puño a súbditos dóciles o indiferentes (…), si tuviesen que predominar los ciudadanos pasivos, los gobernantes harían muy gustosamente de sus súbditos un rebaño de ovejas que pensaran sólo en pastar la hierba una junto a la otra –y sin lamentarse…” aunque escaseara la hierba, agrega Bobbio.

Personalmente, agregaría al concepto de ciudadano no educado, el concepto complementario de ciudadano desinformado.

En sus inicios, la democracia fue el producto del reclamo popular por mayores derechos ante las clases dominantes; éstas, a medida que comprendían que la situación de dominación se hacía insostenible, fueron otorgando paulatinamente el ejercicio de mayores libertades.

Pero desde siempre, se guardaron recursos como para acotar el avance de la soberanía popular y “poner palos en la rueda”. Desde el voto censitario (calificado según riqueza o instrucción), pasando por el sufragio indirecto (por colegio electoral), el voto únicamente masculino, la proscripción de partidos, la colonización mental a través de la estructura educativa y hasta la interrupción del sistema por medios violentos.

En la actualidad, cuentan con un arma de destrucción mental que los ha liberado del uso sistemático de la violencia: los medios masivos y concentrados de comunicación.

¿Hay que irse muy lejos para comprobar estos planteos? No, están a la vuelta de la esquina…

  • ¿Dónde se demoniza la participación activa de la ciudadanía, tanto en lo que se conoce como militancia política, cuanto a lo que se refiere a manifestaciones en general? Aquí.
  • ¿Dónde se promueve el abandono del pensamiento crítico, ese que cuestiona y analiza, para luego llegar a una conclusión propia? Aquí.
    Al respecto, les recomiendo ver https://www.youtube.com/watch?v=Fb2Iq4SbHZQ, donde un asesor del actual gobierno critica el pensamiento crítico.
  • ¿Dónde se construye un relato único y antipopular, que envenena sistemáticamente al ciudadano indiferente inculcando el odio, el revanchismo y reafirmando esa indiferencia hacia lo político? Aquí.
  • ¿Dónde se falsean períodos de la historia relacionados a proyectos nacionales y populares de gobierno, presentándolos como los causantes de todos nuestros males como sociedad? Aquí.
  • ¿Dónde se menosprecia la actividad política asociándola únicamente a un ámbito inundado por la corrupción, de los otros obviamente, e invitando a la ciudadanía a alejarse de “ese barro”? Aquí.
  • ¿Dónde se cubre con un manto mediático el cinismo de las “verdades reveladas” que vierten nuestros funcionarios actuales? Aquí.
  • ¿Dónde se persigue y proscribe a medios con relatos alternativos acusándolos de “golpistas”, por aquellos que se consideran los “campeones de la democracia” pero que, en su momento, no dudaron en acudir a las fuerzas armadas para interrumpir gobiernos elegidos por la voluntad popular? Aquí.

Podría seguir. Pero aquí me detengo. Sólo una consideración final.

No todo está perdido. Altos porcentajes de nuestra sociedad han demostrado compromiso y participación a lo largo de nuestra joven democracia. Ríos de sangre recorrieron nuestro país con el objetivo de “despolitizar” la sociedad. Sin embargo, no ha sido suficiente. La llama de la actividad y la participación ciudadanas continúan encendidas.

Es nuestro deber democrático la creación de conciencia hacia lxs ciudadanxs indiferentes, para intentar convertirlxs en ciudadanxs activxs, que no necesariamente deberían coincidir ideológica o políticamente con nosotrxs. El objetivo es la participación y el compromiso con el sistema.

A partir de 2003, se pudo vislumbrar una renovada actividad democrática y política a todo nivel en nuestra sociedad. Se ampliaron los horizontes de participación y el acercamiento hacia lo público generó  un entusiasmo que hizo frente a la apatía.

Como hemos podido comprobar, eso tampoco fue suficiente.

Texto: Fabián Pagani, es porteño e hincha del Rojo. Tiene 54 años y, desde 1992, trabaja como profesor de Historia en la escuela secundaria. Desde 2016, estudia la Licenciatura en Ciencia Política en la Universidad de San Martín. Se considera músico de nacimiento, basquetbolista hasta que pudo y bien nacional y popular.

Selección fotográfica: Celeste Destéfano. Fotografía a cargo de Carlos Bosch,  fotógrafo argentino, nació en Buenos Aires en 1945, desarrolló siempre, y de manera notoria, un fuerte compromiso con la construcción de una mirada propia en su discurso visual. Una mirada irónica y fatalista, con un blanco y negro contrastado y expresivo, que siempre gira sobre el hombre, sobre las angustias de la vida y sobre la muerte.

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