Zuleika Esnal no se calma nada

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Zuleika Esnal es porteña, actúa, escribe y, desde hace un par de años, recibe cientos, miles de mensajes en su casilla de Facebook, en la cuenta “No me calmo nada”, de mujeres de toda Latinoamérica que le cuentan sus más íntimos sufrimientos a causa de la violencia machista.

Todo surgió con un posteo personal, en 2016, cuando, indignada, batalló discursivamente sobre la noticia de una violación masiva a una adolescente brasileña; Zuleika hizo saltar a la vista la injusticia, la barbaridad, el horror ya desde su título, “Bancatelá”. Una historia personal como tristísima representante de un problema social, la violencia que sufrimos las mujeres, de todas las clases sociales y de distintos modos, por ser mujeres.

Entonces, comenzó el intercambio cotidiano con más y más mujeres que sigue en el presente. Escucha a las que se animan a hablarle y abre el juego para que todas lean las historias de otras y puedan sentirse menos solas, animarse a salir del silencio.

Zuleika transformó todo ese tránsito que no termina en una obra teatral Piel de cordero. Estoy acá y en un libro de relatos Estoy acá. Mujeres sobrevivientes. Este último se presentará el próximo 20 de octubre a las 18hs en la sede de Unidad Ciudadana en Caseros (Av. San Martín 2784).

A este momento, sabemos mucho sobre tu recorrido público desde aquel “Bancatelá” y algunos detalles sobre el pasado personal previo a ese texto viralizado. Nos encantaría saber: ¿En quién devino, al momento presente, Zuleika Esnal?

Yo sigo siendo la misma, no devine en nada, sigo siendo la misma persona; simplemente que me dedico gran parte del día a relatar y a contar historias tremendas de mujeres que han sufrido dolores inmensos. La única diferencia tiene que ver con lo que hago, mi esencia sigue siendo la misma. Me convertí en una persona que escribe y cuenta dolores enormes de un montón de mujeres de toda Latinoamérica.

Tu trabajo desde “No me calmo nada”, la compañía que tu “estoy acá” supone para quienes te escriben y te leen, se dieron en un contexto nacional de una puja feminista en múltiples ámbitos -visibilización masiva de las manifestaciones contra la violencia de género en todos sus aspectos, incluso en favor de la legalización de la IVE, surgimiento de nuevos espacios feministas y mayor publicidad de las luchas históricas del movimiento de mujeres, destape de temas tabú en los medios masivos de comunicación, etc.-. ¿Cómo leés ese contexto en relación a lo que hacés cada día,  junto a todas las que recurren a tu voz y a tu escucha?

No leo ningún contexto. Lo que hago es lo que anteriormente te contaba. Sí noto que cada vez es más grande este movimiento y que cada vez es más grande la necesidad de decir, de visibilizar, de salir a la calle. Estamos entendiendo eso, creo yo, y es maravilloso. Sobre todo para las que van a venir. Cada vez hay más pibas en la calle y eso es una tranquilidad enorme para cuando nosotras no estemos. Yo miro y estoy y salgo a la calle y no me detengo en el contexto, no tengo una mirada tan intelectual sobre lo que hago y lo que soy y sobre ese entorno. Quiero decir, no soy boba, yo miro alrededor y veo todo lo que está sucediendo y en el medio hago todo lo que hago. En relación a esto último, bueno, es directa: son mujeres sufriendo violencia de género y el resto, todo lo que yo veo afuera son un montón de  mujeres saliendo a la calle y luchando para que eso se modifique y se rompa. Cuando hablamos del patriarcado que se va a caer, pues eso, estamos luchando contra lo que está sucediendo y está siendo tan naturalizado, por ejemplo, avisar que llegaste viva a tu casa; cuando vos decís “llegué bien”, estás diciendo que llegaste viva. Y un montón de otras cuestiones que están naturalizadas, contra las cuales estamos luchando. Me importa decir que todo lo que está pasando no tendría que estar pasando, no es normal, no es natural.

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¿Cómo creés que se fue construyendo la red de lectura, de entendimiento, de identificación y hasta de acompañamiento físico entre esas mujeres que te confiesan la violencia machista sufrida, los horrores de su pasado y de su presente? ¿Creés que es posible encontrar una clave para explicarlo?

Se fue construyendo boca a boca. Una mujer lee a otra y cuenta su historia. Y otra más lee a esta persona y cuenta la suya. No hay una clave para explicarlo, sino simplemente es la palabra y la historia y otros ojos leyéndola, haciéndola carne, compartiéndola y sosteniéndose. No hay mucho más misterio que eso. Yo empecé escribiendo un relato que fue “Bancatelá” y a los tres días tenía 150 mensajes de mujeres de toda Latinoamérica y las empecé a contar una por una. Hasta el día de hoy, son más de 8mil mujeres con las que he hablado y lo sigo haciendo y no hay una clave, ni una técnica; simplemente las voces fueron llegando y ahora es cada vez más grande.

¿Cómo suele suceder la llegada de acompañamiento y ayuda de otras mujeres a quienes protagonizan tus relatos y están sufriendo la violencia machista y sus consecuencias en tiempo presente?

La llegada de ayuda es muy simple, es a través de otras mujeres, que leen que hay una compañera o una persona en dificultades y se van conectando y ayudando. No hay mucho más misterio que ése. Es boca en boca y una mujer leyendo a otra y dándole una mano. No hay ninguna organización, ni organismo, ni burocracia, ningún procedimiento. Es una mujer ayudando a otra porque leyó su historia.

¿Estás conectada con alguna organización vinculada al trabajo que venís haciendo?

No me contacto, ni trabajo con ninguna organización. Soy yo con mi teclado y el vínculo con estas mujeres. Sí formo parte del colectivo de Actrices Argentinas, que nos empezamos a reunir en relación a la ley del aborto, pero no tiene que ver con lo que yo escribo.

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Tus notas, donde contás los testimonios de aquellas mujeres con quienes conversás, algunos de los cuales son parte de tu reciente libro Estoy acá. Mujeres sobrevivientes Grupo Editorial Sur, me dieron la sensación de tener un trabajo poético que me permitía entrar a esas experiencias terribles con cierta fortaleza, como acompañada ¿Cómo trabajás en la construcción de las notas antes de subirlas a “No me calmo nada”?

No trabajo en su construcción, antes de subir las notas a “No me calmo nada”. Escribo lo que me pasa a mí en relación a lo que charlo con ellas. Es mucho más simple lo que yo hago, mucho más simple. No estudié Letras, no tengo pensado hacerlo, ni siquiera soy una escritora profesional. Yo hablo con estas mujeres y lo vuelco en lo que escribo, ni siquiera hago borradores. Me siento a escribir, termino de escribir y la subo. No construyo, no corrijo, no premedito. Reviso nuestras charlas, me siento a escribir –por supuesto, siempre con el visto bueno de las chicas- y luego subo las notas. Ese es el sistema, si se quiere: charlar con ellas y volcarlo en la palabra. No hay mucho más.

Hace poco, en septiembre, presentaste tu obra teatral Piel de cordero. Estoy acá en el local de lxs compañerxs de Unidad Ciudadana en Caseros. ¿Cuáles fueron las repercusiones durante y luego del encuentro con ese público?

Las repercusiones de la obra fueron maravillosas como siempre. Nosotras vamos de gira a todos lados donde nos inviten. Durante el encuentro, no hay mucha repercusión porque estoy actuando en el escenario. Pero luego del encuentro, yo saludo una por una a las personas que van, absolutamente siempre. Muchas palabras al oído, mucho abrazo, mucha emoción. A mí lo que más me gusta es ir por los lugares llevando esto que hacemos. Soy actriz y escribo. Siempre digo, si fuera veterinaria, les curaría el perro. Lo que hago es esto y esto es lo que llevo a todas partes y la repercusión siempre es hermosa.

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En octubre presentarás también en Tres de Febrero tu libro, que mencionamos anteriormente. Más allá de las particularidades de cada lugar y grupo, ¿Cómo suelen ser esos eventos donde una vez más, como en la obra, los testimonios de víctimas de violencia machista se hacen protagonistas?

Siempre que voy con mi librito a cualquier lado donde vaya, digo lo mismo: “no vengo a hablar, vengo a escuchar”. Todas tenemos una historia. Dejo hojas de papel en cada silla para que las pibas escriban lo que quieran después del encuentro. Yo siempre leo todo. Me hace muy bien. Algunas no se animan a hablar, pero se animan a escribir. Algunas no saben escribir y dejan algún dibujo. Son encuentros donde las mujeres hablan. Yo no me voy hasta que no hablen. Y es muy movilizante darse cuenta de que no están solas, de que son un montón, de que todas vivimos, en mayor o menor medida, algún tipo de abuso por el solo hecho de ser mujeres. Así que son muy impresionantes los encuentros y cada vez son más visibles, más masivos, cada vez se habla más, por suerte. A mí me hace muy feliz ir por todos lados porque es muy necesario.

Revalorizás la palabra, herramienta para salir del silencio y el aislamiento, como primer paso para empoderarse e intentar romper el círculo violento. ¿Cómo la palabra te empodera a vos, Zuleika?

La palabra a mí me empodera porque es mi recurso para darles voz a las mujeres que no la tienen, o que la tienen pero no pueden usarla todavía. Yo ya estoy empoderada, yo tengo voz, yo no me callo. Pero hay otras que sí todavía están en silencio y para mí es un arma para poder ayudar a esas otras. Y ése es mi propio empoderamiento.

 

 Fotografías: Celeste Destéfano
Entrevista: Pamela Neme Scheij

 

 

 

 

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