#3poemas1poeta Florencia Madeo Facente

Nació en 1992. Está terminando el profesorado en filosofía y actualmente trabaja como profesora de español para extranjeros. Asiste al taller de Paulina Vinderman. Le gusta mucho el cine y todos sus gatos tienen un título nobiliario acorde a su linaje o pasado oscuro.

Entré a un almacén de la costa

Con polvo sobre viejos productos
de cosmética (perfumes que, por ejemplo, Avon
ya no vende en el catálogo)
y alguna que otra estampita religiosa,
un santo con cara de pescado,
y lo que siempre falta.

Dos nenes frente a una computadora casi vieja
a los disparos dentro de un juego
en primera persona multijugador.

Se venden sombrillas y pequeños muebles de playa
por si se te ocurriera broncearte
y permanecer quieto junto a ellos
toda la temporada.
La mujer que me atiende me pregunta cómo está el tiempo.
Se ve que no sale desde la edad del polvo.
Yo pienso que de tanto viento tomaron consistencia
un par de cosas que podrían llegar a justificar
aquella pregunta común sobre la atmósfera,
que lo más manso de la ola se estiró como una lengua
y se comió a las gaviotas,
y que no somos quiénes para entender su muerte.
Alrededor de los arrecifes se empuja algo, no sé bien,
que vuelve sólidos los tiempos,
el mío y el del salmón congelado en la ventana,
tiempo materializado como el de una silla rota
que soporta la lluvia en la calle
mientras nadie se la lleva.
Los adolescentes no despegan sus ojos de la pantalla.
Me preocupa imaginarlos con una cruel ceguera.
De pronto, sobre el rifle que dispara caen pedazos blancos.
-¡Está nevando!
-Wow, qué lindo…

 

25 años

Estoy en una edad
en la que ya no sería apropiado que se me muriera una planta,
tampoco salir sin paraguas o descuidarme el esmalte.

(Desconocido amor de mis diarios íntimos,
dejaste al fin de parecerte a un vendaje.
Tu elástico desprotegió con un ruido mi tamaño.)

Hay igual distancia entre los veinte y los treinta,
sé que puedo ser un puente en destrucción
o todo lo contrario.

Mi rostro final es rescatado de un cofre oscuro,
pierde el resplandor yendo cada vez más
cerca de la superficie,
en lugar de huesos los demás reciben mis poemas
y mis padres agitan sus pañuelos sobre mí
como si partiera.

 

5.

Pensá en esos puestos de flores
y diarios que quedan abandonados
tras el inicio de un terremoto.

 

*Si flasheaste con estos poemas y querés conseguir el libro Celofán. Antología de poetas jóvenes, entrá a la página de La carretilla roja Ediciones y enterate de sus puntos de venta.

Coordina #3poemas1poeta: Melisa Papillo

Diseño sin título

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