Universidad en crisis: ¿fin del conflicto?

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En una nota publicada por el diario Clarín el viernes 7 de Septiembre, se alude –en el propio título- a un supuesto fin del conflicto por las paritarias de lxs docentes universitarios, al conocerse la noticia de que una mayoría de gremios aceptaron el incremento salarial de un 25% propuesto por el gobierno Nacional; leído por distintos sectores como una victoria tras semanas de lucha intensa o como una abdicación en la lucha frente a una inflación que supera el 40% este año.

Sin embargo, la nota no logra captar el escenario de las universidades nacionales de nuestro país. Quien crea que la lucha sólo tiene como eje la búsqueda de sueldos decentes para lxs docentes está equivocado. En las distintas universidades nacionales se han hecho extensivas las tomas, las vigilias, las asambleas, las movilizaciones, las clases públicas y todas las estrategias de visibilización de un conflicto que tiene para largo. El clima en general de las universidades públicas es de lucha y también de incertidumbre. En estas semanas, más que nunca, ha primado la unión entre docentes y estudiantes con la misión de salvar la universidad pública del saqueo, ante el silencio de los medios masivos de comunicación, el gobierno nacional y las propias jerarquías universitarias que, en algunos casos, no lograron hermanarse y subirse a esta ola de movilizaciones.

Que se empiece a cerrar la paritaria docente y que algunxs lo festejen como una victoria, merece nuevas lecturas y nuevos debates con nuestrxs docentes, que pueden decirnos cómo vivencian un acuerdo paritario que ya está superado por la inflación hace tiempo, en un momento en que la urgencia se hace presente en todos los bolsillos de lxs trabajadorxs y en que los amigxs del sentido común amenazan con adherir –silenciosamente o a viva voz- al descuento en el sueldo mensual para lxs docentes que paran.

Semanas de lucha en la UNSAM

Particularmente, nuestra universidad no sólo se ve amenazada en un contexto generalizado de recortes a la ciencia y tecnología –que contiene inclusive la baja de categoría de Ministerio a Secretaría- y de degradación del salario docente, la comunidad de UNSAM también ha tenido que enfrentarse a la decisión unilateral de la Agencia de Administración de Bienes del Estado de disponer de una porción de los terrenos de la universidad para la ocupación por una empresa que actualmente desarrolla sus actividades en Colegiales. Esta decisión lejos de ser inocente y ejecutada por burócratas, se enmarca en el contexto de ataque a la educación pública. Sin embargo, gracias a la lucha de alumnxs y docentes, el jueves retornamos de la marcha por la educación pública universitaria con las primeras noticias que informaban un retroceso en la decisión.

En este contexto, se desarrollaron las jornadas internacionales “Universidad, intelectuales y política”, compuesta por mesas que contaron con la participación de docentes de distintas universidades nacionales e investigadores del CONICET, además de investigadorxs de otras universidades latinoamericanas. Si bien la consigna de estas jornadas fue retomar el legado de la Reforma universitaria de 1918, “a un siglo de su estallido”, inevitablemente las charlas también dieron giros interpretativos de la coyuntura a la luz de la historia de lucha por nuevos parámetros inclusivos para las universidades nacionales (en el ´18 fue fundamentalmente la lucha por el cogobierno, la autonomía universitaria y la disputa en torno al aporte social que las universidades deberían proveer al país, rompiendo con una lógica de universidad emisora de títulos profesionales para el ejercicio de actividades lucrativas o como institución por donde debían pasar las elites gobernantes, para repensar y reconstruir la universidad como institución que abona a la identidad cultural de un país).

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A lo largo de la historia y en la actualidad, la Universidad[1] se ha consolidado como espacio de disputa alrededor de los significados que adquiere la producción de conocimiento que se difunde desde allí dentro. En este sentido, el aporte de esta nota será dejar asentadas algunas reflexiones generales que retomaron los académicos que han formado la mesa “Las universidades argentinas a la luz de la reforma del ‘18. Historia y desafíos”.

En primer lugar, me gustaría destacar que se ha retomado a la generación del ’18 como una generación que ha valorado –al menos instrumentalmente- el vínculo entre el estudiantado universitario y la clase obrera. En este sentido, el legado histórico es de lucha y organización de alumnxs que decidieron impulsar reformas mediante ciclos de mitines, actos y discusiones; que al igual que hoy, han sido descriptxs por la prensa como una población de carácter subalterno. También fue retomado como un precedente de la organización estudiantil con vocación democratizadora, latinoamericanista y antiimperialista que ha pasado por diversos ciclos de fundación y refundación.

Sin embargo, esto no significa que esta tradición e identidad no haya sido disputada, según la académica Natalia Bustelo (2018), en principio fue una minoría de reformistas que, al calor de la revolución rusa, comenzaron a disputar el sentido del reformismo universitario para dejar atrás reivindicaciones oligárquicas del movimiento estudiantil y vincularlo con el obrerismo y las luchas de lxs trabajadores. Al igual que hoy, esta identidad sigue siendo disputada, inclusive a la hora de interpretar cuál es el significado del legado histórico reformista ya que hoy es reivindicado tanto por los radicales que forman parte de la gestión de gobierno actual como por los sectores izquierdistas que dan la lucha en las universidades exigiendo mayor inclusión.

En segundo lugar, se ha dado cuenta del debate histórico que tiene lugar desde el ’18, o antes, entre los que piensan a la universidad y la producción de conocimiento al servicio del bienestar social y el desarrollo económico -que reivindican una ciencia experimental[2]– y los que piensan a la universidad como una institución que debe producir “ciencia en libertad”, bajo el paradigma de la ciencia pura.

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En tercer lugar, se ha abordado la necesidad de seguir pensando los desafíos de la universidad en torno a: el trabajo interdisciplinar, la disputa acerca de la utilidad de la investigación, la perspectiva inclusiva, la necesidad de seguir dándole el valor que le corresponde a la democracia intrauniversitaria y los desafíos que trae aparejado “hacer política” en este ámbito que, como vimos, se encuentra disputado tanto en su funcionamiento, como en sus parámetros pedagógicos; y que nos propone recuperar la tradición de hacer política para exigir el cumplimiento de derechos –agrego- pensando nuevas estrategias de lucha y movilización que nos permitan discutir con quienes sólo nos ven como lxs agitadorxs que no trabajan y hacen paro –un sentido común desde hace tiempo construido por los medios hegemónicos de comunicación.

 

[1] De la cual se obtiene la gratuidad recién en 1949 y el ingreso irrestricto en 1953.

[2] En esta sección Diego Hurtado (UNSAM) ha aprovechado para citar a Kornblihtt que nos invita a reflexionar sobre nuestras posturas en este contexto alegando que “con un dólar a $40, se acabó la ciencia experimental”.

 

 

Florencia Romero. Tengo 22 años y soy de Loma Hermosa. Estudio la Licenciatura y el Profesorado Universitario en Ciencia política en UNSAM desde 2014. Actualmente, me encuentro trabajando en una tesis sobre la agenda de seguridad gubernamental. Me gusta reflexionar y escribir desde la ciencia política sobre distintas temáticas. Soy militante de la izquierda popular y feminista.

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