Reflexiones sobre la Democracia – Parte III

_MG_8504.jpg

Promesas incumplidas: la representación política

Dicen que la tercera es la vencida…no será éste el caso; aún son varias las cuestiones que debemos tratar en esta gimnasia política de conocer la democracia a fondo y, por sobre todo, lo que este sistema aún nos debe.  Continuaremos recurriendo al politólogo Norberto Bobbio para que nos acompañe en este camino.

¿Qué hace que tomemos la decisión de elegir a tales o a cuáles candidatxs cuando afrontamos una elección?    Una vez que decidimos a quién elegir, ¿qué esperamos de ella o de él?

Menudo tema ¿no? Por experiencias propias, y creo que coincidirán conmigo, sabemos de aquellxs que eligieron sustentados en principios; o de aquellxs otrxs que decidieron por unx para que el del partido contrario no ganara; también de aquellxs que eligieron basadxs en el “me cae bien”, tanto como lxs que lo hicieron en base al “no me lx banco”. Analizar todos los elementos que inciden en la toma de decisiones durante una elección, así como aquellos que deberían tenerse en cuenta y pasan totalmente desapercibidos es una tarea apasionante, aunque en gran medida inabarcable. Y sumemos a esto último, todas las ocasiones en que los candidatxs, valiéndose de todos esos elementos que pasan desapercibidos, utilizan propuestas engañosas con el único fin de lograr sus objetivos. ¡Debemos madurar políticamente y con suma urgencia!

Elegir a lxs representantes que regirán los destinos del país por un lapso determinado de tiempo no es juego, no es gratis, tiene consecuencias que afectarán a toda la sociedad para mejor o para peor.

“El pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes…” reza nuestra Constitución Nacional. Los ciudadanos de la Atenas antigua, allá por el siglo V a.C., deliberaban y gobernaban; su democracia era directa. La actual, la nuestra, nació indirecta o representativa.

En palabras de nuestro autor: “…en contraposición a la democracia de los antiguos, la nuestra habría debido caracterizarse por la representación política, o sea, por una forma de representación en la que el representante, al ser llamado a velar por los intereses de la nación, no puede estar sujeto a un mandato vinculado.”

En criollo: una vez sentadx en su banca o en su sillón, el/la representante ha de velar por los intereses de la nación y NO por intereses individuales o de grupo.

No estamos pagándole honorarios, por ejemplo, a un abogado para que defienda un interés personal o grupal en una situación judicial; éste sería un mandato vinculado o imperativo. Su deber es cuidar el interés particular de aquel al que representa.

LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA NO ESTÁ SUJETA A MANDATO VINCULADO O IMPERATIVO ALGUNO.

Aquí se plantea la segunda promesa incumplida de la democracia: EL DESQUITE DE LOS INTERESES.

Dice Bobbio: “Jamás ninguna norma constitucional ha sido más violada. Jamás principio alguno ha sido más descuidado que el de la representación política.

Y tiene lógica esta afirmación. En nuestra anterior publicación, cuando tratamos el tema de la sociedad pluralista, concluimos en que el poder soberano que inicialmente pertenece a cada individuo se diluye en la formación de grupos de poder contrapuestos que luchan entre sí. ¿Qué otra forma de representación podríamos tener que no sea la que defiende los intereses de tales grupos y pierden de vista los intereses generales de la nación? Es más, los grupos de poder se encargan inteligentemente de IDENTIFICAR SUS PROPIOS INTERESES CON LOS INTERESES DE LA NACIÓN: “Si a nosotros nos va bien, al país le va bien”. Dejo a vuestro criterio determinar cuántas veces caímos en el engaño durante nuestros doscientos años de historia.

Vuelvo a Bobbio: “¿Y dónde podemos encontrar un representante que no represente intereses particulares? Ciertamente no en los sindicatos. ¿En el Parlamento? Pero, ¿qué representa la disciplina de partido sino una abierta violación de la prohibición del mandato imperativo? Aquellos que a veces huyen aprovechándose del voto secreto, ¿no son tal vez tachados como réprobos a los que hay que señalar a la condena pública?”

¿Qué sería de la carrera política de un diputado cuya reelección depende del apoyo del partido, por ejemplo, si se atreviera a desafiar el mandato que emana de su propio partido?

Si aceptamos como válido el planteo de nuestro autor en su reclamo por una democracia con menos impurezas, qué decir del caso argentino donde no sólo se viola la representación política sino que también, en innumerables ocasiones, ocurre a la inversa. ¿Recuerdan ustedes a diputados de la rama sindical apoyando por acción u omisión leyes que flexibilizan el trabajo en beneficio de la rama empresarial? Pues yo sí lo recuerdo y espero que ustedes también.

Determinar a quiénes responden nuestros representantes a la hora de tomar decisiones no es tarea sencilla. Sin embargo, podemos darnos una idea sólo observando algunas situaciones ocurridas durante los últimos 35 años de nuestra joven democracia.

 

Texto: Fabián Pagani, es porteño e hincha del Rojo. Tiene 54 años y, desde 1992, trabaja como profesor de Historia en la escuela secundaria. Desde 2016, estudia la Licenciatura en Ciencia Política en la Universidad de San Martín. Se considera músico de nacimiento, basquetbolista hasta que pudo y bien nacional y popular.

Fotografía: Celeste Destéfano, nació en 1983, en Buenos Aires. Camina junto a la fotografía hace diez años y es en lo documental donde encuentra su idioma. Es madre, feminista, compañera y pretende siempre ser una obrera de la memoria.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: