Sergio Vargas: oficio de palabrero

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Soy un cuenta historias, siento que llevo dentro esa costumbre ancestral de tomar la voz alrededor del fuego y contar el mundo así como me va surgiendo, como río de palabras. Palabras que dicen y van siendo. Es un oficio antiguo y del que me parece ser heredero. Un heredero de los pueblos que me constituyen… un palabrero.

Sergio, ¿Por qué el teatro de títeres? ¿Cómo llegaste a este arte y cómo crecés en él?

Creo que los títeres se presentaron como el elemento, la herramienta que hace más sencillo ese oficio de palabrero, de hacedor de historias. Sumaron cierta indecible cantidad de ojos, de nuevas voces para ver y contar el mundo, los mundos. Llegué de chico, al final de mi adolescencia y con cierta necesidad de salir a los caminos, de llevar a diferentes lugares esos cuentos vividos por sus protagonistas. Los títeres permiten que las palabras devengan acciones, relaciones y hacen del cuento una verdad más palpable, más “al alcance de la mano”.

¿Qué ideas e intenciones sentís que te atraviesan cuando creás una obra de títeres o ponés en escena una obra de otrx, por ejemplo “El panadero y el diablo” de Javier Villafañe, que hace poquito compartiste en la Biblioteca Popular de Ciudad Jardín?

Creo que cada vez que interpreto alguna obra, sea mía o de algún otro autor, comienza un instante mágico que interrumpe toda realidad externa a eso que, quienes interpretamos y quienes ven, construimos en conjunto. Ahí pienso que las obras no son ni mías ni de nadie y a la vez son de todxs lxs que participamos del “rito”. El público, el autor, el titiritero y los títeres tenemos un acuerdo tácito, eso que algunxs llaman el “pacto ficcional”. Cuando dicho pacto se concreta, eso que empieza a suceder no es lo que Javier Villafañe, por tomar el ejemplo de la obra que hice en la Biblioteca, escribió ni tampoco es lo que yo arranco a interpretar. Es una obra nueva cada vez, que nace en cada instante en que los titiriteros y las titiriteras del mundo decimos ser El Panadero o el Diablo. Y el público aporta una parte importantísima, porque sus reacciones suman. En este arte no hay mirar callado, el público suma texto y acción que renueva cada irrepetible función.

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Desde El Tresdé creemos que toda puesta artística expresa un posicionamiento político y una proyección política en el intercambio con lxs lectores, con lxs espectadores, oyentes, etc. ¿Pensás parecido? ¿Cómo aparece esto en tus obras?

Creo que la vida toda tiene “mandato político”. Y el arte es uno de los vehículos más importantes y privilegiados a la hora de asumir y construir política. No puedo dejar de pensar que el arte es necesariamente transformador y en ese sentido es siempre político. Ojo que político no necesariamente es panfletario (aunque a mí como artista no me molesta caer en el panfleto). Lo que sí creo es que lo político no debe nunca ser un condimento que bloquee el sabor de lo estético. Cuando una obra de arte “se cocina”, me parece fundamental que la sazón se presente equilibrada, para que los paladares disfruten lo que se presenta en la mesa que es el escenario (o el libro, o la tela, o la pantalla).

Lxs niñxs – y lxs grandes- disfrutan jugar con su propio cuerpo, poner en acción la imaginación, inventar sus propios juegos y, sin embargo, lxs adultxs parece que solemos insistir con lo prefabricado, lo tecnológico como protagonistas y, a veces, únicos proveedores de diversión para lxs niñxs. ¿Qué opinás acerca de eso? ¿Creés que siempre queda alguna grieta para subvertir tanta pasividad inducida?

Vivimos un tiempo en que la humanidad pareciera buscar, antes que nada, la comodidad. Lo que viene masticado y digerido, en tanto ofertas culturales, parece ser lo que más vende. Y eso, principalmente a lxs adultxs, nos sienta cómodo. Niñxs con tablets, celulares y pantallas que no incomoden las pantallas que lxs grandes consumimos. Pero en cuanto monto mi retablo (al menos hasta acá la experiencia de estos casi veinte años de actor-titiritero no me contradice), la atención de las mayorías abandona las pantallas y se centra en este milenario recurso que, aún con tanta competencia enlatada, parece no haber perdido el encanto. Frente a la tele más grande, todavía gana el retablo de estructura metálica y fondo de tela con esos personajes de papel maché que, aunque no cambien su gesto estático, la gente ve reír, llorar, despotricar, gritar y hacer morisquetas. El animismo ancestral viene profundamente grabado en nuestras almas y cuando un simple muñeco nos habla, todavía nos interpela.

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¿Vos construís tus títeres?

Sí, los hago con cartapesta, cartón, telgopor y tela.

¿Te gustaría guiarnos para lograr hacer nuestro propio títere? Algo así como una “guía rápida y práctica para que construyas tu propio títere”.

  1. Lo primero que tenemos que hacer es preparar el engrudo. Para ello, debemos colocar una olla a calentar a fuego lento e ir tamizando harina hasta comprobar que la mezcla alcance una consistencia similar a la cola adhesiva. En ese momento, hay que apartar la olla del fuego y colocar dos chorritos de vinagre o lavandina y dejar enfriar.
  2. En este segundo paso, vamos a hacer los ojos de nuestro futuro títere. Para eso, tenemos que cortar las esferas pequeñas de telgopor en mitades.

El paso que sigue es el que nos permitirá hacer el cuello: debemos cortar en mitades un tubo de papel higiénico y unirlas luego con cinta de papel, rodeando los dedos índice y mayor. Para encastrar el cuello, hay que hacer un agujero en la esfera del mismo tamaño que éste y colocarlo hasta ¾ de su tamaño.

  1. Para terminarlo, se rodea el cuello con el cordón fino en su terminación y se pega con el pegamento universal.
  1. Ahora, debemos hacer un corte longitudinal donde encastraremos la base de la nariz previamente cortada en cartón fino (del mismo modo pueden colocarse orejas).
  2. El paso siguiente es pegar, a ambos lados de la nariz, las semiesferas que constituyen los ojos.
  3. Previamente a este paso, tenemos que cortar el papel seda en cuadraditos. Una vez hecho esto, tenemos que, con el engrudo, cubrir toda la cabeza con varias capas de papel. Hay que asegurar ojos, nariz, cuello y orejas si las hubiere. Una vez terminado, dejar secar.
  4. Pintar toda la cabeza con una base de pintura blanca.
  5. Caracterizar el personaje según lo que necesitamos o queremos (pintura, pelo y detalles).
  6. Pasar el molde del cuerpo a un cartón. Luego, con éste marcar una tela doble.
  7. Cortar la tela siguiendo la marcación y después coser por el borde, dejando aberturas en el cuello y en la base.
  8. Colocar un elástico alrededor del cuello.
  9. Poner la cabecita y ¡manos a las obras!

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Contanos dónde solés presentar tus obras, dónde preferís hacerlo y dónde fantaseás con hacerlo alguna vez, algún espacio aún no explorado.

Soy educador popular, trabajo en barrios o villas hace muchos años, en Centros Comunitarios. Ahí suelo presentar mis obras y es el ámbito donde me muevo como un pez en el agua. Después, actué en todos los espacios que puedas imaginar: teatros, universidades, plazas, iglesias, asambleas populares, movimientos campesinos, sindicatos, clubes, hospitales, escuelas, geriátricos, manicomios, cárceles, cortes de rutas o calles, escuelas, patios, playas, comunidades originarias… No sé si me queda algún espacio sin explorar. Vivo en Ciudad Jardín y a veces fantaseo con la posibilidad de ganar las calles y volver ese vecindario un lugar más popular, con la gente despreocupada por la “inseguridad” y encontrándose con otrxs, conociéndose más. Un festival con música, bailongo, obras en plena calle sin la necesidad de pedir permiso a nadie para llevarlo a cabo.

> Una frase que te parta la cabeza por su hermosura > Es la frase que elegí para mi presentación de Facebook y pertenece a Mijaíl Bakunin: “Mientras exista una clase inferior, perteneceré a ella. Mientras haya un elemento criminal, estaré hecho de él. Mientras permanezca un alma en prisión, no seré libre.”

> Unx autorx que te acompañe en tu arte y en tu vida > Javier Villafañe y los Migueles de la literatura española (Miguel de Cervantes, Miguel de Unamuno y Miguel Hernández).

> Una canción que te suene los días de descanso > “Plegaria para un niño dormido” y muchas otras del Flaco.

> Unx titiritero ídolx > Martín Pablo Sáez y El Guaira Castilla.

> La risa, la furia, el silencio o todo. Cuándo > La risa cuando la alegría se comparte. La furia cada vez que pienso en este gobierno. El silencio cuando toca escuchar a otrxs y/o también a unx mismx.

> Una escena de tu vida que representarías en tu retablo > Muchas escenas de mi vida las convierto en cuentos. Colecciono estas escenas y muchas son de viajes que hice junto a los títeres.

Escribís poesía también. ¿Nos compartís algunas?

No escribo tanto como me gustaría, hay como una tendencia grande a la oralidad en mí que relaciono a esa idea antigua de las historias alrededor del fuego, a los tiempos en que la lengua comenzó a parirse (en el sentido de nacerse a sí misma), cuando nadie aún escribía. Tengo unos cuantos poemas sí transcriptos y ojalá les guste este par que les comparto, que es parte de un poemario llamado “Podológicas”, que reúne unos veinticinco pares de poesías dedicadas a los pies, numeradas en riguroso orden…

 Podológica Primera

Desde el tiempo hasta la comisura de tu empeine
median siglos de sigilo y metros de entretela.

El cayo desmembrado de mis dedos apenas puede
visitar la línea aburrida de aquellos pasos dados por
nadie.

¡Vaya distancia un pie cuadrado!
¡Vaya superficie un pie de largo!
¡Vaya misterio la podología!

Unas cartilaginosas uniones al talón observo
encaramadas como uñas blandas y fuertes en
los repulgues pringosos de tu alma.

Entre carpo y metacarpo fungosidades
cohabitan con otras malas intenciones
a la suerte frustradas.

¡Vaya superficie un pie de largo!
¡Vaya misterio la podología!
¡Vaya distancia un pie cuadrado!

¡Pie dad al pie piedad!
¿Dedo de do sacaste la nota de tu do?
Pasa cada paso en sopa la cucaracha,
¡y no mientas más al caminar!

Podológica Segunda

Una uña
dos,
tres,
cuatro,
cinco uñas.
Un talón,
un empeine,
un tobillo.
Algunos tendones
y pocos pelos sobre
cinco dedos.
Un pie.
Dos uñas
cuatro,
seis,
ocho,
diez uñas.
Dos talones,
dos empeines,
dos tobillos.
Más tendones
y otros pocos pelos sobre
nuevos cinco dedos.
Dos pies,
¡para ir a donde quiera!

 

Entrevista: Pamela Neme Scheij

Fotografías facilitadas por Sergio Vargas

 

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