Reflexiones sobre la Democracia – Parte II

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En nuestro primer encuentro, les invité a conocer, analizar y reflexionar sobre las características de un sistema al cual no sólo interpelamos diariamente, sino que también nos interpela a cada uno, tanto a los que confiamos en él como a quienes lo detestan (que los hay y muchos): la democracia. Continuemos con esta gimnasia política…

He planteado, a partir de la obra del politólogo Norberto Bobbio, una definición mínima y fundamental del régimen democrático. Como punto de partida, me he referido a lo ideal, lo puro, la teoría del deber ser de la democracia, el sistema en estado de perfección.

Sin embargo, e inevitablemente, debemos confrontar ese ideal  con la cruda realidad de la democracia en el mundo y esencialmente en un país como el nuestro, donde su juventud e inestabilidad es manifiesta.  No podemos, como ciudadanos, darnos el lujo de ver y no mirar; de dejar pasar las fallas sin, como mínimo, alzar nuestra voz para manifestar la firme voluntad de luchar para que se subsanen. ¿Viviremos lo suficiente para verlo? Tal vez no…pero ¿quién nos quitaría lo luchado? Aparte, los que vienen detrás en el camino de la vida, ¿no lo merecen?  La lucha humana con el fin de lograr derechos lleva siglos y mucha sangre derramada. Lo que hoy es natural para nosotros era utopía para quienes nos precedieron. Sólo imaginen si hubieran elegido mirar hacia otro lado.

Bobbio titula el punto 3 de El futuro de la democracia de la siguiente manera:  “Los ideales y la tosca materia”. Afirma que aquello que se había sido concebido como “noble y alto”, se ha ido convirtiendo con el tiempo en algo vulgar y poco refinado. ¿Qué causó esta deformación? ¿Por qué la Democracia ideal dista tanto de la Democracia real? En palabras del autor: “…por el contraste entre lo que se ha prometido y lo que se ha cumplido efectivamente”, es decir, por las bondades que el sistema prometió y aún no cumplió.

Primer promesa incumplida:  El nacimiento de la sociedad pluralista

La democracia nace a partir de una concepción individualista de la sociedad. Tanto el cuerpo social como el Estado que regula sus relaciones son creados a partir del acuerdo voluntario de cada uno de los individuos. La parte prevalece sobre el todo. El individuo es el soberano:  crea la sociedad política y cede su porción de poder a un Estado que debe regular la convivencia social. Dicho esto, es preciso que no confundamos individualismo con egoísmo, cosa bastante común entre nosotros.

En la Grecia Antigua, como ejemplo contrario, el ciudadano se realizaba como tal en tanto y cuanto participaba del todo social. El todo estaba por sobre las partes. De hecho, al ciudadano individualista que no cumplía con su rol social se lo denominaba idiota (que se ocupa de lo propio).

¿Cómo surge la concepción individualista de la sociedad? A partir de tres acontecimientos filosóficos de la modernidad. Sólo los mencionaré a fin de no extender el artículo en demasía:

  1. El contractualismo de los siglos XVII y XVIII (Hobbes, Rousseau, Locke)
  2. El nacimiento de la economía política (Adam Smith)
  3. La filosofía utilitarista (Bentham, Mill)

Partiendo de la hipótesis del individuo soberano, la doctrina democrática había imaginado un Estado sin cuerpos intermedios; una sociedad política en la cual entre el pueblo soberano, compuesto por muchos individuos (una cabeza, un voto) y sus representantes, no existiesen las sociedades particulares.

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La realidad demuestra completamente lo contrario. Los grupos, y no los individuos, son los protagonistas de la vida política en una sociedad democrática. El pueblo o la nación como soberanos que han ganado su derecho a participar directa o indirectamente, ya no existen.

Bobbio refiere a grupos tales como grandes organizaciones empresariales, sindicatos, asociaciones profesionales, partidos de diversas ideologías, etc. Tales agrupaciones concentran cuotas importantes de poder y presión como para lograr por parte del Estado la toma de decisiones afines a sus intereses.

El pueblo deja de ser una unidad ideal para convertirse en un pueblo dividido en grupos contrapuestos y en competencia entre sí, con su relativa autonomía respecto a los Gobiernos. Esta autonomía era de los individuos…ahora pertenece a los grupos.

En palabras del autor: “La realidad que tenemos ante nuestros ojos es la de una sociedad que no tiene un único centro de poder (la soberanía popular), sino muchos (…) es una sociedad policéntrica. La sociedad real, subyacente a los Gobiernos democráticos, es pluralista.”

Miremos hacia nuestra sociedad y veremos que este planteo se cumple a la perfección. Grandes grupos económicos, mediáticos, sindicales y políticos protagonizan la vida política en desmedro del protagonismo individual que, en conjunto, se traduce en soberanía popular. Les dejo a ustedes la búsqueda y el análisis de los ejemplos más esclarecedores y les recuerdo que cualquier semejanza con la realidad no es pura coincidencia.

 

Texto: Fabián Pagani (es porteño e hincha del Rojo. Tiene 54 años y, desde 1992, trabaja como profesor de Historia en la escuela secundaria. Desde 2016, estudia la Licenciatura en Ciencia Política en la Universidad de San Martín. Se considera músico de nacimiento, basquetbolista hasta que pudo y bien nacional y popular).

Fotografía: Celeste Destéfano (nació en 1983, en Buenos Aires. Camina junto a la fotografía hace diez años y es en lo documental donde encuentra su idioma. Es madre, feminista, compañera y pretende siempre ser una obrera de la memoria).

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