También me gusta mucho Jumanji

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Hay misterios que se narran para que los develemos y otros que recorren la infatigable vía del desconcierto. Los misterios del señor Burdick[1], afortunadamente, está dentro de los segundos. Es un libro discreto, negro, elegante, diría, lleno de imágenes preciosas en blanco y negro que ilustran situaciones a las que podríamos llamar fantásticas.

El libro abre con una introducción del autor Chris Van Allsburg, también artífice de Jumanji -obra que dio origen a la película-. En ella cuenta cómo surgió Los misterios…: una vez un hombre llamado Burdick dejó un montón de ilustraciones fascinantes a un editor. Prometió volver al otro día con las historias que hacían pareja con cada una de ellas porque el editor se había mostrado muy interesado. Pero Burdick jamás regresó: ni para dejar aquellas historias ni para llevarse sus dibujos. ¿Qué le pasó? ¿Cuáles eran esos relatos que se abrirían con el título que acompañaba cada ilustración?

Imaginé y escribí la historia sobre Archie Smith porque las luces en la noche durante mi niñez me intrigaban. Escribí sobre Archie Smith porque las vocecitas que escuchaba en la soledad de mi infancia me ayudaron a crecer y ver.

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Archie Smith, niño maravilla

Mi primo Archie se fue hace dos semanas atrás. Vivía a dos cuadras de casa. Un día, hace algunos meses, me mandó un mensaje que decía “Siempre vas a contar conmigo, siempre voy a estar”. Realmente Archie era un amigo maravilloso. Extraño las tardes que pasábamos jugando a los videos, extraño sus insultos tan graciosos cuando perdía, sus bailes ridículos cuando ganaba, su miedo a la oscuridad. El domingo fue el día que más pensé en él y cuando me fui a dormir imaginé que escribía una carta. Iba a ser difícil mandarla a su nueva dirección.

Esa noche fue la primera vez. Unas luces golpearon la ventana de mi cuarto. Dos luces como avivadas. Al principio pensé que eran luciérnagas. Me acerqué al vidrio y lo abrí. No eran. No había nada que se pudiera tocar dentro de la luz. Dieron una vuelta por la habitación y se fueron.
El lunes pasó algo similar cuando me acosté. Dos luces –aunque no sé si son luces- golpearon la hoja de la ventana. Me paré rápido y la abrí. Presté atención a los ruidos de la calle y sólo se escuchaban bocinazos y autos bajar del puente que está a dos cuadras de casa. A esa hora de la noche algunos días hay mucho tránsito porque vivimos cerca de una fábrica que tiene diferentes turnos y llegan los materiales por la madrugada.
El miércoles decidí dormir con la ventana abierta. Sobre la mesa de luz dejé la carta que había decidido escribirle. Pero esa noche ya no fueron sólo un par de luces las que vinieron hasta la habitación, sino que fueron primero cuatro, después seis, ocho y seguí contando.

 

[1] Los misterios del Señor Burdick, Chris Van Allsburg. Fondo de Cultura Económica, México, 2014

Texto y fotografías: Melisa Papillo, desde su nuevo blog Desde cualquier montaña

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