La escuela de la vida

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“Educar es impregnar de sentido todo
lo que hacemos en cada momento”
Paulo Freire

¿Qué es educarnos sino aprender constantemente de cada observación, de cada experiencia individual y colectiva? ¿Qué es educarnos sino aprender a convivir, aprender a entender y a explicar quiénes somos, qué deseamos, qué podemos construir juntxs? ¿Qué es educarnos sino aprender a ser nosotrxs mismxs, potenciando nuestra libertad, que es también potenciar nuestro aporte subjetivo a la sociedad que habitamos? ¿Qué es educarnos sino aprender a autogestionarnos, autorregularnos, a estar con otrxs sin que nos opriman? ¿Qué es educarnos sino construir herramientas y símbolos para la transformación hacia una sociedad más justa y amorosa?

¿Sólo es posible educarse en la institución escolar? Claro que no. Pero, ¿no es ilegal desistir de la escuela? No, en tanto se corrobore que hay una familia que acompaña y educa junto al niñx o joven, incluso hasta pudiendo certificar esa educación, si se lo desea.

De todas maneras, en una sociedad capitalista excluyente y en un país como Argentina, con necesidades básicas insatisfechas, la escuela continúa siendo uno de los espacios de alimento e inclusión fundamentales para lxs pibxs.

También es cierto que la educación formal podría ser distinta y bien famosa se hizo por ello, por ejemplo, la educación formal estatal de Finlandia, así como también las experiencias de educación libre, educación comunitaria, etc. que se multiplican en Latinoamérica. Pero, no olvidemos que esos cambios deben, para ser universales, ser propiciados por un Estado activo con el objetivo de que nadie quede afuera; un Estado presente, que incluya en todos sus aspectos, que no vulnere, como lo hace en estas tierras, los derechos de sus ciudadanxs, que proteja a la escuela integralmente, valorizando y no precarizando a los docentes, que conciba a lxs niñxs y jóvenes como sujetxs de derechos, manteniendo adecuadamente las instalaciones que permiten enseñar, aprender, acompañar, alimentar.

La escuela pública o privada “tradicional” es un formato posible para enmarcar la educación. Es quizás el más cuestionado, pero a la vez el menos favorecido desde las políticas públicas en Argentina. Es quizás el menos ajustado a las realidades actuales, por sus deficiencias materiales y simbólicas, pero también por sus desarrollos emergentes boicoteados con este nuevo gobierno. La escuela “tradicional” tiene mucho que cambiar para entender la diferencia, para abrir la cabeza y dejar que se aprenda sin tantas estructuras y normativas obsoletas, ni en favor del sistema que oprime a sus estudiantes, a sus docentes, a ella misma como lugar de encuentro y transformación. La escuela “tradicional” es diversa y no siempre se puede ver lo grandioso que hace a pesar del camino pedregoso. Sin embargo, esa escuela es un formato que puede cuadrar bien para muchas familias, que es hasta vital para muchxs pibxs, pero que puede ser la causa de frustración, desgano, estigmatización y desinterés para muchxs otrxs. Y ante esa circunstancia, atravesada por las características de los sujetos, de la escuela y de sus realidades, problemáticas y deseos, hay otras formas, podemos experimentar otras maneras: la educación libre o viva, sea en casa en familia, o en comunidades urbanas o rurales, las pedagogías alternativas como la waldorf o Montessori, etc. No se trata de una “educación para gente con dinero” o una “educación para hijxs de progres” exclusivamente, o una “educación que no sirve para nada luego en la vida”. Se trata de otras formas posibles en este universo de posibilidades de los aprendizajes; que se organizan diversamente, en función de contextos, necesidades y objetivos múltiples y diferentes.

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Hay redes de educación alternativa (ver Reevo) que alimentan el cambio por fuera de la educación formal estatal, casi como un mientras tanto, pero que también proyectan, organizada y activamente, esas nuevas otras prácticas, esas miradas sobre los sujetos con una perspectiva más respetuosa, amorosa y consciente, como el futuro de la escuela, su evolución, su devenir. No es la escuela o la educación en casa. El dilema es la educación para someter o la educación para transformar. La educación para automatizarnos y homogeneizarnos o la educación para ser nosotrxs mismxs, personas felices y generadoras de cooperación para el bienestar común.

A continuación, quiero compartirles la experiencia viva de una familia de Tres de Febrero que, a partir de la observación de las necesidades de su hija adolescente, se animó a buscar el formato más saludable para ella, con todo el esfuerzo que necesitaron hacer –madre, padre e hija- para vencer sus propios miedos, los mandatos sociales y la desinformación. Ellxs fueron capaces porque tuvieron la conciencia, pero también las posibilidades materiales y simbólicas de deconstruir y armar una alternativa que supone aprender invirtiendo tiempo y creatividad.

Que estas reflexiones previas y la experiencia que nos contarán Lorena, Alma y Luciano sean provechosas para repensarnos y defender firmemente la libertad de elegir, una vez más.

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Cuando realmente consideramos la posibilidad de hacer una educación libre para nuestra hija, todo se acomodó; los caminos nuevos se fueron abriendo, las personas correctas se fueron cruzando, nos informamos, sí, nos informamos y mucho, vimos todos los documentales posibles, todas las charlas de Ted que humanamente podíamos ver (al final de la nota compartimos gran parte de ese material). Buscamos grupos de familias que transitaran este camino, nos encontramos con algunas que estaban igual que nosotrxs, llenas de miedos y dudas, y otras súper empoderadas, dueñas y seguras de su gestión independiente.

Legalmente también nos informamos. La escuela no supo hacerlo, ni tampoco contenernos frente a lo que nosotrxs y, principalmente, mi hija expresaba. Por el contrario, desde su ignorancia sobre la posibilidad de desescolarizar, también nos transmitió miedos. A pesar de esas dificultades, sabemos que toda esa inseguridad, el temor cada día que no asistía a la escuela, el sentirnos que en cada paso se nos movía el piso, nos hizo avanzar más, nos dio la fuerza para seguir. Nuestra hija y su claro sentir nos otorgaron lo necesario para afianzarnos.

Hoy recordamos y reconocemos que sólo la valentía y la convicción de que había algo más adecuado para ella nos sostuvieron. Y así lo encontramos.

Empezó cuando iniciamos primer año. Entonces, ella descubrió, paralelamente a la escuela, su pasión por el arte. Frente a las presiones escolares, ella encontraba ahí su desahogo y nosotrxs lo veíamos. Se angustiaba frente a las devoluciones de sus profesores y le costaba prestar atención. Claramente, su motivación no estaba ahí y ella se frustraba frente a un sistema que imponía un formato inflexible, una nota a la cual alcanzar casi como un puntaje personal, que la etiquetaba. Así empezó su rebeldía.

Lo académico no era una limitación, sino su motivación. Pasó el primer año rebelde y fuimos  citados varias veces por conducta cuestionadora. Ahí empezamos a preguntarnos cuáles eran los valores que nosotrxs como familia destacábamos y eran justamente esos: que (se) cuestione, que busque respuestas siempre, que no se conforme, que sea libre de opinar y debatir, que construya su personalidad, siempre desde el respeto, pero que pudiese ser ella misma. Y ciertamente en la escuela no podía serlo.

Fue entonces cuando dejamos de querer que se adaptara y pudimos reconocer que no éramos parte de ese formato. Sin embargo, encontrar el propio nos llevó unos meses. Home schooling (educación en casa), pedagogía waldorf, rendir libre, unschooling (educación libre). Al final, optamos por ésta última; a ella le permite desarrollarse en sus propios intereses, armando junto a nosotrxs una currícula de contenidos que la motiva, que la estimula; además, encontramos profesores que nos apoyaron y acompañan.

Realmente, cambiamos la piel,  nos transformamos desde el centro. Nos llevó unos meses sacarnos la escuela de nosotrxs y entender nuestro rol de padre y madre educadores, un rol súper activo para acompañarla, estimularla y apoyarla en su camino de crecimiento autogestionado.

Hoy estamos felices, ya certificando el primer año de educarnos en casa. Sí, educarnos, porque la educación es obligatoria y nunca se termina…y es legal, claro que es legal.

Ellos también nos comparten los sitios web, conferencias, películas documentales, etc, parte del universo que fueron descubriendo en este camino emprendido.

Material audiovisual

La educación prohibida https://youtu.be/BPME2GHBe9s  

Enséñame pero bonito https://youtu.be/h11u3vtcpaY    

Un crimen llamado educación https://youtu.be/9eVqddaIo1I   

Una nueva forma de educación https://youtu.be/dr0lJ3P_iNI

Las escuelas matan la creatividad https://youtu.be/nPB-41q97zg

Mi encuentro con la educación libre https://youtu.be/peV3G58pim4

Mis hijos no van a la escuela https://youtu.be/Vc5NZqgXBUg

No soy un 7 https://youtu.be/H-yXOlzZ-eo

Sitios web

Educo en casa

Vivir es aprender

Crianza y educación consciente

Supra escolar

¡Hay mucho más material en la web y las redes sociales para investigar y aprender!

 

Ilustraciones: Alma Lofano

Texto introductorio: Pamela Neme Scheij

Texto testimonial: Lorena Heras, Luciano Lofano y Alma Lofano

Un comentario

  1. Me gusto mucho …si hubiera tenido esta info y el coraje de salirme de la regla ..no hubiera torturado ,menospreciado y echo sentir infeliz, a mi hijo cuando el quedaba libre x q se reistia mintiendo,o me llamaban de la escuela x q no encajaba ….ydiciendome ” y! el es especial gracias a Dios le pedi perdon a mi hijo a tiempo…despues de vivir años de frustraciones y complejos q le dejo un sistema deficiente.gracias!!

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