Mi conurbano japonés

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Lo más cerca que estuve de Japón ni siquiera fue comer mucho sushi, sino ver documentales sobre cómo se lo prepara o cuáles son los mejores lugares de ese país para degustarlo. Sin embargo, las últimas semanas, Japón estuvo acá en 3 de Febrero porque cerramos los ojos un poquito y volvimos a mirar, agilizamos las manos y recitamos nuestros propios haikus del conurbano.

El juego es un momento compartido. Algunxs dirán que jugar es un pasatiempo; otrxs, que es un estado poético. Para mí jugar no es más que ver de frente la cara del tiempo, sentir en el cuerpo todo lo que soy o puedo ser si…, todo lo que veo y otrxs ven. Cada vez que me encontré con mis personas favoritas del lugar les propuse el juego literario de Tinkuy invención de Haikus a modo de rescate: qué estado de la naturaleza nos rodea en nuestro conurbano, qué espacios naturales o qué paisaje interior (nos susurran las poetas Paula Jiménez España y Mirta Rosemberg) nos atraviesan en el barrio, acá donde la mayoría de nuestras cosas pasan, en las calles que nos movemos, donde saludamos a las mismas personas quizá tres veces en el mismo día y miramos siempre ese árbol con forma de pájaro o nos caemos en esos baches hondos que hablan de una desidia que hay que ver.

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Con el juego invención de Haikus recordamos imágenes y las pusimos en palabras: si nombro, existe aún más. Los haikus son poemas breves de origen japonés que están formados, la mayoría de las veces, por tres versos de 5, 7 y 5 sílabas cada uno y se caracterizan por nombrar y describir elementos de la naturaleza. Tal como señala María José Ferrada “el haiku es una forma de escribir, pero sobre todo, una forma de mirar y estar atentos a los leves cambios del paisaje: brote, florecimiento, caída. Así nos habla el mundo…”. La cajita verde de Tinkuy contiene 50 naipes para crear tu propio haiku. Primero, se define la estación del año en la que va a tener lugar el poema; luego se elije una pregunta para obtener un elemento de la naturaleza vinculado a la estación; otros naipes ofrecen ayuda con un verso para comenzar o terminar el poema y, por último, se puede elegir una carta con verbos para incorporar a tu haiku.

No sé qué fue lo más importante de todos los momentos que compartí con mi gente jugando, quizá las veces que nos reímos, o cuando recordamos cuál es el ruido de la madrugada durante el verano en el barrio de Caseros, o también cuando giramos el mate varias rondas mientras estábamos concentrados escribiendo, o los poemas que creamos. Así nos estuvo hablando nuestro pedazo de mundo, ese que hacemos a diario y miramos con todo el cuerpo para volver a hacer en él, y escribimos estos haikus del conubano:

Grillos que brillan

vuelven de linda gira

de madrugada.

*

Viento en la plaza

las hamacas se mueven

al atardecer.

*

Al atardecer

paso los eucaliptos

y subo al tren.

*

Cuando amanece

la niebla es espesa

vidrios refresca.

*

En la mañana

con un sonido sutil

cantan los loros.

*

Por el camino

iluminan atroces

las garrafas apagadas.

*

Pasea gente

en el 328:

ya es verano.

-Gracias por jugar y escribir estos haikus a Aldana, Pamela, Piky, Sebastián y los Damianes.-

Texto y fotografías: Melisa Papillo

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