Quilombo en la cabeza

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Tienda de zapatero – Acuarela de Jean-Baptiste Debret

El roommate giró la llave del depto, abrió la puerta y encontró a varixs compas dormidxs en el sillón. Un olor horrible a zapatilla All Star lo volteaba a la izquierda y a la derecha. Ante sus ojos, el video de Lenny Kravitz que había llegado al final de los tiempos, lxs compas amanecidxs con maní en la cabeza. ¡Chicxs, esta casa es un quilombo, a la mier… el contrato de mi mamá! Otros gritos. En el instante siguiente, la señora del departamento de abajo, mojando la galletita en el té, le dice a su marido: Los pervertidos de arriba hacen quilombo todo el día. Fulanx se levantó con el grito del roommate, discutió, se vistió y fue a la oficina en subte. Allí, le comentó a su compañerx Menganx, en voz baja, mientras escuchaba las indicaciones anti crisis del CEO: Qué sé yo, esta empresa es un quilombo como la cocina de mi casa. El CEO venía malhumorado de los gritos de su novia antes de la reunión. La había acusado: Estás armando un quilombo que se va a enterar todo Palermo. El quilombo se forma en las vísceras y vive como un pajarito de reloj en la boca de lxs argentinxs. Haga la prueba. En Google la palabra quilombo da cinco millones de resultados: “No me gusta el quilombo mediático”, Moria Casán; “Me gusta el quilombo”, Caruso Lombardi; “El Gobierno se encarga de promover el quilombo”, Gustavo Vera; “Quieren armar quilombo para tapar todo”, Baby Etchecopar; “Se vienen más gremios y se va a armar quilombo”, Mario Marín (Delegado sindical);  “Se va a armar flor de quilombo”, María Eugenia “China” Suárez; La Argentina es un kilombo”, Ernesto Tenembaum; “Así va girando una rueda que de a poquito nos va llevando hacia un quilombo chino sin que todavía nadie haya convocado a un acuerdo nacional para ver cómo lo frenamos”, Alejandro Borensztein.

Los casos abundan. Cada unx tendrá sus ejemplos sin pensar mucho, porque ser argentinx también implica saber usar esta palabra mágica de las maneras más originales e inéditas. Lxs argentinxs que, como yo, tenemos otra nacionalidad, nos preguntamos: ¿Qué forma tendría una “flor de quilombo”? ¿Un “quilombo en la cabeza” consiste en qué cosa precisamente de qué parte del cerebro? ¿Qué hacemos cuando le pedimos a alguien que no se meta en nuestro quilombo (es mi quilombo, es tu quilombo)? ¿Por qué llegamos al punto extremo de decir que un quilombo puede ser un quilombo psicológico, cuando en realidad hablamos de un fenómeno colectivo? ¿Diríamos de la misma manera “no te metas en mi república”, “no te metas en mi intendencia” o “no te metas en mi reino” para hablar de lo que le ocurre exclusivamente a una persona?

Las semillas de Palmares

Es imposible reconstruir la dinámica de Palmares (actual Serra da Barriga, Alagoas, Brasil), el gran quilombo de alrededor de 25 000 habitantes y 27 000 Km₂. A pesar de resistir medio siglo durante la colonia portuguesa, sobre la vida segundo a segundo de Palmares nada resta más que la historia académica del invasor, que a lo largo de los años habló de un lugar de sucios, violadores y asesinos dirigidos por fanáticos fetichistas. Nunca sabremos -como sabemos sobre las culturas occidentales- qué se sentía nacer, vivir y luchar como un palmarino. Lo imaginamos y lo escribimos levantando la tierra, pero nunca conoceremos las historias personales, los verdaderos orígenes, las coyunturas y el sueño que Palmares inspiraba en las personas esclavizadas de la Colonia portuguesa. Es importante notar que, mientras cometían crímenes como los de Palmares, los europeos se dieron el nombre de triunfadores y civilizadores de nada más y nada menos que el Universo. Con su cultura elevada, se auto homenajearon y, como jueces, se auto perdonaron en ese Universo mirado con un ojo y colocado en un dedo.

Hasta la década del 60, la mirada del destructor codificó la información, para obtener el delicioso perdón y justificar (y hacer ley) nuevas acciones racistas tendientes a excusar el sistema de propiedad legitimado en la actualidad. A la vanguardia de la mirada negra, hacia el final de la dictadura, el sociólogo Clóvis Moura toma las cartas recogidas por Décio de Freitas para reconstruir la invasión, no ya a través del “espía”, como llama al protagonista que describe el quilombo, sino con la perspectiva del negrx y el valor que su cultura negada tiene para todxs como forma de organización y resistencia a las trampas y armas del guante blanco. No hay más datos que presentar: antes de investigadores como Clóvis Moura, la mirada que organizó esta información sobre Palmares a su vez desorganizó el significado del hecho histórico para la identidad de lxs negrxs y de América Latina. En su lugar, dejaron la aceptación de la muerte de unxs y el privilegio de otrxs como ley máxima.

¿Por qué parar en el quilombo es importante? En Palmares, por ejemplo, predominaba la cultura oral y se hablaba la lengua del colonizador, lenguas africanas y otras lenguas de pueblos originarios. De acuerdo a Yeda Pessoa de Castro, esto desarrolló un dialecto de la senzala, fruto del proceso de aislamiento y conexión respecto a la cultura colonizadora. Frente a la avanzada, el “quilombo” se impuso apropiándose de la lengua del dominador, creciendo contra las intentos de censura. Entre los idiomas provenientes de África, en Palmares predominaban el bantú, el jeje, el yoruba y el hausa, además del portugués. Si bien se ha documentado el envío de intérpretes a Palmares, con sus contradicciones, el portugués era empleado como herramienta común para las personas que allí vivían, que eran de orígenes diversos.

La miseria a la que estamos acostumbrados como perros no tenía nada que ver con la comunidad rebelde. En este sentido, quilombo es lo mismo que decir organización y refugio.

Palmares se ubicaba en una de las partes más fértiles de la Capitania de Pernambuco, actual Alagoas. Primero hubo una fase recolectora, con base en la caza y la pesca, además de la recolección de frutas como la jaca, mango, naranja, palta y otras especies nativas, tal como era preservado por los pueblos originarios antes de la invasión europea. ¡Qué buena dieta! Además del sistema inicial de caza y recolecta, la tecnología metalúrgica y la agricultura proveniente de África desarrollaron su máximo nivel en Palmares. Con esta larga experiencia, en una segunda fase, lxs palmarinxs se transformaron en agricultorxs y hasta crearon excedentes que fueron comercializados. Con un sistema de policultura comunitaria, plantaban maíz, cosechado dos veces al año, además de poroto, mandioca, batata, banana y caña de azúcar. Este sistema era una pesadilla para la plantación de la colonia, latifundista y esclavista. Chocaba con la verticalidad de la monarquía, por eso, cada banana plantada sin esclavos era una amenaza para la corona europea. En la metrópoli aún no existía una creencia firme contra los privilegios totalmente naturalizados y divinizados, tales como la esclavitud de personas.

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La cena – Acuarela de Jean-Baptiste Debret

Había un sistema de cultivo libre cuyo excedente era otorgado al Estado, como contribución a la riqueza y la defensa del sistema. Las leyes eran consagradas por los usos y las costumbres. No había desamparados ni explotadores, sino una activa fiscalización propia de una sociedad en lucha contra un sistema asesino en expansión que duraría siglos. Además, como indica Clóvis Moura, las propias coyunturas y disputas de Palmares buscaban perfeccionar este sistema llamado quilombo. Así, tres generaciones vivieron en Palmares, cuyo desarrollo generó un ataque de 7000 hombres enviados desde San Pablo. De este ataque, tan solo 400 palmarinos sobrevivieron, y su líder, Zumbi, fue decapitado.

El origen en África y la definición de la RAE

La palabra quilombo proviene del kimbundu kilombo, idioma en el que posee el sentido de aldea. En otras zonas de América también son llamados mocambos (mu-kambu) con el significado de “refugio de negros”. En Angola, un quilombo es un lugar destinado al descanso de los viajeros. Quilombo, además, nos remite a los actuales quilombos de Brasil, lugares protegidos por el programa Brasil Quilombola. Claro, los quilombos en Brasil no resucitan problemas del pasado colonial sino que demuestran que vivir esta forma de organización sigue siendo un problema para los apropiadores de tierras de siempre. En el siglo XXI llama la atención que el debate político en Brasil presente ideas de fascistas como Bolsonaro, quien hace campaña para presidente manifestándose contra las comunidades quilombolas. Sus palabras: “Los quilombolas no sirven ni para procrearse” o “Ni un centímetro para quilombola o reserva indígena”. Bajo la misma filosofía, podríamos enmarcar a Mauricio Macri, quien al hablar del conflicto mapuche (hoy llamados terroristas) mostró su postura ultramarina: “Nadie se puede apropiar de algo que no le pertenece”. 

Diccionarios: ¡Europa, haz lo tuyo!

Observemos ahora que el diccionario de la Real Academia española no alude al sentido palmarino ni al sentido argentino de la palabra. El quilombo como fin o amenaza de fin a una organización cuestionada en forma extrema. Quilombo como lugar donde es posible respirar sin ahogarse en una ley, una cultura y una normalidad racista que premia al opresor. 

RAE:

quilombo

De or. africano.

  1. m. Arg., Bol., Chile, Par. y Ur. prostíbulo.
  2. m. vulg. Arg., Bol., Hond., Par. y Ur. Lío, barullo, gresca, desorden.
  3. m. Ven. Lugar apartado y de difícil acceso, andurrial.

 

Dicionário Priberam:

qui·lom·bo

substantivo masculino

  1. [Angola]  Acampamento no mato.
  2. [Brasil]   [História] Esconderijo no mato onde se refugiavam os escravos.

“quilombo”, in Dicionário Priberam da Língua Portuguesa [em linha], 2008-2013, https://www.priberam.pt/dlpo/quilombo [consultado em 21-07-2018].

Quilombo más allá de la cabeza

En el país de la banda quilombera, la palabra quilombo tiene un sentido ampliamente negativo: es sinónimo de desorden, lo contrario a la organización, la armonía, las leyes. Jamás escuché la palabra quilombo en referencia a un prostíbulo, la primera definición de la RAE. ¿Se quedaron en el tiempo? ¿Por qué? Sí está claro que este sentido propio del mundo del tango que considera la RAE tiene que ver con la venta de mujeres negras para la prostitución.

En un sentido positivo, que es lo que queremos mostrar, un quilombo se produce en determinado momento o en una suma de momentos enquilombados. Representa una lucha de fuerzas y su continuidad es una amenaza para alguien. Sin duda el quilombo siempre es una amenaza. Como el asado y el dólar, al argentinx le gusta el quilombo: Te gusta este quilombo. Hagamos un quilombo juntos. Voy y hago quilombo por vos. Tal palabra, que se llena tan fácilmente de amor para nada inmanente, no permite flexibilidad por arte de magia o porque su concepto pertenece a otra dimensión en la que los argentinxs firuletearon todo al punto de decir el redundante negro quilombero.

Quilombo es una palabra famosa y está en la cabeza de lxs argentinxs por lo que representa en nuestra historia como latinoamericanxs. No hace falta aclarar que del quilombo salen cosas buenas, ya que, como vemos en el ejemplo de Palmares, no solo es sinónimo de fracaso económico, prostitución y desorden sin fin: significa un punto de ruptura y una rebelión, algo que se puede armar en la puerta o en la cara de lo que supuestamente está bien. 

Aunque es posible hablar e imaginar múltiples fallas o sistemas de explotación entre lxs explotadxs (algo que el opresor sabe detectar bien), sobre todo en el ejercicio de la imaginación y el deseo de justicia, no se puede negar que los quilombos -tal como los percibimos, por ejemplo, en nuestro idioma- son algo que se puede armar para frenar un orden superior, sea como sea, para quitarnos la bota de la cara y responder una agresión con organización precaria y amenazante.

Lo imaginamos porque los muertos no hablan más que en la imaginación. Podemos imaginar el día a día de la vida del quilombo, caminar en su interior, llegar a sus lugares ocultos, con nuevas discusiones, nuevas resistencias mezcladas con viejos saberes y experiencias de resistencia para que el quilombo hable cuando ya no aguantamos más mirar cómo unos se benefician con la miseria de los demás. No queremos un quilombo: queremos miles de quilombos, quilombotes y quilombitos. Podemos sentir asco por la indiferencia y crear héroes colectivos, tal cual lo hace la militancia que no espera nada de quien domina desde un palacio: ¿Acaso quien ya está cómodo dejará su vagancia para armarnos un palacio? ¿Acaso las mesas chicas de los súper especialistas y los czares de hoy saben qué pasa en nuestras vidas? Cuando pensamos en quilombo, podemos sí estar del lado de lxs que son arrojadxs a la ilegalidad por un régimen heredero de los esclavistas y los delirios de amor a Europa.

por Rodrigo Arreyes

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