Consuelo Fraga: seguir diciendo

La poesía de Consuelo Fraga, vecina del distrito, nos encanta. Y cómo lee sus poemas y cómo habla en la vereda nos produce sensación de hogar acogedor; será porque también los tonos y las pausas de nuestra voz dan cuenta de cómo habitamos este mundo, además de nuestras palabras, claro.

Le preguntamos para estar cerca, para aprender, siempre, para compartir la alegría de que esta sociedad se arme con personas de su integridad; también la invitamos a que nos regale un poema propio y otro que le guste tantísimo.

***

Soy Consuelo Fraga, soy poeta. Tengo 48 años y vivo en Ciudad Jardín desde los 37. Publiqué en 2005, una plaqueta titulada: Motos. Ese año integré la antología Felicidades también (18 poetas), editada por Limón. En 2007, publiqué mi primer libro, Eduardo Acevedo 852, que salió también por Limón, y fui seleccionada para participar de la antología Poetas argentinas (1961-1980), compilada por Andi Nachón y publicada por Ediciones Del Dock, en 2008. Luego publiqué Motos y Reinas (Ediciones en Danza, 2009), Stabat Mater (Ediciones Del Dock, 2014) y Cuaderno Rojo (Ediciones Del Dock, 2016). En 2017 participé de la antología chileno-argentina Cartas desde el Maule / Cartas desde Buenos Aires, compilada de por Heriberto Acuña y Patricia Verón.

23405969_1764066093901084_1497510330592512296_o.jpg
Consuelo leyendo en El bosque sutil

¿Cuáles son tus vivencias con la lectura y con la escritura poética? ¿Dónde te dejaron y a dónde pudieron llevarte?

Leer me hizo viajar. Literalmente. Me instaló el deseo y algunas veces con suerte pude concretarlo. Por ejemplo, una vez en la feria de Tristán Narvaja, en Montevideo, leí un poema de Circe Maia y de ahí no paré hasta que pude concretar un viaje a Tacuarembó y la posibilidad de entrevistarla. Esa conversación se publicó hace como diez años, en Museo Salvaje, una revista que editaba Sergio Di Matteo, desde La Pampa. Me pasó algo parecido leyendo a Jorge Leónidas Escudero. Conocí San Juan porque me atraía mucho su poesía y tuve la oportunidad de colarme en un viaje que hicieron Claudia Prado, Leandro Listorti y Cristián Costantini, cuando estaban produciendo Oro nestas piedras, un documental sobre él, interesantísimo.

También la escritura poética me permitió viajar, en cuanta oportunidad tuve de leer en algún festival, al encuentro como el que Sigamos Enamoradas organizó en Quequén en 2006 o el Aguante Poesía de Río Cuarto. Pero más que eso, la escritura me ayudó a ponerle palabras a mi propia historia, a correrme un poquito de la enajenación, del automatismo, a elaborar tristezas, frustraciones, a balconear un rato más largo ante una impresión fugaz.

¿Cuál es la potencia que puede tener la literatura, según tu opinión, para avanzar a pesar de la opresión del sistema capitalista y patriarcal?

El decir literario tiene para mí la potencia del agua. Puede escurrirse y llegar a humedecer lo seco del fondo: un corazón resentido o desesperanzado donde no hay ilusión que prenda porque se perdió la fe en lo colectivo. Puede destrozar vallas e inundar espacios resguardados cuando la presión (o la opresión) es demasiado fuerte, cuando resultaron insuficientes las válvulas estratégicamente ubicadas para que no explote el desaliento y se convierta en furia.

¿Y en este contexto de incertidumbre, robo de recursos, falta de trabajo y mayor opresión Estatal-mediática-transempresarial, la literatura puede rebelarse, ayudarnos a no bajar la cabeza y quizás levantar la voz?

Lo hace. El ejemplo más cercano que se me ocurre es lo que pasó con las tantas voces -no sólo de poetas, narradores o artistas, claro- alzadas a favor de la legalización del aborto. Es resultado de un trabajo sostenido, que maduró, enraizó, floreció. Más allá de ese ejemplo, diría que quien es poeta sabe de falta de trabajo y de incertidumbre un rato largo. En muchísimos casos se da por perdida la batalla y se construye un proyecto alternativo económicamente sustentable, que se lleva mejor o peor con nuestro ser poetas, a costa de la variable de nuestras horas de sueño, remando en dulce de leche para preservar nuestros espacios de producción y difusión. En mí, hoy, resuena más la palabra resistencia que la palabra rebelión; me calza más honestamente la expresión “seguir diciendo”, que la expresión “levantar la voz”. Pero en un pestañeo eso troca.

¿Cuál creés que es la visión del mundo que expresa tu poesía? ¿Cómo creés que lo hace?

¿Expresará una sola visión? Creo que en mi poesía desaparece un poco algo de lo vueltera que puedo ser coloquialmente y aparece una voz más directa y clara. Me gusta esa voz. En uno de los poemas de Cuaderno rojo esa voz dice del mundo: “nuestro mundo, / ¿baqueteado y caótico? / Quizás, Mili./ Pero tan rico / en espera y deseo.” Esa es una alusión directa. Después está lo que se desprende y se mueve entre los versos, lo que aletea entre las palabras y los silencios. En ese nivel, diría que me cuesta más registrar si hay una sola visión o si se percibe una visión del mundo que cambia sucesivamente y en un momento es un lugar de juego, en otro un escenario, en otro un altar, una cama, una sala de audiencias … y así, hasta el infinito, amasando la pregunta acerca de si se juega el mundo en cada pequeñez. Me viene a la cabeza una línea de “La loca de Chaillot” de Jean Giraudoux, que no voy a citar correctamente, pero en mi memoria sería algo así como una escena donde alguien llama a prestar atención alegando que está en juego el mundo y la otra persona le pregunta ¿Cuál mundo? ¿El grande? ¿El mediano? ¿El pequeño?

31682515_2275183659434702_3148325801617562266_n.jpg
Fotografía de Gabi Salomone

 ¿Por qué medios y canales circula tu poesía? ¿Y la poesía que solés leer?

De la circulación de mi poesía lo que más me gusta es cuando la llevo yo, es decir, cuando me invitan a leer. Luego que mis libros circulen como resultado de ventas es lo menos usual, algo sabido, pero se dan otras maneras de circulación inesperadas e interesantes. Por ejemplo, alguien que está desarrollando un proyecto educativo o social tiene interés en integrar poesía y me invita a compartir libros. Es una movida que me sigue cautivando porque llegás a lectoras y lectores imprevistos. En internet también ocurre algo parecido. Alguien postea un poema mío o me pide algunos para publicar en un blog. En cambio, en cuanto a la lectura no estoy en un momento que me permita disfrutarla. Lucho para no extrañar un modo de leer que era algo así como tener al menos un par de horas sin perturbaciones por delante. Leo en cortocircuito, por épocas dejo de hacerlo, me empaco, como las vacas y tardo en salir de esa actitud. A veces como alternativa escucho, mientras voy manejando, poesía que encuentro en youtube o hago recreos en el trabajo y busco algo en internet.

¿Realizás alguna práctica de encuentro y resistencia en tu vida cotidiana?  ¿Alguna idea para quien lea estas palabras?

En verdad, mi vida cotidiana desde hace varios años está fuertemente atravesada por la circunstancia de que mi hija y yo visitamos todos los fines de semana a mi marido y papá de Mili, que está detenido y fue siendo trasladado- y sucesivamente alojado en varias cárceles de la Provincia de Buenos Aires-. Eso nos posiciona en un lugar de resistencia permanente, en lo individual y en lo familiar, porque las condiciones para lograr disfrutar de ese encuentro familiar son muy hostiles y el sostenimiento en el tiempo de ese acompañamiento tiene un costo de apartamiento de otras actividades y espacios, cuando querés maximizar las posibilidades de fortalecimiento del vínculo familiar. La resistencia se comparte, porque las esperas para entrar a los penales son largas y las distancias para llegar a los penales también lo son, así que pese a lo discontinuo de todos los lazos que vas estableciendo -por los traslados permanentes- se comparte con otras familias, se charla a veces, hay la oportunidad de que en la espera se produzca una escucha, un momento de empatía, de comprensión, de destrabar la rigidez.

Idea para quien lea estas palabras, compartiría una que me viene guiando hace un tiempo, es un verso de Canción de Caminantes, de María Elena Walsh: “valen más dos temores que una esperanza”.

 

Planes (Circe Maia, En el tiempo, 1958)

Nos levantaremos mañana temprano

para ir adonde están los membrillos del monte.

Por cauces secos de arroyos

-arena y piedra lisa-

de mañana temprano.

Y no permitiremos que se nos borre nada.

Hay que atar y pegar el pensamiento

a cuanto ven los ojos: a una piedra,

a una rama rugosa, a un agua fría

y a aquel puro destello del sol entre las hojas

de los talas del monte.

Cuando pienso en qué haremos

por pensar en qué hacíamos

parece que de golpe

todo se arremolina:

mañana con mañana que vivimos, se juntan

todas las noches vuelan juntas, en una ancha

noche de maravilla

que se me acerca, a veces

hondísima y radiante.

Y digo:

volveremos y andaremos de nuevo

rodeados y apoyados fuertemente

en el brazo del día.

Circe Maia, En el tiempo, 1958

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: