Qué sé yo

Su propio ombligo

El domingo, la vicepresidenta Gabriela Michetti se pronunció en contra de la legalización del aborto en una entrevista al diario La nación. Aparentemente, muy a su pesar porque se sintió políticamente “obligada a equilibrar los tantos”, ya que dentro de Cambiemos la cuestión está dividiendo opiniones. Así aprovechó la ocasión para arremeter una vez más contra la media sanción que la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo logró el pasado 14 de junio en Diputados.

Ya había demostrado su interés por dilatar el tratamiento de la ley en Senadores cuando giró la iniciativa a cuatro comisiones “pro-vida”. Para argumentar en contra de dicha ley, utilizó varios fundamentos que ya se han demostrado prejuiciosos y que fueron rebatidos durante los tres meses que duró el debate interdisciplinario llevado a cabo en el Congreso.

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En primer lugar, utilizó la categoría de “persona” para hablar de un embrión. Esto supone un problema importantísimo: quién mata a una “persona” debe ser penalizado por ello. Por lo tanto, concebir a un embrión como tal, devuelve la discusión al plano penal, justamente de donde se intenta sacarlo, aunque diga, contradictoria, “hay que despenalizar a la mujer”.

Además, agregó con un patetismo impensado: “hay personas que viven cosas muchísimo más dramáticas y no las pueden solucionar y se las tienen que bancar. No sé, qué sé yo.” El hecho de que haya personas con problemas “muchísimo más dramáticos” (intentemos pensar cuáles pueden ser, seguramente no sean muchos, dado que pocos se comparan a la muerte), según Michetti, no amerita a que se sancione una ley que nos permita decidir sobre nuestros cuerpos.

Previsiblemente, aparece el tono condenatorio con un “se la tienen que bancar”, muy parecido al “si te gusta el durazno, bancate la pelusa” o “no hubieras abierto las piernas”, por nombrar sólo dos de las tantas frases que andan circulando en el imaginario del colectivo antiderechos. Y, como si fuera poco, coronó sus dichos con un “qué sé yo” rematador.

Agradecidos los lectores por su transparencia, ahora pedimos que se disculpe por su ignorancia. Siendo la vicepresidenta, debería exponer qué soluciones políticas concretas tiene para este problema o cómo piensa darle ayuda a las miles de personas gestantes que no deseen seguir adelante con lo inviable. No sólo por el cargo político que ocupa, sino porque tiene la responsabilidad de hacerlo.

Obligada a equilibrar los tantos

Esta semana, se conoció públicamente la desvinculación laboral de Amalia Granata del programa “Todas las tardes”, conducido por Maju Lozano, por sus dichos en redes sociales (cito textual: “El Cáncer de mama es la 1er causa de muerte de mujeres en Argentina, no las veo con el pañuelo verde pidiéndole al Estado prevención y tomógrafos para las más vulnerables”). Esto causó un revuelo mediático y le permitió a la periodista devenida en política hacer un lindo paseo de invierno por todos los programas del fin de semana. Más allá del rechazo que debe causarnos la censura de los trabajadores de prensa, me interesa volver sobre sus dichos.

Granata, quien se autoproclama “defensora de las dos vidas”, delata con sus palabras su desconocimiento sobre (una más y van…) las luchas que se vienen dando desde el feminismo y un montón de espacios y colectivos con respecto a la falta de acceso real a la salud pública, gratuita y de calidad en este país. Su tweet no ofende ni preocupa, ya que nos tiene acostumbradxs a sus comentarios desatinados, sobretodo en materia de derechos humanos. Lo que asusta es su voluntad de revancha y su prejuicio frente a quienes usamos el pañuelo verde por la legalización del aborto.

Pareciera que no leyó el proyecto: una de las primeras cosas que pide la ley es asegurar que el Estado destine recursos a Educación y Salud, dos ámbitos postergados en el plan económico de este gobierno. Pero claro, leer entre líneas es un trabajo difícil por estas épocas; por eso, comentarios como el de Granata sólo aumentan la sensación de revanchismo frente a dos manifestaciones del mismo abandono.

Se puede entender todo, menos el cinismo

Pregunta fue, pregunta vino, la flamante Presidenta del Senado llegó mucho más lejos de lo pensado, afirmando que aun frente a una violación, ella no permitiría un aborto. No estamos frente a la opinión de cualquiera de nosotrxs: se trata de una de las figuras de más alto poder nacional que, ¡oh atrevida!, osa valerse de un qué-sé-yo para dar cuenta de su imposibilidad de reflexión, de acción y de empatía, para luego embestir contra los derechos ya conquistados.

Si Michetti cree que la legalización del aborto es una manifestación más de esta sociedad individualista y por eso la critica hacia el final de su entrevista, que deje de pensar en sus deseos personales y de mirarse “el propio ombligo”, tomando nota del reclamo masivo que una gran parte de esta sociedad, mujeres, lesbianas, trans, travestis y demás cuerpos gestantes estamos dando en la calle. Porque es allí donde se ponen en juego los “qué sé yo” históricos que el Estado nos viene respondiendo mientras se está llevando la vida de las que abortan clandestinamente.

Por Lara Barneto

 

 

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