Qué hambre

Desesperar jamais
Cutucou por baixo, o de cima cai
Desesperar jamais
Cutucou com jeito, não levanta mais*

Ivan Lins / Vitor Martins

Como capullos, dentro de la ciudad y del vacío, duermen con hambre en la dureza de la vereda. Las ciudades son canallas siempre, porque es en ellas donde las desigualdades sociales se materializan a la vista de todxs. Esquivar a una persona haciendo del día su noche en el umbral, entre canteros a la vera de la calle, en cualquier lugar, menos en una cama en un hogar, nos deja titilando en la indigestión más ácida de este mundo capitalista que se burla de nosotrxs, que nos mece en espejos de colores o en la rigidez de la soledad, del abandono, de un suelo de piedra.

¿Cómo se salda la belleza y el placer de unxs ante el dolor fulero de lxs otrxs? Una escalera empinadísima y piramidal de ricos y poderosos al tope, bastante abajo ratones de feria que vacacionamos o vamos al teatro; cayendo de esa geometría, otrxs que dejan la olla como limpia de tanto rasparla y más allá, tan acá, todxs aquellxs que ni eso ya pueden, que el sistema pateó hasta roer sus huesos, les pisó los dedos con movimientos ensañados, los obligó a derrapar hasta dentro de su cabeza.

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Juanito Laguna por 48,1%

Entremedio: la organización social, la batalla cultural, los gobiernos que amenizan la casa de la inequidad en la misma mesa de quienes la generan, para mejorar algo, aunque nunca todo. La falta de radicalidad y el egoísmo que nos cuesta aceptar, pero también resignar.

Viajé a Río de Janeiro y, con el corazón pegando golpes, pude ver cómo la mecha está mojada, tanto como en Buenos Aires, peor que en Buenos Aires quizás, sólo para nombrar una ciudad latinoamericana cualquiera en 2018. Esas personas encapulladas construyeron ciudades dentro de la ciudad, donde se arrastran las piernas, las veredas ofician de baños sin jabones ni esponjas, el andar es esquivo como los ojos que no logran enfocar en ningún lugar concreto. Pensaba en esas frazadas rasgadas que envuelven a pesar de los 27 grados de calor. ¿Qué envuelven? Es como tener algo por no tener nada. Y el hambre de nuevo, el hambre y el cuerpo que más que andar, se arrastra lento hacia no se sabe dónde.

Y el hambre no es una palabra. No.

En Argentina, para este junio, el cuarenta y ocho coma uno de los niñxs son p o b r e s. Eso es un pocentaje, sí 48,1 %, imposible de pensarlo cualitativamente. Esa cifra suena a ruidos de estómagos, llantos, padres y madres aterrados, desesperados, niñxs que no están creciendo fisiológica y emocionalmente como es su derecho hacerlo. Pero nada más, ¿no? Cuánto cinismo y criminalidad más va a haber en la negación de los poderosos, de estos gobiernos a los que les crecen fuerzas de seguridad como dedos enormes, sanguinarios en los territorios, en todas las protestas. Y llevarse todos los recursos y los futuros en las arcas de las empresas que les sostienen los traseros.

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Michel Temer y Mauricio Macri relamiéndose

La policía municipal hace peatonal y esquinas en las avenidas cariocas. Escudriña. De golpe, empieza a caer la tarde y, como conejos obedientes a su especie, se reproducen en policía provincial que con luces verdes sobre decenas de móviles arman una muralla de ruedas y armas. Pero para no ser pocos, se acoplan con armas largas, en posiciones vilmente cinematográficas, oficiales del ejército brasileño vestidos para defender los intereses de quienes miran la ciudad desde un piso 15 o un porche negro atodavelocidad. Para defender a un gobierno que tiene las propias tripas blindadas.

Es como una radiografía en mosaico, que cambia de idioma y acento nomás.

Ayer vi la foto de una heladera vacía y no era una publicidad. Una chorreadera de realidad minuto a minuto son las calles, las redes sociales, las noticias sólo en algunas voces. Una chorreadera de injusta y violenta realidad latinoamericana (para restringir la geografía nomás).

¿Quién va a disparar primero? No, esa pregunta es falaz, eso ya se sabe. En estas sociedades erguidas sobre la inequidad eso se sabe, siempre disparan los poderosos trasnacionales con los cuerpos de sus marionetas. ¿Pero quiénes van a tomar revancha? ¿Cuándo, cómo vamos a tomar revancha? A veces pienso que aún no entendimos el mapa. Y creo que se va logrando mientras hagamos pozos. Pero recuerdo esos capullos humanos en sus ciudades invisibles hechas de penas y no estoy tan segura. Si hay quienes tienen hambre, qué violencia mayor, qué hay que esperar o qué sentido tiene dosificar la rebeldía.

Estamos tan poco furiosos que me asusta cómo se nos va la vida.

Por Pamela Neme Scheij

*Desesperar, jamás
Golpeado por debajo, de la cima cae
Desesperar, jamás
Golpeado con fuerza, no se levanta más.

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