Cien días sin Marielle Franco

marielle-franco-ninja-868x644.jpgEl viernes 22 de junio se cumplieron cien días del asesinato político de Marielle Franco y Anderson Gomes, en Rio de Janeiro, Brasil. Los balazos efectuados desde un auto desconocido constituyeron una ejecución cobarde y tenebrosa que deja a Brasil en el peor lugar en materia de derechos humanos y políticos. Quien piensa en Brasil hoy y ve la figura emblemática de Marielle Franco –lesbiana, militante LGBTIQ, afrobrasileña– anhela luchar frente a la sonrisa cínica de la derecha brasileña, que persigue, asesina y encarcela a la oposición como si metiera un gol en el arco, a la vez que implementa un plan de ajuste con fuertes recortes entre los sectores más vulnerables. No es precipitado decir que es la misma maldición que el Gobierno de Mauricio Macri para les argentines.

La visibilización de este atentado contra la vida de dos personas, pero también contra los derechos humanos de todes, ha permitido que organizaciones de los más diversos lugares del mundo sigan el caso de cerca y exijan justicia más allá de las fronteras de Brasil.

Beneficiaria del PROUNI, un programa que ofrece becas creado por Lula, Marielle era socióloga y su militancia se asociaba a la defensa de los derechos humanos: denunciaba abusos de la Policía Militar, atendía a víctimas de milicias e incluso brindaba ayuda a los policías víctimas de la violencia en Rio y a sus familias, entre ellos, policías víctimas de policías. Es decir, actuaba nada más y nada menos que en contra del genocidio que se perpetúa en Brasil desde la esclavitud.

“No debemos quedarnos solo en las estadísticas”: Conferencia sobre la violencia contra la mujer con Marielle Franco en ENSP

 

Antes de recibir tres tiros desde un auto desconocido, Marielle Franco había participado del encuentro Jóvenes Negras Moviendo Estructuras, en Casa das Pretas. Entre las presentes, Aline Lourena, coordinadora del colectivo Az_Pretaz – Mulheres Negras e Indígenas da Comunicação e da Tecnologia, Ana Paula Lisboa, la rapper Hellen N’Zinga y la publicitaria Moara Valle. Allí, mientras afuera la esperaba un auto que luego la perseguiría para asesinarla, Franco habló sobre la importancia de la construcción del lugar de la mujer negra en la universidad: “Cuando llego a la PUC (Pontificia Universidad Católica de Rio de Janeiro) en el 2002, mi perspectiva (había hecho un ingreso universitario comunitario) era la de la mujer favelada, de la pertenencia de quien pasó por la Maré y sabe del lugar del “mareense”, del favelado, de la potencia, de una disputa del cuerpo que llega a mucho más y busca ocupar el lugar de la enseñanza de calidad. Sí, porque yo soy la favelada y aquel lugar de enseñanza de calidad también me pertenece. Pero no tenía una autoidentificación ni el lugar de la mujer negra favelada. Esa es una construcción que se va tomando forma.”

Marielle Franco en Jóvenes Negras Moviendo Estructuras

 

 

La transformación sigue tomando forma, aunque en medio de la impunidad que ya lleva cien días. Quienes visibilizan este pedido de justicia –a través de organizaciones, partidos, medios y redes sociales- se suman al reclamo que en Brasil se hace en la calle y también en los medios, principalmente a partir de la movilización del 20 de marzo. Luego de varios días sin respuestas, el pedido de justicia se hace a través de instituciones golpeadas por la convulsión política y el visto de los organismos internacionales (entre estos, Amnistía Internacional). La convulsión brasileña es la moneda corriente de un país orientado por discursos y prácticas de la peor época de América Latina. No dejemos de considerar que hablamos de un vecino cuya principal figura política de los últimos 50 años, Lula da Silva, se encuentra encarcelado en una jaula de 15 metros cuadrados; además, esto continúa el hecho de que allí hubo un claro golpe de Estado contra Dilma Rousseff.

Las constantes reivindicaciones de la dictadura en blocos de carnaval, discursos en el Congreso o incluso de parte del mismo Temer no son solo palabras huecas que atraen a los votantes embobecidos por los grandes medios, que fueron los principales constructores del odio político, igual que en la dictadura. En el país del atentado a Franco, el presidente Temer negó la existencia de un golpe de Estado en el año 1964 y recientemente suspendió un pedido de disculpas a las víctimas de la Dictadura. Por otro lado, además de la militarización de favelas, allí se vive una situación dramática en las cárceles, donde se registraron masacres y asesinatos que totalizan casi 6500 muertes entre 2014 y 2017.

En este contexto, el atentado contra Marielle Franco fue percibido por la sociedad y la militancia como un espejo de lo que ocurrió con Edson Luís de Lima Souto, un estudiante de la secundaria ejecutado por la Policía Militar antes del endurecimiento de la Dictadura en los 60′. Marielle Franco marca un antes y un después para las luchas por los derechos humanos en Brasil. Esto es así porque, además de ser un asesinato político, este caso arroja sal sobre la herida abierta de varios casos de vulneración de los derechos humanos, ya que Brasil cae en un abismo en este aspecto, especialmente cuando se habla de lxs negrxs, y las mujeres (recordemos que en Brasil se cometen el 40% de los feminicidios en América del Sur) y las personas en situación de emergencia afectadas por los recortes.

Marielle Franco era de esas militantes que, como Milagro Sala en Argentina, son acusadas de llevar un diablo adentro porque parecen salir de en medio de las llamas: sus culturas negadas a punta de pistola, generación tras generación. Esta fuerza la llevó a ser concejala de Rio de Janeiro con 50 000 votos, luego de años de militancia, estudio y transformación de la realidad desde adentro. Hoy al presidente Temer no le alcanza con sonreír a la cámara y decir que está conmocionado por el crimen político, entre tantas violaciones a los derechos humanos bajo su gobierno, ya sea mediante recortes entre los sectores más vulnerables o a través de actividades represivas, como la militarización de Rio de Janeiro.

“La investigación dirá qué grupo político mató a Marielle, ya sea un grupo partidario o una milicia o lo que sea. Eso es lo que queremos saber. Queremos saber quién la mató, quién la mandó a matar y por qué”, afirmó el diputado estadal Marcelo Freixo (PSOL).

Esta nueva tragedia es una muestra de la ineficiencia de la militarización de Brasil y de América Latina: solo genera más mafias y crímenes. Como es sabido, nada ha mejorado desde entonces, sino que se ha profundizado la violencia estatal contra la población más oprimida, mientras el Gobierno implementa sus ajustes brutales y persigue a políticos de la oposición.

Texto: Rodrigo Arreyes

Foto: Reproducción de Mídia Ninja.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: