Lo que más me gusta de mi barrio

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Me preguntaste qué es lo que más me gusta de mi barrio. Te respondí: Los monoblocks, las escaleras, las luces, los huecos y recovecos, las casitas nuevas, aquel perro hurgando en la basura, esa banda de amigos en aquel gas, ese pibito  saliendo con una bolsita llena de golosinas del almacén de Doña Tita, aquella señora gritando desde el tercero o aquella tendiendo la ropa, las pibitas corriendo sonrientes, esas callecitas de tierra que serpentean por los interiores de los monoblocks, que cuando llueve se vuelven difícil de caminar sin embarrar tus zapatillas, los gorriones aturdiendo el silencio (cuando lo hay) la gente, los pibitos y pibitas gritando con algarabía.

Que me gustan las tardes de siesta, los mates de mamá en esos atardeceres frescos, esos últimos rayitos de sol entrando misteriosamente por la puerta entreabierta de casa, el olor a guiso en las noches frías escapándose de alguna cocina y mezclándose con el aire que dobla en las esquina de aquel monoblock, el sonido de alguna cumbia o cuarteto y ver la luna posándose en los techos por mi ventana.

Que me gusta escuchar los bombos y platillos todos los jueves de nuestra Murga los Gardelitos frente a la Casa de la Juventud o ver a esa mamá llevando a su hija a la Salita de primeros auxilios Malvinas Argentinas.

Que me gustan los sábados de eternas noches donde los jóvenes disfrutan de su preciada libertad, los domingos de truco, tango y fútbol en el potrero detrás de la Capilla Virgen de la Asunción.

Te dije que mi barrio es hermoso, todo hermoso, y que no veía nada malo en él, que lo único malo que podía llegar a tener es volverse un barrio reprimido, triste y silencioso.

Te dije que mi barrio es único y que no conocí otro barrio que me pudiera conquistar como lo hizo el mío.

El barrio Carlos Gardel tiene ese no sé que, que te enamora y te atrapa y es díficil resistirse a su encanto. Pocos barrios pueden llegar a ser igual o parecido al mio.

El barrio Carlos Gardel es distinto a todos los barrios. Hay algo que lo hace distinto y único, es que tiene VIDA, es un barrio que está en constante movimiento, que respira entre lágrimas de dolor y alegría, que grita y no se calla, que es un barrio que se resiste a morir en algún sueño. Su gente, sus pibes y pibas, sus olores, sus colores, su diversidad cultural y su sin fin de pensamientos y sentimientos hacen que Gardel sea un barrio único.

Muchas veces intentaron tirarnos una bomba y matarnos a todos, muchas veces nos estigmatizaron por ser negros, por nuestra vestimenta, forma de hablar o pensar o por el simple hecho de que en las noticias nos tratan a todos de delincuentes, sin saber, sin ver que aquí adentro hay muchas personas que se resisten a ser los nadies, que estamos llenos de solidaridad, bondad y carisma, a nosotros los negros de la villa, que ya dejó de serla, porque ahora somos un barrio como todos los demás barrios.

Nos caracteriza nuestra humildad y sencillez y que, a pesar de todo, siempre supimos sortear todos esos golpes, esos comentarios discriminatorios que algunas veces nos mataban por dentro, y demostramos con hechos lo que en realidad somos, lo que en realidad siempre fuimos, somos y seremos.

Y para saber lo que somos, fuimos y seremos siempre tenés que conocer a un GARDELIANO/A de ley, que no niegue a su barrio y su gente.

 

Texto: Fausto Sosa
Foto: Rodrigo Arreyes

 

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