¿Realmente terminó el 3° EPA Cine? -PARTE II

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Estrenada el 2017 en Mar del Plata, el viernes 25 mayo se presentó Mirada de cristal en el Festival EPA del cine Helios, en El Palomar. Para quienes se lo perdieron como yo, que fui con chalina, la invitación era dress code 80s, pop, glam, de negro. Antes de que empiece, la charla especialista con los directores, los Toy Boys (Leandro Montejano y Ezequiel Endelman), la vestimenta convocada en Facebook y la ambientación típica de los ochenta (hasta el vendedor en la boletería) certificaron en la galería del Helios que los años ochenta son más que un recuerdo bien recordado en los códigos del pueblo periférico. No es un secreto que el Oeste es una zona en la que la ropa ochentosa está lejos de seguir escondida en el armario. Su retransmisión technicolor es un salto a la libertad especialmente para el castigado Conurbano, y eso es un rasgo presente tanto en la juventud como en la continuidad de la ropa que guarda y viste cualquier generación que aquí vive desde los ochenta. ¿Está mal si me pregunto si pasa lo mismo en la zona norte o el sur? Creo, por igual, pero con sentidos contrarios, jóvenes y abuelxs en muchos casos recuperan la estética “ATC” de la película en su vida cotidiana (parte de la película ocurre vía “ATC”). Quizá por eso, como revela aquí en CFyB, filmar esta película de la década de Favaloro en el Conurbano fue realmente amigable, al punto de que en la panadería La Nacional de Caseros (capital de “Tresdé”) los dejaron tomar la tienda de ropa de Antón y les regalaron facturas y bombones para rodar la película toda la noche. ¡Qué dulce! Como explica LM, en lugares como Tres de Febrero “se filma menos” y por eso las personas están más predispuestas y quieren envolverse en el cine argentino. Ahora bien, ¿Qué hacer con esa mirada cristalizada?

Una modelo de los años ochenta llamada Alexis Carpenter muere por derramar una botella de champán e incendiar una toma eléctrica bajo sus pies. Alexis hace esto en una especie de éxtasis de ego tras haber tirado café hirviendo a la cara de su maquilladora. Ella es la típica mujer mala de las telenovelas de los años ochenta, una rubia con ojos claros que se vuelve loca por el poder que le da su belleza en el ámbito de un mundo machista que cosifica a la mujer (aunque solo se hable de su maldad). Luego de morir, este mito que era tapa de las revistas de moda se vuelve un fantasma de la ópera entre las modelos que van muriendo de a poco.

La reconstrucción de la moda de los ochenta copa en el sentido del valor de la mujer flaca y rubia, en contraposición a otras personas que sirven, como la maquilladora humillada. Con estas muertes se hace una película graciosa de punta a punta. No salgo de la sensación de risa y de terror, claro, mucho terror, ya que cerraba los ojos (Lo cual me recuerda que una vez fui a darme una inyección y la enfermera de la salita me dijo que los tipos nos desmayamos cuando vemos sangre…). La historia es una sucesión de feminicidios, sin intensión de hacer un show de la sangre como lo aclararon los directores el viernes, a pesar de ser de los 80 y que esté de moda la sangre típica de los videos de internet. Como dijeron, esta es una moda que no adoptaron.

¿Qué adoptaron además de modelos? Las modelos o empresarias del establishment de la moda son gente que va al baño en tacos, desfilan en jaulas, salen sin hablar en ATC o maltratan a sus sirvientes. Esta película mira y se ríe del odio, pero no desde el punto de quien sufre, sino con crash de lugares, especialmente la de la risa, que trama una visión asesina de la mujer, en esta caso, un grupo de mujeres que son asesinadas de a poco por una enmascarada tipo Jason Voorhees (el asesino del campamento Crystal Lake de Friday the 13th). Ante esto, inoperancia, indiferencia, miedo fantástico, mucho más, pero arriba el sondeo desde el lugar común, por ejemplo, de la televisión o el mundo de la moda y aquelles sujetes que tienen derecho a legitimarse. Una mirada de cristal es una mirada protegida de estar en el lugar del otre, puede ser, por ejemplo, la mirada de un microscopio o la mirada detrás de una cámara de video. En esta película que iría a ver en grupo, se capta el detalle (una colección del detalle) y una moda y se la reconstruye en función de la risa. Conjugando el verbo de la risa, la película genera un gran suspenso con un guión que toma las expectativas sin dejar de lado nada de lo que haya sido posible incorporar para la moda. Esto último es dos monjas delgadas paseando de noche en una calle sin un alma (filmado probablemente de madrugada) en la que solo hay más modelos como si en la ciudad no hubieran hombres. Además de protagonizar las distintas escenas como en una isla de mujeres, ellas y sus fantasmas son las culpables de los crímenes que dejan cuerpos ensangrentados en el piso. Ehhh… supongo que conseguí no contar el  final.

 

por Rodrigo Arreyes

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