¿Realmente terminó el 3° EPA Cine? -PARTE I

¿Qué parte de nuestra identidad interpela un Festival Internacional de Cine Independiente que ocurre en el Conurbano Bonaerense? ¿Qué pensamientos despierta en un ciudadane del Centro que se traslada en auto, en tren, ávido de tal acontecimiento potente y periférico? ¿Qué emociones produce en les vecines ese hito anual donde el arte se reivindica, en tiempos de insolencia mercantil y desprecio por la experiencia?

Parece casual, pero tengo la sensación de que esos cuestionamientos son resueltos por las mismas películas proyectadas en el Festival. De manera lateral, para quienes estamos buscando respuestas o más preguntas, quizás. O directamente, por obra de todo el trabajo de configuración del evento y la selección de los trabajos fílmicos recibidos en la convocatoria abierta.

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La entrada de la galería del Cine Helios  durante el segundo día del EPA.

El tiempo, los tiempos

La fantasía y la tragedia del largometraje animado japonés La niña que salta en el tiempo (Toki o kakeru shôjo) de Mamoru Hosoda fueron proyectadas en la Biblioteca de Ciudad Jardín, por la tarde, con jóvenes y niñes colmando el espacio, al son de ese sonido transportador de la proyección en 16 mm.

“El tiempo no espera a nadie” dice el pizarrón del aula en que estudia Makoto Konno, la protagonista adolescente, quien puede intervenir fantásticamente en el tiempo, pero que igualmente debe aceptar su inevitabilidad. Pienso que es verdad, el tiempo no espera a nadie, pero sí podemos hacernos cargo de él.

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Me resuena cada imagen sosegada, cada suceso de avance y regresión, cada frustración de Makoto, mientras el tic tic tic proyecta y estamos ahí, avanzando en el tiempo necesario de la conciencia y la belleza, tan ineludible como el avance del tiempo utilitario y especulativo del sistema que sigue deglutiendo afuera, ese jueves de mayo.

Que este tipo de cine llegue a un barriecito periférico, una tarde, en este país empalidecido es una revancha. “Foco infantil” es la sección en que intervino La niña que salta en el tiempo. Imaginen qué infancias son posibles, si estos encuentros existen, a pesar del desesperante contexto.

Un corto entre los cortos

Quince minutos dura Próxima, la producción que Igor Dimitri y Gabriel Martinho presentaron en la Competencia Nacional de Cortometrajes del EPA. Imágenes rescatadas de un viaje por Bolivia, que van y vuelven, que se congelan y avanzan sobre el pensamiento, una voz en off que dice, que pregunta, protagonistas de esas tierras que contestan no necesariamente aquellas mismas preguntas, las imágenes que también abren palabras que podemos suponer.

Montaje, superposición. Lo que vemos puede engendrar cuestionamientos que parecieran no corresponderles y que, sin embargo, encajan perfectamente al mirar de manera completa, como si se observara una constelación. Un pueblo que vive como esas imágenes superpuestas; un pueblo que es su historia a pesar de la negación a la que continúa sometido. Y este corto rescatando sus relatos, sus ritos, los silencios de quienes, como en el mito inicial, quedaron del lado de la sombra pero que logran permanecer y perdurar.

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Entonces, no puedo eludir pensarnos acá ahora, a propósito de esas preguntas que conforman junto a las imágenes esta obra Próxima. ¿Y si entendemos que en la sombra sobrevivimos les oprimides –los pueblos hermanos, nosotres- y que nuestra sabiduría se perpetúa y crece, a pesar de la mordaza, del aplastamiento, del amontonamiento que quiere devastarnos? ¿Y que, sin embargo, esa misma aglomeración que somos ante la avaricia miope del poder puede permitirnos colectivamente alimentar nuestras raíces?

Reventar el olvido: tenemos historia

En el EPA Cine, la jornada de sábado se cierra con una experiencia de cine silente + música en vivo. Este año se proyectó en 16mm La quena de la muerte de Nelo Cosimi, sonando según el trío de J. Macedo, J. Lepíscopo y G. Goldszer, que compuso de manera original para esta película nacional de 1929.

Quienes allí estuvimos, pudimos conocer la ruta que este largometraje argentino hizo hasta llegar a la pantalla del Festival. Años de archivo y de olvido. Una luz en su recuperación, “casi un milagro” dijo el referente de Museo del Cine que la presentó, en una historia territorial de desprecio institucional por la producción cinematográfica, que permitió la desaparición de décadas de material visual irrecuperable.

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La vida de estas experiencias artísticas, que nos prueban en nuestra capacidad de observación, contextualización y, a la vez, disfrute, no estoy segura de que puedan transmitirse verbalmente. Si la palabra siempre es parcialmente ineficaz, en casos como el referido, es casi inútil. Sin embargo, sí quiero resaltar este rescate artístico histórico resignificado en el presente porque es un gran gesto que nos obliga a entender que no somos súbdites de los imperios culturales, que estamos acá porque ya estuvimos acá, a pesar de tantos olvidos y destrucciones. Casi como la historia del Cine Teatro Helios, lugar de encuentro de otras formas posibles, de la descentralización de la cultura local, nacional, internacional. Casi como la esencia y la meta de este Festival de cine.

Por Pamela Neme Scheij

 

 

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